Alberto Quirós Corradi: Los profesionales del mal

Alberto Quirós Corradi: Los profesionales del mal

thumbnailalbertoquiroscorradiEs difícil entender como un juez y un médico pueden decidir que Simonovis no tiene problemas de salud lo suficientemente graves para justificar un acto humanitario que le permita continuar la condena en su casa. No sabemos por qué Chávez y Maduro se han ensañado con este ciudadano. Esto es, sin duda, una venganza de alguien o un chivo expiatorio para dejar en libertad a los verdaderos culpables de la violencia plenamente identificados en televisión. Simonovis ya está más que injustamente castigado. Los médicos y jueces al servicio de la justicia penal son tan cobardes que no honran su profesión al abdicar de los principios éticos que juraron defender. ¿O es que el caso de la jueza Afiuni los castró moralmente? ¿No queda en su conciencia un ápice de responsabilidad? Los que nos mal gobiernan son unos resentidos sociales. Ustedes los profesionales son más culpables que ellos porque a ustedes sí les enseñaron las obligaciones éticas del derecho y de la medicina. Ustedes hicieron juramentos que prometieron cumplir. ¿O es que se olvidaron de que la justicia es ciega y no obedece a otras razones que las que dicta la ley? ¿Los médicos oficialistas no recuerdan el juramento de Hipócrates y la Ley del Ejercicio de la Medicina? Entiendan los jueces, los abogados y sobretodo los magistrados del TSJ que cometieron verdaderos magnicidios cuando “asesinaron” la Constitución para resolver el caso de la sucesión presidencial y tantos otros bombardeos legales que no cabrían en esta nota.

El caso Leopoldo López es otra venganza basada en un discurso suyo donde no se lee nada de lo que se le acusa. El mismo Maduro, que no debería participar en esto y respetar la autonomía del Poder Judicial ya, insólitamente, lo ha condenado al llamarlo públicamente fascista de la derecha, asesino y responsable de convocar a una manifestación para desconocer, por la violencia, los resultados del último proceso electoral presidencial. Él no fue el único. Una gran mayoría pidió una auditoría completa de los votos escrutados y el oficialismo se negó. De manera que si Leopoldo está preso por eso, entonces, debería estarlo, también, 50% del país. Además, la protesta pacífica es un derecho constitucional, y así la convocó Leopoldo.

Cuando termine esta pesadilla, además del castigo que les puede imponer la ley a magistrados, jueces y médicos cómplices de los caprichos de una tiranía, se van a enfermar de la vergüenza cuando se exhiba públicamente su falta de ética y las consecuencias inhumanas que han causado sus decisiones.





Volviendo al caso de Leopoldo López, el oficialismo le ha dado por “interpretar” lo no dicho en forma acomodaticia. Se olvida de que desde hace cientos de años se ha pretendido buscarle a lo escrito o dicho por alguien diversos significados. Solo busquen la bibliografía sobre lo que Cervantes quiso decir cuando escribió Don Quijote.

Se ha dicho que el discurso de Leopoldo López llevaba mensajes subliminales que incitaban a la violencia. Seguramente el oficialismo tiene neurocientíficos que han estudiado el cerebro humano y descubierto lo que todos sus colegas internacionales no han podido establecer. Aun en el supuesto negado de que técnicas comunicacionales le mandaran al cerebro humano mensajes subliminales, los cerebros de cada receptor tendrían capacidad de veto. Es decir, si recibimos un mensaje subliminal tendríamos tiempo para aceptarlo o rechazarlo. Pero es inútil esta explicación. No existen mensajes subliminales y punto.

Simonovis y Leopoldo son presos de venganzas de algunos. No le pido a Maduro que los libere porque él no es juez ni médico. Les pido a los que ejercen esas profesiones que dejen el miedo y a actúen profesionalmente para liberar a estos dos presos y a otros que están también privados de libertad por razones que no tiene nada que ver con la honesta administración de la justicia y el ejercicio de la profesión médica.

PD: Entiéndase que no pretendo generalizar; aquí me refiero solo a ese grupito de la justicia penal que contribuye a la condena de inocentes violando principios éticos de su profesión por órdenes de “arriba”.

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