A ritmo de samba y gases, Brasil recibe el Mundial de fútbol

(foto AFP)
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“Verdeamarela” es la fiesta y “verdeamarela” la protesta. Mientras millones de brasileños se alistan para el primer juego de su selección en la inauguración del Mundial, otros participan en huelgas y manifestaciones en medio de gases lacrimógenos y balas de goma.

El escenario más intenso es en Sao Paulo, que en pocas horas recibe la ceremonia de apertura. Allí la policía lanzó gases, balas de goma y bombas de ruido para dispersar a decenas de manifestantes que rechazan el alto gasto público en la Copa.

En los disturbios, una productora de la cadena estadounidense CNN resultó herida en un brazo al recibir el impacto de una bomba de gas, según informó una periodista de la propia compañía. Otros cuatro periodistas también resultaron heridos, indicó el portal de noticias G1 de Globo.

Mientras decenas de trabajadores y estudiantes se agrupan en las calles para manifestarse, la tropa de choque de la policía rodea el estadio Arena Corinthians, donde tendrá lugar el primer juego del torneo, entre Brasil y Croacia a las 17h00 locales (20h00 GMT).

“Nuestra estrategia nunca fue acabar con la Copa. Lo que indigna son los gastos que el país hizo para la Copa”, dice Luiz Gustavo, de 19 años, que protesta en Sao Paulo enteramente vestido de negro.

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– También hay fiesta –

El sol se hizo cómplice este jueves en una Sao Paulo invernal. El ambiente también es de fiesta cerca del Arena Corinthians y en toda la ciudad, donde muchos brasileños se han vestido de verde y amarillo de pies a cabeza.

En las calles y accesos al metro se venden camisetas de Brasil y todo tipo de artículos verdes, azules y amarillos.

Un grupo de colombianos recorre el centro. “Hay un ánimo buenísimo de Mundial. Todos super entusiasmados. Estamos felices, bebiendo una cervecita”, dice Artur Narzate, un contador de 37 años de Bogotá, que junto con sus amigos tiene entradas para dos juegos de Colombia.

Hasta la plaza Liberdade llegaron hinchas rusos que arriesgaban unos pasos de samba junto a guapas bailarinas. Transeúntes se animan a bailar y aplaudir. El ambiente es de fiesta total.

Liberdade es el barrio japonés de Sao Paulo, y celebra la clasificación de Japón en el Mundial, aunque también está decorado con banderas de Brasil.

En tanto, miles de hinchas hacen fila en la estación de metro Luz en un ambiente de fiesta para abordar el tren que los llevará hasta la estación Itaquera, a pocos metros del estadio.

– Turismo manda en Rio –

En Rio, una de las postales de Brasil, unas 500 personas marchan contra la Copa por el centro de la ciudad, tras congregarse en la iglesia de la Candelaria.

“Estamos contra la dictadura del gobierno y la FIFA. La Copa no es del pueblo”, dice Luis Claudio Morales, que porta asimismo una bandera palestina.

No lejos de allí, miles de turistas visitan el Cristo Redentor en el Corcovado. Colombianos, croatas, holandeses y belgas, creyentes y no tanto, llegan hasta el símbolo de la ‘cidade maravilhosa’ bañada por el Atlántico.

En la playa de Copacabana, los bañistas ya se dejan broncear, mientras los comerciantes se lanzan sobre los turistas, apelando hasta al sentimiento para vender.

Efímeras esculturas de arena alusivas a la Copa fueron erigidas en la costa.

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– Churrasco y ‘futebol’ en Brasilia –

En la capital Brasilia, donde está la sede presidencial, en ministerios y una mayoría de dependencias públicas federales, los trabajadores esperan las 13h00 locales, cuando comienza el feriado decretado en la ciudad, para refugiarse en restaurantes y casas y ver el juego entre amigos y familia. La capital va a parar.

“Ayer (miércoles) todos adelantaron cita y atendí pacientes desde las 8 de la mañana hasta las diez de la noche. Hoy, día del juego, sólo hay agenda hasta el mediodía”, cuenta la fisioterapeuta Viviane Naves.

La presidenta Dilma Rousseff, vestida de ‘verde Brasil’, recibió muy temprano a su par chilena Michelle Bachelet. Cuando los periodistas le preguntaron por el resultado del juego Brasil-Croacia, Dilma elevó los pulgares.

En Curitiba (sur), otra de las sedes, las cosas van tomando ambiente. En Joao Negao, se ofrecen camisetas de la Seleçao a 10 dólares. “Vendí 12 en unas tres horas”, dice un comerciante. Y ya suenan las vuvuzelas de colores verde y amarillo.

Pero en los alrededores de su estadio, el Arena da Baixada, aún se escucha el estruendo del martillo, señal de que los obreros aún hacen retoques en esta construcción que debió estar lista para el 31 de diciembre de 2013 y que como otros cuatro estadios está en obras hasta el último minuto.

Al norte, en Manaos, otra de las 12 sedes del Mundial, la inauguración de la Copa se vive con tranquilidad, aunque una pequeña protesta pacífica de 30 personas tuvo lugar frente a una universidad. AFP