José Vicente Carrasquero: Venezuela fallida

thumbnailjosevicentecarrasqueroEn sus delirios discursivos, exhibiendo su característica ignorancia, Hugo Chávez no dejaba de mencionar que Venezuela sería una potencia y que por tal, jugaría un papel fundamental en el concierto de las naciones. Para justificar ese palabrerío siempre mencionaba la palabra soberanía, cuyo significado estoy seguro desconocía.

A más de quince años de la llegada al poder de la clase política acaudillada por Chávez, Venezuela muestra una patética imagen de país empobrecido que deja mucho que desear en términos de logros para la mejora de la calidad de vida de los venezolanos. El estado venezolano se muestra débil para contener el avance de fuerzas que retan su capacidad de mantener el monopolio legítimo de la violencia. Entre estas fuerzas podemos mencionar el narcotráfico, los grupos irregulares y las bandas criminales que azotan la seguridad de la familia venezolana ante la incapacidad notoria de las autoridades del país.

Es así como vastos sectores del territorio venezolano son controlados por estas fuerzas irregulares y dejan en situación de total indefensión a los habitantes de esas zonas. La impunidad con la que se desempeñan estos grupos en Venezuela, obligan a pensar que las instituciones estatales carecen de la capacidad para brindarle a los venezolanos seguridad. Es cuando toma fuerza la hipótesis de que las clases políticas permiten las acciones de los grupos fuera de la ley como mecanismo de control social. Particularmente creo que la situación que estamos viviendo es más el producto de la incapacidad manifiesta de los gobernantes y no de un plan preconcebido y perfectamente implantado.

Para aseverar eso solo basta fijarse en el desastre en el que ha devenido la prestación de servicios de salud en nuestro país. Los hospitales están prácticamente en la ruina. Los enfermos se encuentran literalmente a la buena de Dios. Los insumos escasean por la insistencia de su imbecilidad Jorge Giordani en que Venezuela tiene todo los dólares que necesita para satisfacer las necesidades de sus habitantes.

Ni hablar del pésimo servicio eléctrico que nos ha llevado a condiciones deplorables, incluso peores a las anteriores a la inauguración de la represa del Guri. En el momento que usted está leyendo este artículo, hay al menos una localidad del país sin energía eléctrica. Se ha gastado una fortuna en tratar de resolver el problema y solo empeora. Y no puede ser de otra forma, el responsable de manejar este asunto no tiene ni la más mínima idea de la materia. Peor aún, se asesora con cubanos que no tienen ni la capacidad ni el conocimiento para ayudar en una materia en la cual nuestras universidades pudieran hacer una tremenda contribución.

En una megápolis como Caracas y sus ciudades satélites, no existe un sistema de transporte adecuado que le permita a la gente movilizarse sin la necesidad de usar su vehículo. El metro desde Guarenas nunca estará listo, el tren que viene de los Valles del Tuy se ha quedado pequeño y presta un precario servicio a sus usuarios. El estado de las vías y la congestión del tránsito hacen que la gente pierda su vida dentro de un vehículo en las principales ciudades del país.

La emisión de cédulas y pasaportes fue en un momento una de las poquísimas cosas en las que el gobierno tuvo un avance. Sin embargo, como corresponde, los incapaces volvieron a ganar la batalla. Un pasaporte puede tardar hasta seis meses desde el día de su solicitud. Esto por supuesto, abre las puertas a las mafias que ofrecen su agilización por cifras asombrosas.

Para hacer el cuento corto, no hay servicio del estado que sirva. Los venezolanos somos víctimas de la pésima calidad de servicio de unos incapaces que no tienen otro interés que el de atender y priorizar sus apetencias político personales. La corrupción campea como nunca antes.

Los capitostes de esta Venezuela fallida solo llegan a balbucear ideas de solución como si hubiesen llegado ayer al poder. El que funge como presidente no tiene ni asomo de idea sobre lo que tiene que hacer. Peor aún, está rodeado de incapaces. Estos funcionariosno comprenden los problemas que enfrentan, mucho menos pueden tener la más mínima pista de cómo solucionarlos.

Un país en estas precarias condiciones no puede ser llamado soberano. Dependemos más que nunca de potencias extranjeras para nuestra frágil condición de pobre país rico. El venezolano común y corriente es un minusválido cuando se le compara con un ciudadano de, digamos Bolivia para tener un parámetro de comparación.

Esta es solo una pequeñísima parte de la nefasta herencia que nos deja Hugo Chávez. Nos deja una Venezuela fallida.

@botellazo