Emilio J. Cárdenas: Las delicias de vivir en el comunismo latinoamericano

thumbnailemiliojcardenasPara muchos latinoamericanos fantasiosos, vivir en los “paraísos” de Cuba o Venezuela es un sueño. Creen. Por ignorancia, no saben que, más bien, es una pesadilla. Profunda y frustrante. Esto último -y no otra- es la verdad que uno tiene la obligación de divulgar.
Por eso esta breve nota, que simplemente relata episodios y circunstancias contemporáneas que pertenecen a mundo de la realidad, no al del ilusionismo. Porque, como se verá, vivir encerrado en los regímenes autoritarios latinoamericanos es simplemente convivir forzosamente con privaciones cotidianas de todo tipo, con la escasez de lo más elemental, con el atraso y, peor, con la desesperanza. Siguen dos píldoras informativas que simplemente confirman claramente lo antedicho.

Hablemos del “paraíso” cubano, primero. Tener un automóvil en Cuba es un privilegio. O una recompensa. Pero no un derecho. Ni mucho menos una posibilidad. Hasta octubre de 2011 los cubanos sólo podían adquirir autos fabricados antes de 1959. Esto es con medio siglo de antigüedad. De museo, entonces. Recién en esa fecha Raúl Castro liberó, parcialmente, la compraventa de vehículos usados, entre particulares. Nuevos, nada.

El mismo Raúl Castro continuó su “liberación” del mercado automotriz cuando, en diciembre del año pasado autorizó la venta libre de autos importados nuevos en el mercado minorista. De esa manera quedó atrás medio siglo de restricciones continuadas. Sin requerir la tradicional “carta de autorización” del gobierno.

Aparentemente, esa es la verdad. La realidad, sin embargo, es bien diferente. Y totalmente alejada del romanticismo. Cruda y dura. Como todo en la vida del pueblo de Cuba. En la primera mitad del año, luego del pomposo anuncio de Raúl Castro, que repercutió (como si fuera toda una maravilla) en todo el mundo, los cubanos sólo han adquirido 50 automóviles y cuatro motocicletas. Nada. Porque el costo promedio de esos automóviles es de 23.800 dólares, lo que multiplica por ocho su costo en los países normales. Pero más aún porque cada cubano ordinario, no privilegiado por el Partido Comunista, gana por mes el equivalente a apenas 30 dólares. Suponiendo que pueda ahorrar la mitad de sus ingresos, lo que es desafío a la ciencia económica y no responde a la realidad, un cubano tardaría 132 años en poder pagar un auto nuevo. Imposible, entonces. Esa es la verdad y no otra. El resto es humo. Apenas eso. Propaganda.

Pasemos ahora al “paraíso” venezolano. Los vendedores de comidas, tanto en restaurantes o pizzerías, como en calle sobreviven a duras penas. ¿Por qué? Muy simple. Porque no tienen casi nada que vender. Así de claro.

Ocurre que los comerciantes no consiguen en el mercado aceite, ni harina de trigo, ni carne, ni pollo, ni arroz siquiera. Nada. Hay restaurantes de 35 años de trayectoria que ahora sólo sirven desayunos. Apenas eso. Por esto el sector ha despedido a muchos mozos y cocineros, sobreabundantes con el actual nivel de actividad. Supernumerarios. Excesivos. Imposibles de pagar, en pocas palabras.

Adiós a la disponibilidad de arepas, empanadas, pastelitos, panchos, o dulces. Esto sucede, por ejemplo, en el Chacao. Constantemente. Es la normalidad. No hay alimentos que permitan sobrevivir vendiéndolos en casa de comida o en la calle, como ambulantes. Hasta el pan escasea y se vende sólo dos veces por día, temprano a la mañana y luego entre las 5 y las 6 de la tarde. Todo escasea y cambia de precio constantemente. Imposible trabajar en el rubro.

Esta es la vida diaria en esos “paraísos”. La realidad. Nada para celebrar.

No obstante, el ELN colombiano -créase o no- festeja nada menos que sus cincuenta años de acción guerrillera, generando decenas de miles de víctimas civiles inocentes, con una huelga de tres días que ha sido impuesta con la punta de las armas en su zona de operaciones, por la fuerza. Y, me olvidaba, para llamar más la atención pese a que dice estar negociando la paz con el gobierno colombiano, el 20 de junio hizo explotar una bomba en Bogotá que dejó tres heridos.

Emilio J. Cárdenas

Ex Embajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas.