Una nueva ciudad de carpas nace entre el polvo iraquí

Campo Jazar

Las improvisadas ciudades de carpas blancas y azules que, cada vez más, dibujan el mapa de Oriente Medio cuentan con un nuevo miembro: el campo de desplazados de Jazar, entre el Kurdistán iraquí y la provincia de Nínive.

Son ya cerca de 150 familias en otras tantas tiendas, pero hasta el más optimista cuenta con que esa cifra se dispare en el futuro, cuando se recrudezcan los combates en la cercana ciudad de Mosul, tomada por los insurgentes suníes desde el martes.

El páramo en el que se despliega el campamento de Jazar no podría ser más hostil.

Polvo, arena y un sol desquiciante sirven de hogar para cientos de iraquíes que han dejado sus hogares a la carrera y que no pueden permitirse otro alojamiento.

Los más afortunados han sido albergados por familiares o conocidos en las ciudades del próspero Kurdistán, pero Jazar queda solo para quienes no tienen donde ir.

“¿Qué podemos hacer sino recibirlos? No tenemos otra opción. Por su historia, el Kurdistán es una tierra de acogida para los refugiados”, explica a Efe el representante municipal del distrito de Jabat y encargado del campo, Barzan Ali.

Los recién llegados al campamento no parecen tener demasiadas esperanzas en un pronto regreso a sus casas.

Algunos temen a los yihadistas del Estado Islámico de Irak y el Levante (EIIL), pero otros tienen miedo a que el Ejército iraquí bombardee Mosul y queden atrapados en la batalla.

Saad Husein, de 46 años, dice que los miembros del disuelto Baaz, el partido único bajo el régimen de Sadam Husein (1979-2003), han regresado a la escena de la mano de los extremistas del EIIL.

“En la sede de la gobernación de la provincia de Nínive han colocado la foto del exvicepresidente Ezat Ibrahim al Duri”, quien fuera mano derecha de Sadam y que ahora comanda la milicia Ejército de los Hombres de la Cofradía (sufí) Al Naqshbandiya, señala.

A unos metros de allí, tres niños debaten sobre cuál de ellos será Messi, quién Iniesta y quién Cristiano Ronaldo. No saben que el Mundial acaba de comenzar, pero los sueños futbolísticos les hacen olvidar que se encuentran a pleno sol, a más de 40 grados centígrados.

Los continuos remolinos de polvo, que levantan la tierra yerma del campamento, no les hacen perder la sonrisa ni mermar sus intentos de comunicarse con cualquier extranjero que pulule por el campo.

Husein confía en que Estados Unidos intervendrá en la crisis iraquí, pues, a su juicio, eso haría que los radicales del EIIL huyesen de las ciudades.

Pero muchos aquí están mentalizados de que Jazar será su nuevo hogar durante un buen tiempo.

Las autoridades kurdas y el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) ya han localizado una nueva explanada, junto al paso de Jazar (el último puesto de control kurdo en la frontera con la provincia de Nínive), que podría albergar a más gente cuando se necesite.

El representante de la ONU para Irak, Nickolai Mladenov, que hoy visitó las instalaciones, reconoció que se están preparando para “un número mayor” de desplazados y afirmó que la situación generada por el conflicto está provocando “una tragedia humana”.

Como sucede en tantos campos de refugiados del mundo, las víctimas observan a los visitantes y los periodistas con una mezcla de esperanza y escepticismo.

“?¿Qué podéis hacer por nosotros?!”, inquiere a Efe un joven, mientras observa pasar como una exhalación a la numerosa comitiva del responsable de la ONU.

Un cooperante italiano que participa en la gestión del campamento admite que al principio reinó en Jazar la descoordinación entre las autoridades y las organizaciones de ayuda humanitaria, pero que la situación ha podido controlarse.

Pese a todo, las necesidades apremian y, según reveló a Efe una portavoz del ACNUR, se han pedido a Estados Unidos 25 millones de dólares adicionales para hacer frente a los gastos más urgentes.

Por ahora, los propios vecinos de la zona traen comida al campamento, pero si la situación empeora los desafíos se multiplicarán de forma exponencial.

Ali, el representante municipal kurdo, enarca una ceja cuando piensa en los peligros que acechan a su tierra natal: “El EIIL no se atreverá a hacer nada en el Kurdistán. No les dejaremos entrar ni un solo centímetro”. EFE