¿Debería seguir estudiando Derecho, Sra. López? por @juanapitz de @VFutura

thumbnailjuancarlosapitzQué problema nos ha creado la jueza Adriana López en la Escuela de Derecho. Ningún estudiante y estudioso de esta disciplina pudo obviar la decisión de mantener tras las rejas a Christian Holdack, Marco Coello y Leopoldo López. Igual que aquélla que dejó tras las rejas a Sairam Rivas. Nos preguntábamos, con toda razón, ¿tiene sentido seguir estudiando Derecho cuando vemos que ocurren injusticias de esta naturaleza? Permítanme responderles que sí, admitiendo la vergüenza que siento por el gremio al que aspiro entrar.

Unos compañeros comentaban que el Derecho en Venezuela se ha convertido enuna ficción. No tengo duda de ello. Pudiéramos equipararnos a los estudiosos de las Letras, en cuanto a mundos y situaciones recreadas y desconocidas se refiere. Y a pesar del infinito respeto que sentimos por la Literatura, el Derecho supone adherirse irrestrictamente a un deber ser sobre nuestra realidad. Nos aproximamos al Derecho Constitucional, tratando de entender por qué la Constitución es la cabeza del ordenamiento jurídico; al Derecho Penal, para analizar y discutir sobre comportamientos desaprobados por la sociedad; e incluso estudiamos el Derecho Civil, durante los 5 años de la carrera, para conocer las distintas instituciones que el Derecho protege y regula. Qué cosas, ¿no? Se han violado todos los artículos de nuestra Constitución y se han interpretado a conveniencia del sistema imperante; ya el sistema penal ni se divisa en el espacio, las cárceles son academias del delito y las instituciones que sustentan nuestra sociedad están más golpeadas que nunca.

Los libros nos hablan de la protección de los derechos fundamentales, de los llamados “Derechos Humanos”, pero Venezuela ya no pertenece al Sistema Interamericano de Protección de los Derechos Humanos. Nos dicen incesantemente que el Derecho es un instrumento de la Política, y que dependiendo de quien esté en el poder, se juzga de una forma u otra. Qué gran daño le han hecho a esta honorable Academia, y qué decepción han causado en todos los que nos aproximamos al Derecho buscando respuestas. Pero estas ganas de bajar la cabeza me llevan a lo primerito, a lo que justificó que me sentara en el pupitre, que levantara la mano y dijera: <<no entiendo, ¿me lo explica de nuevo, profesor?>>

El Derecho-corríjanme los profesores- no se concibió nunca para aplastar al individuo; todo lo contrario, se justificó precisamente para protegerlo, para decir “es hasta aquí la cosa…”. Si bien el Derecho puede corregir y garantizar un clima pacífico, nuestras leyes y nuestro sistema judicial son una muestra de nuestros propios defectos y enanismos como sociedad. Tienen toda la razón mis amigos de Estudios Políticos que me refutan diciendo que el Derecho le sirvió a Hitler, a Pol Pot y a innumerables personajes atroces. Yo les respondo: ni Hitler, ni Pol Pot sirvieron para el Derecho. Así como debemos desaprobar esa mancha que le pusieron a las leyes, debemos reivindicar la función primaria del Derecho: respetar y defender la más esencial dignidad del individuo.

Yo sé que Christian, Marco y Leopoldo deben sentirse pequeños e indefensos ante el aparato que hoy los oprime. Yo creo, si pueden leerme desde sus celdas, que su espíritu y su humanidad son más grandes que todo aquello que los adversa; el Derecho no estuvo en esa audiencia, el Derecho salió justo en el momento en que se sentó la jueza, hermanos. Créanmelo, un país no puede sostenerse sobre la premisa de que unos son más propensosa caer ante los poderosos que otros. El actual sistema de “justicia” no les tiene una respuesta, pero es precisamente junto al Derecho, al momento de recobrar la verdadera justicia, donde éste cobrará más vida que nunca.

El mazo que hoy los condena tiene una explicación: los intereses descarriados de un grupo reducido,pretendiendo hacer con ustedes una campaña repugnante. El Derecho nos enseña que la Libertad, la Igualdad ante la Ley y la Justicia, aquello por lo que tanto lucharon nuestros antepasados, son algo más que palabras, son metas alcanzables; hoy les doy la respuesta de miles: la Justicia tarda, pero llega.

Estoy convencido que los pasillos de la Escuela de Derecho, del Palacio de Justicia, de la Academia de Ciencias Jurídicas y Políticas… en fin, toda institución que se relaciona con el Derecho, cobrarán más vigencia que nunca para salir de esta terrible situación. Lo que mantiene a nuestros profesores aún en los pasillos de nuestra Escuela, es el mismo objetivo que tenemos todos los que estudiamos Derecho: defender y respetar el interés por el ser humano libre.

Si el frío de la noche llega a su celda, que el calor de su espíritu los mantenga libres.

 

Juan Carlos Apitz A.