Emilio Nouel V.: Colombia y nosotros

thumbnailemilionouelA las elecciones colombianas los venezolanos las vemos a través del tamiz de lo que ocurre aquí.

Las alineaciones frente al gobierno militar chavista determinan, en gran parte, las preferencias entre los finalistas de la segunda vuelta en el vecino país.

Si eres de oposición, según unos, deberías apoyar a Zuluaga. Si, por el contrario, te parece bien Santos, eres sospechoso de estar con el gobierno. Zuluaga estaría contra el castrochavismo y pediría la aplicación de la cláusula democrática en la OEA para Venezuela. Santos es un castrochavista y hasta lo llaman comunista.

En estos términos, este debate es un absurdo, que en nada nos ayuda a comprender la cuestión. De allí que las posiciones que se asumen, muy simplistas, maniqueas, en general, no permitan ver lo que realmente se juega en Colombia y las repercusiones que podrían tener de este lado de la frontera.

Soy de los que piensa que gane uno u otro, las cosas no cambiarían de una manera radical en nuestras relaciones bilaterales. Al final, el ganador adoptará una conducta y políticas de Estado, con matices y énfasis discursivos diferenciados, pero al fin de cuentas, para los venezolanos será más de lo mismo.

Al interior de Colombia, el asunto que se debate fundamentalmente es la paz con las FARC y el ELN.  Eso es lo que parece dividir a los colombianos hoy, y basta ver el espacio que ocupa el tema en la discusión política. La economía y otras materias no dividen mucho al electorado. La economía marcha bien. La paz la quiere la mayoría, sobre todo, las víctimas directas, los que han sufrido por décadas los rigores del conflicto, más allá de las ciudades más populosas.

La controversia medular estriba en si se debe negociar o no con los guerrilleros. En cómo deberían quedar los “pacificados” después de la negociación. Impunes o no. Perdonados o no. Todos o algunos. Cuál será su estatus. En qué se puede ceder, en donde no.  En torno a este punto se enfrentan los bandos, los extremistas y los moderados.

Pero Colombia, como se sabe, no es un problema sólo de los colombianos. En el mundo actual, los conflictos político-sociales de un país son también los de sus vecinos, y el vecindario, en este caso, es el hemisferio.

Otear las consecuencias, para los venezolanos, del resultado de la contienda electoral colombiana, comporta ver más allá del match Santos vs Zuluaga.

Sin embargo, no está de más pasearse por los efectos probables del eventual triunfo de uno o de otro.

Hay algunos que señalan, con fundamento, que un Zuluaga en la presidencia significaría una agudización del conflicto militar interno, que conduciría a un repliegue de la guerrilla hacia territorio venezolano, buscando ella una zona de alivio, lo cual sería un efecto muy negativo para nuestro país. Muchas de las actividades de la guerrilla narcoterrorista pasarían a Venezuela y ampliarían las que ya parecen tener en nuestro territorio.

El nuevo gobierno colombiano también podría endurecer su posición frente al gobierno venezolano, escalando las tensiones bilaterales, con sus repercusiones comerciales y hasta reviviendo las diferencias limítrofes. Lo cual es también inconveniente.

El gobierno de nuestro país, amigo de las FARC, tomaría partido por éstas, lo que también contribuiría a aumentar la tirantez de las relaciones.

A los efectos hemisféricos, Zuluaga representaría un apuntalamiento del grupo de gobiernos que adversa al bloque de los albanos, sin que ello llegare necesariamente a significar un enfrentamiento virulento o un rompimiento de relaciones diplomáticas.

Un triunfo de Santos, para Venezuela, significaría, a mi juicio, el mantenimiento de la situación presente. Una relación sin cambios sustantivos. No habría tensiones mayores. Las relaciones comerciales continuarían en los términos actuales. En todo caso, el problema de Santos será más bien al interior de su país que frente a sus vecinos.

En Venezuela, observamos, además de lo señalado más arriba, cierta ingenuidad frente a la contienda electoral de Colombia. Seguimos creyendo acrítica y candorosamente en los discursos de ocasión y las promesas electorales, y nos olvidamos de los compromisos y los intereses en juego en la política de los países. Recuerde el lector a Santos, cuando peleaba por su presidencia en la campaña pasada.

Así, que no creamos en avecillas embarazadas. Comparto la posición de que es difícil saber, en definitiva, cuál de las opciones en liza podría ser la más conveniente para los venezolanos. Pero lo más cierto de todo es que lo que ocurra en ese país, de una u otra manera, nos afectará, para bien o para mal. Espero que los colombianos alcancen la paz que tanto han buscado y se dé por terminado un conflicto armado que pareciera no tener fin.

Y en Venezuela, ojalá podamos encaminarnos por la senda de la paz, la ley y el diálogo, para solucionar nuestros graves problemas. A toda costa hay que evitar replicar aquí experiencias bélicas tan largas y dolorosas, como la de el pueblo hermano colombiano.

EMILIO NOUEL V.