Métodos alternativos surgen ante escasez de medicamentos contra la fiebre

Foto Referencial
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La fiebre significa que el organismo combate una enfermedad. El riesgo se presenta producto de la deshidratación o temperaturas descontroladas, que pueden provocar daños cerebrales, reseña El Periodiquito.
En tiempos en los que farmacias lucen vacías, y las salas de emergencia llenas, combatir enfermedades es un reto en crecimiento. El ataque de los virus preocupa a la población. El discurso de las abuelas cobra fuerza ¿Pero surte efecto la medicina tradicional?

El virus de la fiebre chikungunya es de los más temidos. Sus síntomas provocan, además de fuertes dolores en articulaciones, una típica fiebre. Según el último boletín epidemiológico, Aragua es el estado que registra más cuadros febriles.

Cuando el indicador de temperatura sube, muchos padres entran en desesperación. Para el doctor Carlos Atencio, director de la Fundación Medicina Familiar, hay un debate abierto en el campo de la medicina.

Muchos médicos coinciden en que la fiebre, cuando supera los 38,5° debe ser tratada. “Si es menor, lo que generalmente se decide es no tratarla”. La fiebre se quita sola, pues es un mecanismo de defensa, apuntó el galeno.

En teoría la fiebre es una buena señal. “Muchos agentes patógenos no sobreviven a las altas temperaturas, por lo que el cuerpo se calienta para matarlos”. El verdadero riesgo de la fiebre es que puede desencadenar daños cerebrales y deshidratación, cuando es muy elevada.

Para contrarrestar los efectos, beber líquidos es indispensable. A juicio de Atencio, la fiebre se puede combatir por medios físicos. Estos consisten en duchas con agua templada o colocar compresas frías en los lugares por los que circula más sangre. El cuello, las axilas y el pecho son clave. “No en la frente, como decían las abuelas, porque por allí no pasa tanta sangre”.

El único medicamento recomendado universalmente para tratar la fiebre es Acetaminofén. En su defecto, el paciente puede optar por otros compuestos, como el Ibuprofeno, Diclofenac y Dipirona. “El problema con estos últimos es que, a diferencia del acetaminofén, deben ser recetados médicamente”.