Vladimiro Mujica: Cuando el pasado nos alcance

thumbnailvladimiromujicaEn 1973 se estrenó una película que recuerdo con mucha claridad, Soylent Green, con Charlton Heston en el rol principal, y cuyo título fue traducido al español como Cuando el destino nos alcance. Ambientada en un futuro distópico, donde los recursos de la Tierra se habían extinguido y el planeta adolecía de polución, sobrepoblación y pobreza, la mayor parte de la humanidad subsistía de raciones de Soylent Green, un producto manufacturado por una grande y todopoderosa compañía, Soylent Corporation. La película gira alrededor de una monstruosa conspiración, eventualmente descubierta por el policía caracterizado por Heston, para ocultar el hecho de que el producto se manufacturaba no solamente del plancton oceánico, como sostenía Soylent Corporation, sino empleando restos humanos. Para disponer de materia prima, las personas eran invitadas a terminar sus miserables existencias plácidamente, sometidas a una muerte sin dolor mientras disfrutaban de una presentación en multimedia sobre el pasado del planeta, cuando el agua era limpia, los bosques y flores abundantes y los animales inocentes.

Como quiera que nuestra mente siempre juega en el inconsciente con nuestras memorias, me encuentro pensando en Soylent Green y me viene a la cabeza que al proceso venezolano de estos últimos tiempos le viene bien una variante del título en español de la película. La epopeya chavista se dirige a un encuentro tormentoso con su propio fracaso. Los tiempos del entusiasmo se han evaporado; después de 15 años de sostener un camino imposible y de arrastrar consigo a todo un pueblo al abismo de una nación disfuncional los discursos son cada vez más forzados y falsos. La revolución chavista ha caído víctima de las inconsistencias y precariedades de su propio discurso construido sobre la base de que sus líderes eran herederos de una suerte de mandato histórico conectado directamente a Chávez a través del así llamado árbol de las tres raíces.

La revolución se ha convertido en su propio pasado. Ya no hay espacio para descargar las culpas de lo que andaba mal en el país en los supuestos vicios del Pacto de Punto Fijo y la IV República. La combinación letal de arrogancia, incompetencia y corrupción que aflora por doquier en las filas revolucionarias es imposible de ocultar y es la verdadera razón de las caras largas y la mirada entristecida de mucha gente honesta que creyó en que las bondades del llamado “proceso” eran superiores a cualquiera de sus desaciertos, y en que un futuro luminoso esperaba a quienes perseveraran.

Pero los hechos son tercos, como magistralmente declaró Lenin, y el futuro cada vez se parece mas a una versión peor del presente y no hay forma de esconderlo. El desgaste acelerado de la imagen del gobierno, tanto en el ámbito interno como internacionalmente, es inocultable. Fuera de nuestras fronteras, inclusive en las naciones tradicionalmente cercanas al discurso chavista, como los países del ALBA, hay que buscar con lupa para encontrar algún tipo de declaración de defensa de los galácticos desaciertos de nuestra oligarquía gobernante. Solamente Cuba, unida por un vínculo de sobrevivencia a la teta inagotable del oro negro que brota de nuestra tierra, continúa en su prédica laudatoria incansable. O las naciones a las que Venezuela les sigue comprando armas y equipos militares para reprimir a sus propios ciudadanos y que hacen pingües negocios con nuestra maltratada patria. El petróleo le sigue comprando indulgencia y complicidad al gobierno pero el entusiasmo se extinguió. Lo que queda es simplemente el interés de los beneficiarios y el chantaje y la cólera de los dueños de la llave del petróleo. En un sentido muy real Venezuela se conduce como una suerte de potencia colonialista que intenta imponer sus criterios y garantizar apoyo a sus políticas utilizando el petróleo como herramienta de coerción.

Si algo emerge cada vez con más certeza es que la medida del fracaso de la gesta chavista se calibra por la magnitud de la traición a sus principios fundacionales. Las tres raíces: Simón Rodríguez (El Maestro), Simón Bolívar (El Líder) y Ezequiel Zamora (El General del Pueblo Soberano) deben estarse revolcando en sus tumbas al saber que en su nombre se ha ejercido en su patria un liderazgo donde se ha fabricado más infelicidad para el pueblo. A los magos de la propaganda populista, que crearon conceptos poderosos, como la idea de una V República que superaría las fallas de la IV, se les oponen ahora los poderosos demonios de la realidad indoblegable.

Transmitir con claridad que la revolución chavista ha traicionado profundamente al pueblo y que ya existe una nueva mayoría, Los Sin Futuro, formada por quienes no tienen como armar sus existencias en un país disfuncional que les niega toda posibilidad, es el reto comunicacional y político más importante del movimiento de resistencia democrático.

Vladimiro Mujica