Vladimiro Mujica: La cacotopía venezolana y el Plan de la Patria

Vladimiro Mujica: La cacotopía venezolana y el Plan de la Patria

thumbnailvladimiromujicaCon este término se denota a un lugar con el gobierno más mediocre imaginable: adivine usted. Una curiosa meta del chavismo: convertir al país en una potencia social, económica y política.

Los orígenes de la palabra cacotopía son un poco controversiales, algunas fuentes se la atribuyen a Anthony Burgess en un ensayo sobre el libro de Orwell 1984 , aunque otras señalan que el término fue acuñado en 1818 por el reformista inglés Jeremy Bentham; independientemente de su origen, se trata esencialmente de un sinónimo de distopía y lo opuesto de utopía. Una cacotopía vendría pues a ser un lugar imaginario con el peor gobierno posible u otras características asociadas con un declive cataclísmico de la sociedad.

Cacofónico es a armónico, lo que cacotopía es a utopía.





El asunto es relevante para los venezolanos para tratar de entender el colosal divorcio entre las palabras y el programa del chavismo y en lo que se ha terminado por convertir nuestro país. En 2013, el entonces candidato y Presidente en funciones Hugo Chávez, ungido ahora a la condición de ser celestial, presentó al país el así llamado Plan de la Patria, que posteriormente su heredero Nicolás Maduro haría aprobar por la Asamblea Nacional como especie de ley sustituta de la Constitución Nacional, dado que el documento del Comandante para la campaña electoral contradice abiertamente postulados centrales de la Carta Magna. Más allá de sus numerosas carencias e inconsistencias, el Plan de la Patria es presentado por la oligarquía chavista como la ruta hacia una sociedad socialista utópica donde el pueblo presumiblemente alcanzaría “la mayor suma de felicidad”. Cabe entonces la pregunta: ¿Se están verdaderamente cumpliendo los supuestos necesarios para el avance del Plan de la Patria? Si la respuesta a esta interrogante es negativa, estaríamos en presencia de una traición monumental al legado de Chávez.

El Plan de la Patria contempla cinco “grandes objetivos históricos”:

I.Defender, expandir y consolidar el bien más preciado que hemos reconquistado después de 200 años: la Independencia Nacional.

II.Continuar construyendo el socialismo bolivariano del siglo XXI, en Venezuela, como alternativa al sistema destructivo y salvaje del capitalismo y con ello asegurar la `mayor suma de seguridad social, mayor suma de estabilidad política y la mayor suma de felicidad’ para nuestro pueblo.

III.Convertir a Venezuela en un país potencia en lo social, lo económico y lo político dentro de la Gran Potencia Naciente de América Latina y el Caribe, que garanticen la conformación de una zona de paz en Nuestra América.

IV.Contribuir al desarrollo de una nueva Geopolítica Internacional en la cual tome cuerpo un mundo multicéntrico y pluripolar que permita lograr el equilibrio del Universo y garantizar la Paz planetaria.

V.Preservar la vida en el planeta y salvar a la especie humana.

Hay que leerlos con cuidado, ponerse en el lugar de alguien que cree en el así llamado proceso revolucionario y que siente que ahí está marcada la ruta hacia la utopía socialista de la máxima felicidad, y luego hacer el ejercicio de contrastar esa visión bucólica con la realidad de la cacotopía que amenaza nuestras existencias en un país enfrentado y poseído por la anomia y el abuso de poder.

Uno puede escoger su objetivo preferido del Plan de la Patria para contrastarlo con la terca realidad que indica que vamos a contramarcha. Destaca de manera prominente el número V, por que es sencillamente delirante, podría uno concluir, viendo la forma en que se irrespeta la vida humana en Venezuela y la porción de la Tierra que nos ha tocado resguardar. Se trata de un ejercicio de arrogancia sin límites pretender darle lecciones al planeta y al universo entero cuando ni tan siquiera podemos vivir tranquilos en casa. Pero el más cercano al ejercicio de traición al pueblo en que se ha convertido la gestión de la oligarquía chavista es el número III.

Todos los indicadores relacionados con la economía, la calidad de vida, la seguridad, la educación, la infraestructura, la salud y el ambiente muestran con sostenida tozudez que Venezuela no solamente no marcha por el camino de convertirse en un “país potencia”, sino que prosigue en picada hacia el fondo de las naciones del mundo, al tiempo que literalmente estamos nadando en un mar de recursos conferidos sobre nosotros por la Madre Naturaleza.

En una dirección que me toca especialmente en razón de mi oficio de científico, llama sobremanera la atención que tanto en el Plan de la Patria como en las Cinco Revoluciones esbozadas por Maduro, a propósito de su cambio de gabinete, el conocimiento juega un papel esencial.

Y uno se pregunta: ¿Cómo el empobrecimiento de nuestras universidades y de la calidad de educación de nuestros niños y adolescentes se traduce en conocimiento para la patria? Cuando creíamos que la palabra cacotopía describía un lugar imaginario, nos tropezamos de frente con Venezuela.