La escasez provoca cierre de Ferresidor hasta nuevo aviso

La escasez provoca cierre de Ferresidor hasta nuevo aviso

(Foto Correo del Caroní)
(Foto Correo del Caroní)

 

La empresa creada en 2009 como resultado de la reestatización de la Siderúrgica del Orinoco (Sidor) y con el propósito de “ofrecer a los venezolanos materiales para la construcción sin intermediarios y con precios de hasta 45% menos, productos como: cabillas, tubos, mallas, vigas y marcos” lleva más de seis meses sin despachos en su sede en San Félix, ubicada en la vía a Upata, cerca de San José de Chirica.

Las consecuencias del desplome productivo de la siderúrgica conllevan al estancamiento de los proyectos de vinculación comunitaria de la estatal como, bien puede apreciarse, en una Ferresidor carcomida por el óxido y abandono, publica Correo del Caroní.





Una búsqueda en Twitter compendia la situación, pues lo primero que aparece es una queja del usuario @MLNDZ10: “@NicolasMaduro En Maturín, Agropatria, Ferresidor y Abasto Bicentenario cerrados. Que pasa con eso? OJO”. Ni hablar del localizador de noticias de Google: lo último (y lo único) es un escrito del portal eltiempo.com.ve del 6 de septiembre: “Trabajadores de Ferresidor iniciaron huelga de brazos caídos”.

Esa opacidad, haciendo sumas y restas, es alegórica de lo que ocurre en la Ferretería de la Siderúrgica del Orinoco “Alfredo Maneiro”, fundada el 30 de enero de 2009, meses después de la reestatización de la acería por parte del entonces presidente Hugo Chávez.

“En el marco de la revolución siderúrgica industrial y siguiendo los lineamientos del presidente de la República Bolivariana de Venezuela, se inauguró el primer mercado ferretero siderúrgico de la Siderúrgica del Orinoco, en el estado Bolívar, el cual ofrece a la comunidad guayanesa una gama de más de 700 productos ferreteros a precios más justos”, expone la revista Paréntesis, órgano divulgativo de la Oficina de Seguimiento y Evaluación de Políticas Públicas.

Es ese organismo el que da cuenta, en la misma publicación, que un mes después de la inauguración de la ferretería “se realizó una visita al local, presenciando la actividad por la cual se atienden diariamente entre 80 y 90 personas en búsqueda de insumos para construir o remodelar viviendas”.

Sin embargo, la rimbombancia de las frases pudo menos que el peso de improductividad, y hoy, esa sede de Ferresidor, ubicada en la vía a Upata, específicamente a la altura de San José de Chirica, no es más que un cascajo que sucumbe al polvo, la oxidación, el sol y la indiferencia.

¿Qué hay del pueblo?
El sitio web de Sidor (sidor.com) perfila una especie de declaración de principios sobre Ferresidor: “comercializar productos de la siderúrgica y sus clientes, siguiendo las líneas estratégicas trazadas en el Proyecto Nacional Simón Bolívar al contribuir con la suprema felicidad social promoviendo un nuevo modelo social productivo, humanista y endógeno”.

Es mediodía, en frente de la sede de Ferresidor, y el sol arrecia sin intermediarios, como dice una pancarta que da la bienvenida a los visitantes. En este momento no es precisamente “suprema felicidad” lo que siente Isidro Rodríguez, habitante de San José de Chirica, al pasar en frente del lugar en el que, hasta hace un tiempo, solía comprar cabillas y cemento.

“Ahora no venden nada. Tienen como cuatro meses que no venden. Al principio yo compraba siempre porque había buenos precios, era una economía. Ahora lo que hay es una desmejora”, dice antes de retomar su camino.

La puerta de la ferretería está cerrada. Sus anuncios, descoloridos. Al frente están unas vigas carcomidas por el óxido. Al lado, apilados, hay varios bloques. Y al fondo de un pasillo, una hamaca en la que descansa un vigilante.

Decidido, se acerca, pero antes pide que “no me vaya a meté en problema”. Su identidad, entonces, queda bajo anonimato, mientras relata lo que ha ocurrido en los últimos meses.

“Desde hace un año, más o menos, esto está cerrado. Hace como 15 días comenzaron a hacer unas remodelaciones y contrataron fue a los vigilantes, que no trabajamos con Ferresidor, sino con una cooperativa”, comenta.

Para él, hay un punto de partida para la crisis de Ferresidor: el caso de la Mafia de las Cabillas, que estalló en junio de 2011, y en el que estuvo involucrado el entonces gerente de Comercialización de la empresa y militante del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), Luis Velásquez.

“¿Tú te acuerdas de eso de las cabillas? Bueno, de ahí comenzó todo. Desde ese momento, se paralizó todo. Por cierto, esa vez botaron fue a los vigilantes. Por eso te digo que no me metas en problema, porque van a decir que fui yo”, insiste.

Mutismo
Pero si bien la gente, el pueblo beneficiario de Ferresidor que tanto se cita en los comunicados oficiales, opina al respecto, otros, más relacionados con la ferretería, prefieren no entrometerse en el asunto. Hasta nuevo aviso.

Por ejemplo, quien hasta hace un año fue la jefa de Departamentos de la ferretería, Merlín Maita, señala que “es mejor contactar a los que están ahora al frente, porque yo, desde hace un año, no estoy allí por una transferencia”.

– ¿Pero cuál es su opinión sobre lo que ha ocurrido con Ferresidor?
– Te repito: tengo mucho tiempo alejada y no me quiero involucrar.

Algo similar es la respuesta del director principal de la junta directiva de Sidor, José Clemente Tatá, quien se limita a excusarse señalando que “con todo esto no hemos tenido tiempo para revisar lo de Ferresidor. Hemos estado enfocados en la inversión y en la producción”.

Es el secretario de organización del Sindicato Único de Trabajadores de la Industria Siderúrgica y sus Similares, José Meléndez, quien, sin honduras, avizora que con lo que concibe como la nueva etapa sidorista, se reactivará a Ferresidor.

“Ha habido un tema de efectividad, y por eso se creó Ferresidor. Lamentablemente, el desabastecimiento ha llevado a la ferretería a esto, pero esperamos alzar vuelo pronto”, dice.

En tanto, la sede de Ferresidor sucumbe ante el deterioro. “Mercado socialista ferretero. Sin intermediarios”, reza, afuera, un cartel: una vieja promesa que no se reedita por estos días. Y la voz del vigilante, una vez más, pide discreción, no sin antes manifestar una suerte de epitafio: “Tenemos más esperanzas de que esto termine de cerrar que en que abra otra vez”.

“Todos los Ferresidor están de brazos caídos”

El 1 de septiembre, como establece un acuerdo firmado en junio entre un grupo de trabajadores de Ferresidor, la directiva de Sidor y representantes del gobierno, se debía ingresar en la nómina de la acería a 105 personas que laboran en la ferretería. Siete días después, eso no ha ocurrido.

Juan Carlos Molina, trabajador de la sucursal de Barcelona, cuestiona, por ello, la cacareada igualdad laboral que pregona el Gobierno venezolano.

“Nos tienen como contratados a los 105 trabajadores de todos los Ferresidor: San Félix, Maturín, Barcelona, Ocumare del Tuy, Coro y San Carlos. Han dicho que no es sustentable incluirnos y se está corriendo la voz de que quieren cerrar el proyecto”, puntualiza.

De acuerdo con Molina, los trabajadores de Ferresidor perciben 4 mil 200 bolívares de salario, mil 500 de bono de alimentación, 10 mil de vacaciones y ocho mil de utilidades, es decir, “ni la cuarta parte de lo que gana un sidorista”.

“Por eso es que todos los Ferresidor están de brazos caídos. Estamos cumpliendo horarios de trabajo. No sabemos de Sutiss, en realidad, pero la decisión fue seguir en la lucha. Vamos a continuar acciones porque tenemos derecho a expresarnos”, añade.