Dos adolescentes mataron a un trabajador de Pdvsa

Foto Panorama
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Apasionado por su trabajo como ingeniero dentro de PDVSA. Así era Alejandro Rafael Zambrano, 34 años, a quien mataron de un balazo en la cabeza el pasado viernes a las 7.00 de la noche frente al abasto Mauro, localizado en la calle 97A con avenida 49 de la urbanización La Paz, parroquia Cecilio Acosta. El también deportista falleció en el sitio por oponerse a que le robaran el Hyundai Getz azul, propiedad de su suegra, reseña Panorama.

El ingeniero residía en Altos del Sol Amado, pero a diario se dirigía a casa de su abuela, ubicada en el sector 4 de Los Claveles. Allí siempre llegaba a las 6.00 de la tarde, luego de salir del trabajo, y se cambiaba la ropa elegante por una deportiva para irse al gimnasio.

El viernes la rutina se le desajustó cuando la señora, de 80 años, le pidió el favor de que le comprara unas compotas y un bombillo en el abasto. Su esposa Yeniré Rivero se fue sola a entrenar. Zambrano estacionó el vehículo de su suegra en el frente y se bajó a pedir la encomienda.

Tenía unos 10 minutos esperando las cosas cuando dos muchachos, de unos 18 y 19 años, lo encañonaron por la espalda con un par de revólveres. Una mujer que se tomada una malta y un niño de siete años presenciaron el crimen. Quedaron en shock.

El muchacho que atendió a Zambrano escuchó cuando uno de los hampones le dijo al otro: “Matalo, matalo”. Luego se oyó el disparo. El dueño de la tienda corrió hasta el fondo de su negocio para refugiarse.

Angustia

Los gritos de la señora que se tomaba su refresco se escuchaban a kilómetros. El dueño del local salió de su escondite. Al asomarse, observó el cuerpo de Zambrano bocabajo, agonizando.

Los vecinos contaron que eran dos los asaltantes, ambos de contextura delgada. Cargaban gorras. Uno de ellos es de piel morena y tenía puesta una camisa negra y el otro de tez negra y vestía una camisa verde. Los delincuentes huyeron por un callejón, sin llevarse el automóvil ni nada de valor.

La familia del baleado se enteró al instante, pues estaba apenas a unas cuadras de la residencia de su abuela. No hubo forma de auxiliarlo. El impacto fue letal y lo mató enseguida. Dos horas después de haberse ejecutado el crimen, los detectives de la Policía científica llegaron al lugar a realizar las experticias. Realizaron el levantamiento del cadáver y lo trasladaron hasta la morgue forense, donde le realizaron la necropsia.

Los funcionarios del cuerpo detectivesco colectaron como evidencia las cámaras de video del restaurante El Pez, donde al parecer se ven los rostros de los homicidas.