Scolari, el DT de mano de hierro aplastado por el ‘Mineirazo’

FOTO VANDERLEI ALMEIDA / AFP
FOTO VANDERLEI ALMEIDA / AFP

Cuando se apagaban las luces del Mundial-2014, Luiz Felipe Scolari dejó de ser el seleccionador de Brasil. El que estaba llamado a ser el técnico del sexto título de la Seleçao no superó el descrédito de ser quien vio desde el banco la peor goleada de la historia de Brasil: el 7 a 1 que le endosó Alemania en la semifinal de “su” Mundial.

“El objetivo principal ya no va a llegar. Será difícil la situación para el resto de nuestra vida. Lo que el aficionado sintió no se me va ir en un día ni en los años que viva. Lo voy a recordar y se va a recordar por mucho tiempo por todos”, admitió Felipao en la víspera del partido por el tercer puesto contra Holanda.

El viernes, tres días después de la pesadilla de las semifinales, aún parecía que la selección de Scolari podía sacar fuerzas de flaqueza. Arañar un tercer puesto ante Holanda hubiera limpiado un poco la pésima imagen que dejó la ‘canarinha’ en su segunda Copa como anfitriona.

Pero no sucedió. Brasil volvió a mostrarse desorientada, gris y sin rumbo y terminó su peor semana habiendo encajado 10 goles y con sólo 1 a favor.

Con una fama bien ganada de implacable y temerario, Scolari, de 65 años, quería al mismo tiempo que sus jugadores lo vieran “como un padre”: “Voy hasta el infierno con ellos”, dijo al anunciar los 23 jugadores -o hijos- que vestirían la camiseta ‘verdeamarela’ a partir del 12 de junio en Sao Paulo.

– Del cielo al infierno –

Si el Brasil de Felipao hubiera llegado a la final de este domingo en el Maracaná, el técnico gaucho hubiera entrado en la historia brasileña como el entrenador más ganador de mundiales. Por encima de Mario Lobo Zagallo, quien ostenta el récord de cuatro títulos del mundo: dos como jugador (1958-1962), uno como entrenador (1970) y otro como coordinador técnico (1994).

Pero el fracaso de su proyecto ha opacado la hazaña de 2002, cuando logró la quinta estrella de Brasil en su primera etapa como seleccionador. Los brasileños difícilmente olvidarán el 8 de julio de 2014, el día en el que la Seleçao fue humillada en su propia casa encajando la peor goleada de su historia.

Con 5 goles en contra cuando apenas se cumplía la primera media hora de partido, Felipao estaba sentado en el banco con la mirada perdida. Parecía incapaz de asumir que el sueño del ‘hexa’ se había esfumado.

Más recompuesto, el entrenador ofreció en la sala de prensa “disculpas al pueblo brasileño por el resultado negativo y por no haber llegado a la final”, la “obligación” que se había puesto al asumir el equipo.

Nadie apostaba por la selección nacional cuando Scolari asumió los mandos en diciembre de 2012. El reto estaba hecho a su medida pues al tomar por primera vez el cargo, en 2001, encontró un equipo casi agonizante en las eliminatorias.

Fiel a su estilo, armó un cuadro para alcanzar el cuarto título brasileño en la Copa Confederaciones y lo logró. Ganó por goleada (3-0) nada más y nada menos que a España, y consiguió que la afición brasileña comenzara a creer que la sexta estrella era posible.

– ¿Jugar bonito? –

“Si podemos, vamos a jugar bonito y vencer. De lo contrario, vamos apenas a vencer”, dijo Scolari en diciembre pasado. Nada de eso ocurrió en este Mundial.

Ese ‘jogo bonito’ de estilo vistoso con el balón que caracterizaba a Brasil se acabó con “Felipao” en 2002, imponiendo uno más agresivo y obediente tácticamente.

Fue con ese nuevo modo de jugar que consiguió clasificar a la Copa del Mundo de Corea del Sur-Japón 2002 en la última fecha contra Venezuela.

En el momento de armar el equipo que viajaría a Asia, tomó una de las decisiones que le valieron fama de hombre sin complejos: excluyó al exastro Romario de la nómina que conquistaría luego el pentacampeonato.

Y para el Mundial-2014 no apeló a la experiencia, dejando al veterano Robinho fuera del equipo, así como a Kaká y Ronaldinho.

De los 23 jugadores que disputaron la Copa en casa, sólo seis tenían experiencia mundialista.

– La losa del ‘Mineirazo’ –

Luego de conquistar la Copa del Mundo de 2002, Scolari renunció a la selección brasileña, alegando motivos familiares.

A finales de ese año se hizo cargo de la representación de Portugal y terminó escribiendo una de las mejores páginas del fútbol luso. Llevó al equipo a la final de la Eurocopa-2004 frente a Grecia, con la que cayó por 1-0, y alcanzó el cuarto puesto del Mundial Alemania-2006.

La justicia portuguesa lo investiga ahora por presunta infracción fiscal en el período 2003-2088.

En su palmarés figuran, además, dos Copas Libertadores de América: una con el Gremio de Porto Alegre, en 1995, y otra con el Palmeiras, en 1999.

Scolari es un entrenador que se irrita con la prensa o que pierde la calma, como quedó registrado en 2007, cuando en un partido de Portugal ante Serbia le propinó un puñetazo en la cara al zaguero Ivica Dragutinovic. Fue sancionado por dos años.

Pero para sus jugadores es ante todo el técnico capaz de unir como pocos a un grupo. En 2002 logró armar a un grupo compacto que se conoció como la “familia Scolari” y que tuvo un final feliz con el pentacampeonato.

De esta competición para olvidar, Felipao podrá rescatar las muestras de apoyo de sus jugadores que bien sea verbalmente, como hizo el capitán Thiago Silva, o con gestos como el de Neymar, que interrumpió su conferencia de prensa del sábado para darle un abrazo ante todos los periodistas, no quisieron dejarle caer solo.

“Voy a ser recordado por haber sido el entrenador del 7-1. Los riesgos los asumimos y ahora tengo que asimilar y seguir adelante, es eso lo que voy a hacer”, zanjó tras la humillación ante Alemania. AFP