San Cristóbal de noche, una ciudad a media luz

Foto La Nación
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Cuando cae la noche, el viaducto La Bermeja queda dividido en una mitad iluminada y otra sombría; la 7ma. Avenida se pinta de claroscuros; aunque el sur de la plaza San Carlos luce transitable, el ala norte se queda en tinieblas; prenden tres de seis luminarias dispuestas en la carrera 21 de Barrio Obrero, entre calles 12 y 14; y la avenida 19 de Abril alterna tramos de brillo y penumbra. Cuando cae la noche, San Cristóbal parece una ciudad a media luz, reseña La Nación.

Instancias de gobierno municipal y nacional coinciden en que la falta de cableado subterráneo, principalmente por robo, es la primera causa de las fallas que presenta el servicio. También admiten problemas, como que algunos bancos de transformadores no han sido adecuados a la demanda de la comunidad, el agotamiento de la vida útil de muchos equipos y la cantidad de postes chocados sin reparar, que extraoficialmente pasan de 30.

Los avisos luminosos de los comercios y las lámparas de los frentes de las casas suavizan la oscuridad en sectores como Lourdes, un barrio que reúne los tres colores del espacio urbano nocturno: el negro que imponen los bombillos dañados, el naranja indicativo de las tradicionales lámparas de vapor de sodio y el blanco característico de las nuevas ahorradoras.

Labor compartida

¿La comunidad hace el reclamo? “No, porque se llama y dicen que el personal está ocupado”, contestó un habitante de la carrera 17, frente a Residencia de Gobernadores, donde el pasado miércoles a las 7:30 de la noche permanecían apagados cinco reflectores.

A la Corporación Eléctrica Nacional corresponde ejecutar la inversión para construir, adquirir equipos, operar y mantener las instalaciones de alumbrado público, según dispone la Ley Orgánica del Sistema y Servicio Eléctrico (2010). El artículo 52 también aclara que Corpoelec lo hará sin perjuicio de las competencias atribuidas a los municipios.

La prestación del alumbrado público igualmente es competencia local, establece la Ley Orgánica del Poder Público Municipal (2010). Las alcaldías están obligadas a cancelar a la operadora por el consumo del servicio en espacios públicos. Se trata, pues, de un tema con responsabilidades compartidas.

Migración a lo aéreo

En lo que va de 2014 en San Cristóbal han sido hurtados 18.000 metros de cable conductor, un dato que equivale a la distancia terrestre entre el terminal de San Cristóbal y la plaza Bolívar de Cordero, por la autopista y la Troncal 007. “Esto ha deteriorado muy buena parte del alumbrado”, argumentó Iván Sanguino, gerente de distribución y comercialización de Corpoelec en Táchira. En septiembre, sin embargo, no hubo incidencia de este delito en el área metropolitana.

La reacción de la estatal está en marcha, aseguró el funcionario: “En las principales avenidas nos encontramos en el proceso de migrarlas de cable subterráneo a sistema aéreo”. Empezaron por un tramo de la autopista Antonio José de Sucre y ya iniciaron los proyectos de otras avenidas con alta movilidad, que son el tipo de vías en las que han detectado más hurtos.

Para cumplir con el uso racional y eficiente de la energía eléctrica, en Táchira ya han sido sustituidos aproximadamente 10.000 bombillos incandescentes por los llamados ahorradores, de luz blanca. La carrera 25 de Barrio Obrero es un ejemplo de esto. Además de que no generan contaminación visual, van directamente conectados a la red, lo que hace más fácil la reposición del servicio en caso de fallas, aventajó Sanguino.

Consciente de las responsabilidades compartidas, el gerente abogó por mantener una comunicación constante entre Alcaldía y Corporación Eléctrica para determinar alianzas de trabajo.

Reponer y mantener

“En términos legales el municipio no está en la obligación, hoy en día, de mantener el alumbrado de la ciudad, porque estamos pagando por ese servicio”, explicó Víctor Gandica, director de Servicios Públicos de la Alcaldía de San Cristóbal. “Pero, además de pagarlo, muy responsablemente hemos asumido tareas en función de cubrir la deficiencia que se viene presentando”. En la práctica, estas se traducen en la reposición y el mantenimiento correctivo y preventivo de las luminarias ya existentes.

Alumbrar una ciudad es costoso. Cablear e instalar luces en una cuadra de avenida puede implicar un gasto de 100.000 bolívares, a la fecha, incluyendo materiales y mano de obra.

Gandica calificó de agresivas las inversiones que la municipalidad ha hecho en la materia. Son alrededor de 40% superiores al monto destinado para alumbrado público el año pasado, esto a pesar de que les ha resultado difícil encontrar los materiales y de que solo cuentan con un camión cesta propio.

A corto plazo, la meta de la Alcaldía es que por lo menos 70% del alumbrado público de la ciudad esté activo. “Para esto hace falta que los organismos competentes realicen una organización más integral, en la que todos se aboquen al tema”, recomendó el director.

Que sea democrático

La calle es el espacio público por naturaleza. Y contar con buenos espacios públicos es una necesidad del ser humano. “¿Cómo puedes interactuar en una ciudad donde, por volverse cada vez más oscura, hay una especie de ‘toque de queda’ autoimpuesto por la misma ciudadanía?”, cuestionó Fabiola Vivas, investigadora del Grupo de Investigación Arquitectura y Sociedad (GIAS) de la Universidad Nacional Experimental del Táchira.

“Uno de los principales valores del espacio público es que sea democrático. Eso significa que, en primer lugar, se pueda acceder a él. Pero ¿cómo accedes a un espacio oscuro?”, razonó la arquitecta.

Desde el punto de vista social, una calle oscura es un territorio fértil para la inseguridad y un factor que excluye a la gente. En el ámbito estético, lo que no es visible no se puede apreciar ni valorar. Y sobre el aspecto de la movilidad, conductores, peatones y ciclistas se ven afectados por igual.

¿Era San Cristóbal así? Vivas responde: “No recuerdo que fuera tan oscura. Se ha ido deteriorando progresivamente, y cada vez más está más oscura”.