El riesgo de apostar UNICAMENTE a las parlamentarias Por @VirginiaZamora

thumbnailvirginiazamoraAlgunos factores, sobre todo los cercanos al régimen que hoy acaba con Venezuela, han tratado de confrontar las diferentes propuestas que desde la oposición se han planteado como mecanismos para generar un cambio en Venezuela.

Hay quienes creen en concentrar esfuerzos para ganar la mayoría de curules en una eventual elección a la Asamblea Nacional en 2015 y desde allí impulsar los cambios que se requieran –digo eventual porque a la fecha aun no se conoce con precisión el día en que se celebrarían estas parlamentarias–. Otros se mantienen desde hace algunos meses organizando Congresos Ciudadanos en todo el territorio nacional, discutiendo los principales problemas del país y consensuando posibles soluciones. Y existe un tercer esfuerzo que contempla recolectar el 15% del Registro Electoral para convocar así una Asamblea Nacional Constituyente y a través de ella generar cambios para derrotar a todo un sistema que hoy acorrala a Venezuela.

Ninguna se contradice, al contrario, son propuestas que se complementan entre si. La Asamblea Nacional es una fecha ineludible en nuestro calendario electoral, no acudir a esta elección sería un absurdo desde cualquier punto de vista crítico al régimen. Sin duda hay que participar y ganar. En ninguna cabeza cabe la posibilidad de regalar un espacio más a quienes hoy dominan prácticamente toda la esfera de poder en Venezuela.

Los Congresos Ciudadanos son fundamentales. Un país que tiene 16 años confrontado, necesita imperativamente un lugar de encuentro, necesita espacios donde las diferentes voces puedan ir sonando poco a poco a un mismo ritmo. Cuando defendemos por encima de cualquier cosa un concepto tan importante como la democracia, es imperdonable que no la practiquemos junto a los ciudadanos que al final del cuento lo somos todos, no todos los ciudadanos son políticos pero si todos los políticos somos ciudadanos.

La Asamblea Nacional Constituyente es otra alternativa constitucional, democrática y participativa que permite generar los cambios profundos y urgentes que amerita un país en el que el 74,7 por ciento de los consultados –según la última encuesta publicada por el IVAD– señalan que en Venezuela la Constitución y las leyes son violadas por el propio gobierno.

Planteadas las tres alternativas que hoy dominan la coyuntura política, me permito compartir con ustedes también dos datos importantes que me generan la suspicacia suficiente para atreverme a escribir este artículo:

Desde el año 2005, el oficialismo tiene el control absoluto del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ). En un trabajo plasmado en el libro “El TSJ al servicio de la Revolución” un destacado grupo de abogados plantea una serie de conclusiones sobre el análisis de 45.474 sentencias dictadas en los últimos nueve años en las salas Constitucional, Político Administrativa y Electoral y ninguna de ellas ha sido contra el gobierno además de que en 55 de estos fallos se encontró un patrón de subordinación en el que el TSJ brinda piso jurídico a las medidas que va anunciando el régimen.

El artículo 236 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela establece en el cardinal 21, la facultad que tiene el Presidente para “disolver la Asamblea Nacional en el supuesto establecido en esta Constitución”.

Cualquier abogado constitucionalista puede analizar este último dato que les compartí y decirnos que ese supuesto que establece la Constitución aplica únicamente en caso de que ocurra “la remoción del Vicepresidente Ejecutivo o Vicepresidenta Ejecutiva en tres oportunidades dentro de un mismo período constitucional, como consecuencia de la aprobación de mociones de censura por parte de la Asamblea Nacional” y que dicha facultad estaría supeditada a una actuación primaria y reiterada por parte de los parlamentarios.

Si, tendrían toda la razón salvo que también tomemos en consideración el primer dato que compartí en el que vemos como la Constitución y las leyes son interpretadas bajo un patrón de subordinación al Poder Ejecutivo y cada vez que ha sido necesario, el TSJ ha brindado el piso jurídico para las medidas que se anuncian desde Miraflores. No sería descabellado entonces entender que ganando la Asamblea Nacional únicamente, seguiríamos vulnerables ante todo un sistema opresor que utilizará cada brazo de poder para eliminar la disidencia.

Sin ánimos de convertirme en una erudita del derecho constitucional pero si tomando en cuenta estos últimos datos, sin duda es importantísimo que trabajemos unidos para granar unas elecciones parlamentarias el año que viene pero es imperativo que con esa misma unidad trabajemos también en una alternativa que frene los abusos del poder desmedido y que nos permita como venezolanos, garantizar que nuestra voluntad popular trascienda cualquier escenario de interpretación y que la democracia en la que creemos y practicamos alcance todos los poderes y no sólo el legislativo.

Si tenemos la fuerza para ganar la Asamblea Nacional, usémosla para generar ese gran Congreso Ciudadano que siente las bases para organizar el poder de la gente, defender las condiciones justas y convocar el Poder Constituyente.

 

Virginia Zamora