Emilio Nouel: Sin políticos buitres no habrían fondos buitres

thumbnailemilionouelEl tema de la crónica deuda, siempre en mora, de los gobiernos populistas de Argentina con las instituciones financieras internacionales ha puesto de moda la expresión despectiva fondos buitres.

Parafraseándola, y pasando de la economía a los asuntos del poder, creo que es pertinente, más bien, hablar de los políticos buitres. Porque no habría problemas de deudas, ni riesgos de default,  sin políticos buitres. Sin éstos no habría fondos buitres, quienes, al fin de cuentas, nos gusten o no, son actores que se dedican a la especulación y a correr riesgos en el mundo de las finanzas.

No obstante, y antes de seguir adelante con esta líneas, debo decir que muy lejos de mi las imbecilidades de la antipolítica o del antipartidismo cuando expreso estas ideas.

De arrancada que quede claro. No estoy contra los políticos ni los partidos, por muy imperfectos y cuestionados que sean. ¿Cual comerciante, abogado, ingeniero, médico, profesor o empresario es perfecto en la gestión de sus asuntos? El que esté libre de pecado que lance la primera guaratara.

En efecto, los políticos buitres abundan, y para algunos muy críticos, todos lo son. Yo no llegaría a tanto, los hay preferibles de cara a los detestables. A los menos malos, sin embargo, hay que ponerle los contrapesos, encorsetarlos, y con ese propósito son necesarias las instituciones, las leyes, la supervisión ciudadana, el arma del voto, en definitiva.

Los que hoy acusan, con poca o ninguna autoridad moral, a aquellos entes de las finanzas internacionales de buitres, son, en gran parte, zamuros de la política y de ésta viven. No pocos son corruptos y se conducen autoritariamente.

Son los que no pueden vivir y/o gobernar sin demagogia y populismo, chupando de la manera más irresponsable y criminal las ubres del tesoro público estatal. Son adictos al déficit fiscal, lo cual les permite entregarse al clientelismo desenfrenado, a los subsidios irracionales, sin pensar en el futuro de sus países. Para ellos, la eficiencia económica, la competitividad, el respeto de la propiedad privada, el mercado, en fin, son malas palabras.

El resultado de estas ejecutorias disparatadas es que los gobiernos descontrolados en gastos siempre andan de carreras buscando fondos para poder mantenerse en el poder, e hipotecan a los países, pagando los platos rotos, al final de día, los ciudadanos menos favorecidos económicamente.

No es sólo Argentina una muestra de este proceder nefasto. Ejemplos sobran en el mundo.

Venezuela es una muestra representativa. Cientos de miles de millones de dólares han sido despilfarrados, malversados y robados durante los últimos lustros. El populismo derrochador ha sido una de nuestras más graves enfermedades crónicas de país petrolero.

Pero los últimos años han sido el colmo.

Políticos buitres hemos tenido y tenemos, al igual que Argentina y otras naciones.

En la actualidad, el gobierno militar-cívico de Venezuela anda desesperado por obtener fondos para seguir su orgía clientelar. Ha endeudado al país enloquecidamente, lo que resulta insólito si recordamos el océano de dólares que recibió en los últimos años. Quiere vender CITGO y quien sabe qué otros bienes públicos tiene en mente.

De repente, esta necesidad los lleve a privatizar, lo que a larga no sería malo. SIDOR, Corpoelec, cementeras, industrias agroalimentarias, hoteles, fincas improductivas, entre otras, deberían ser gestionadas por el sector privado.

Obviamente, los fondos que se recibirían seguramente serían dilapidados en un santiamén por la voracidad e irracionalidad del actual gobierno.

Nuestros políticos buitres en nada se diferencian de los otros. Han explotado las necesidades de las mayorías, con dádivas y migajas que no resuelven sus problemas estructurales. Pan para hoy y hambre para mañana.  Sus culpas directas en las crisis pretenden adjudicárselas a terceros, al imperialismo, el capitalismo, menos a sus propias acciones.

No me queda la menor duda, sin políticos buitres no habrían fondos buitres, y sí más países prósperos.

EMILIO NOUEL V.

@ENouelV

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