¿Se encangrejó el caso de Grecia?

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Al parecer tres organismos policiales dan vuelta entre su mismo eje y no hallan mayores indicios del paradero de Grecia Colmenares. Hoy se cumple una semana de su desaparición y no hay comisario, comandante o fiscal que le dé respuesta a la madre de la muchacha que, todas las noches y desde el domingo, se refugia en la oración vecinal alrededor de las cuatro paredes de su casa. laverdad.com

El Grupo Antiextorsión y Secuestro investiga al funcionario de la Policía científica que supuestamente la secuestró y desde mañana solicitarán las grabaciones del Aeropuerto Internacional La Chinita para descartar que la muchacha haya salido desde el terminal aéreo. El Gaes no cuenta con que Grecia Colmenares dejó su pasaporte, e incluso su cédula de identidad, en su residencia de Gallo Verde.

La Policía científica se dedica a limpiar su nombre antes que a dar respuesta a los Colmenares Castillo. Sus comisarios no dan información y los funcionarios que se atreven a hablar extraoficialmente aseguran que Jesús Puerta no tiene nada que ver en el hecho y lanzan toda la acusación contra “Kike”, uno de los líderes del área de Penal de la clausurada cárcel de Sabaneta. Incluso aseguran que esperan la lista de visitas de la penitenciaría que recién cerró sus puertas en septiembre, para ver si la visitaba. Ignora también la Policía científica que los reclusos, e incluso militares, se deshicieron de toda prueba que los involucre en la entrada y salida de armas, droga y prostitutas al reclusorio.

Lo cierto es que a Aura Castillo nadie le dice dónde está su hija. A través de una llamada telefónica, dijo ayer que la Policía científica no le ha dado ni una pista de dónde podría estar su hija y criticó que los medios de comunicación tengan más información que ella. Se preguntó cómo es que los funcionarios policiales se atreven a dudar de sus palabras. “¿Cómo voy yo a mentir sobre si me llamaron o no si quien está secuestrada es mi hija?”, se preguntó ayer.

Castillo cortó rápido la conversación porque la esperaba un par de pastores cristianos para orar por su hija. Es lo único que puede hacer y tiene fe en Dios. Está segura de que va a aparecer pronto. Mientras tanto, se refugia en la oración y no en las palabras policiales. No confía en nadie.

El Ministerio Público, como Castillo, tampoco confía en el organismo policial y la averiguación la lleva una comisión de la Fiscalía de Derechos Fundamentales junto con la fiscalía octava. Tampoco hay mayores indicios, al menos conocidos.