España, más amenazada que antes del 11-M

Detención de un supuesto integrante de una red yihadista en Madrid el pasado 16 de junio de 2014 / Getty

 

“Nadie tiene percepción del peligro, solo nosotros… Ni siquiera el presidente del Gobierno, pero el peligro es real”. Responsables de los servicios de información de la Policía y Guardia Civil especializados en la lucha contra el terrorismo yihadista, advierten de que ahora hay “más señales” que antes de la matanza de Madrid que apuntan a un atentado en España: “Muchos terroristas en Siria e Irak que salieron de aquí volverán listos para golpear”.

“Nadie tiene percepción del peligro, solo nosotros… Ni siquiera el presidente del Gobierno, pero el peligro es real”. Habla un responsable de los servicios de información, alguien que conoce desde hace más de una década al enemigo que más amenaza en este momento a nuestro país: el terrorismo yihadista. Su afirmación –hecha tras conocer que Interior había aumentado el nivel de alerta ante la posibilidad de un atentado– la repiten analistas, policías y guardias civiles, todos ellos dedicados –cada uno en su terreno– a luchar contra los nuevos bárbaros que amenazan desde “desiertos remotos y montañas lejanas” –esta vez, sí– a España y a todo occidente y que muestran sus garras decapitando periodistas, crucificando cristianos o masacrando poblaciones y dando a todos esos crímenes una repercusión mediática sin precedentes.

Los órganos de expresión del Estado Islámico (EI) han superado ya al aparato de propaganda de Al Qaeda, basado, sobre todo, en Global Islamic Media y en la revista Inspire. Gracias al analista Chema Gil, descubrí hace unos días Dabiq, la revista digital del EI, que, al igual que Inspire, tiene edición en inglés y un aspecto impecable. Desde todos esos órganos se amenaza a España y ya hay hasta un vídeo en castellano en el que un par de terroristas del EI hablan de Al Andalus como la tierra de sus abuelos que prometen reconquistar.

A todos los conocedores del fenómeno terrorista islámico les ha sorprendido la decisión del Gobierno español de no ponerse en la primera línea de la coalición convocada porBarack Obama para luchar contra el EI. “Aquí se trabaja mucho, hay más medios humanos y materiales que nunca para luchar contra el terrorismo yihadista, pero hay que debilitarles en origen. La invasión de Afganistán pudo ser un fracaso geopolítico, pero lo cierto es que Al Qaeda, tal y como la entendíamos, quedó muy debilitada”, señala un oficial de los servicios de información.

El atentado a la Casa de España de Casablanca y el asesinato de los agentes del CNI en Irak fueron las dos señales más claras de amenaza que tuvo España antes de los atentados del 11-M. “Ahora hay muchas más señales –asegura un experto antiterrorista–: las amenazas son explícitas, se secuestra a cooperantes y periodistas españoles y, sobre todo, hay muchos terroristas en Siria e Irak que salieron de España y que volverán listos para golpear aquí”.

Esos veteranos y los seguidores de la “Yihad global” son la mayor amenaza para España. Un analista lo deja claro: “Ya no hace falta el respaldo de unas siglas o de un jeque, el deber de todo buen musulmán, según su enloquecido creo, es hacer la Yihad allí donde esté, así que cualquiera, como hizo Mohammed Merah en Francia, se convierte en una amenaza y eso es muy difícil de detectar y de neutralizar”. Tras los atentados de Madrid de 2004, Policía, Guardia Civil y el CNI tejieron una buena red de confidentes en los círculos islamistas. Las mezquitas más radicales fueron perforadas por los servicios antiterroristas y los imanes sospechosos eran rápidamente neutralizados. Producto de esa vigilancia, nacieron muchas operaciones policiales de carácter preventivo: se detenía a los terroristas cuando aún estaban en una fase de preparación de su acción, simplemente para que sintiesen el aliento de la policía cerca.

En los últimos años, casi la totalidad de las detenciones de sospechosos de terrorismo islamista –44 detenidos desde inicios del 2013– corresponden a activistas dedicados a reclutar terroristas que son enviados a las zonas de conflicto o a financiar y promover estas redes. “No es que hayan desparecido los terroristas dispuestos a atentar aquí, es que es muy difícil detectarlos. Hay que dar un paso muy grande para pasar de poner en Facebook una foto posando con una bandera islamista en cualquier catedral a poner una bomba, pero hay quien está dispuesto a darlo, de eso no hay duda”, asegura un responsable de los servicios de información.

La esperanza de todos los que trabajan luchando contra la amenaza islamista es que, aunque el riesgo es mayor que hace diez años, su preparación también lo es. Ahora sería impensable oír algo como lo que se dijo en una reunión de mandos de Interior en las primeras horas de las investigaciones de los atentados del 11-M: “No han podido ser los moros, el atentado ha sido muy temprano y nuestros confidentes dicen que hasta la una, siesta moruna”.

 

Por Manuel Marlasca para ZoomNews