Juan José Moreno A: Corrupción, descaro y circo sin pan

thumbnailjuanjosemorenoCuriosamente el día que Transparencia Internacional da a conocer su Índice de Percepción de la Corrupción, aceptado mundialmente como referente de gran credibilidad en la lucha contra los delitos económicos, se reunieron en Caracas los representantes de los dos extremos en la clasificación: los presidente José Mujica, de Uruguay, catalogado en el ranking global de la ONG entre los dos países más transparentes de la región latinoamericana; y Nicolás Maduro, presidente de Venezuela, en la posición  161 entre los de desempeño  más corrupto, junto con Paraguay.

¿Qué contraste, no?  Porque, además del reconocimiento a la gestión pública del sureño país, sobre el popularmente conocido en todas partes el mundo  como “Pepe Mujica” se le atribuye una serie de virtudes relacionadas con su desempeño personal de austeridad y de verdadera sencillez. De nuestro Presidente sabemos que es “muy sencillo”, especialmente cuando se reúne con obreros y campesinos, entre quienes  puede lucir un sombrero de cogollo o una franelita al estilo Gualberto Ibarreto; pero en el resto de sus presentaciones demuestra un gigantesco  derroche en su ropero personal y demás utensilios que lo adornan, aparte de todos los gastos que lo ubican como el más caro residente oficial de La Casona, y el más espléndido con sus acompañantes en las frecuentes giras presidenciales al exterior. Recordemos la reciente “cenita” en Nueva York, que nos costó un “ojo de la cara” a los venezolanos.

Pero dejemos, por ahora, lo personal, para hablar de lo que más nos ocupa como lo constituye la ubicación de la gestión pública venezolana en el lugar de las administraciones menos transparentes y, en consecuencia, los que pueden ser nombrados con el feo nombre de “corrupto” que nos avergüenza mundialmente, porque el pueblo no es culpable y mucho menos se beneficia de tal situación.

¿Acaso puede ser considerado honesto un gobierno que no da cuenta, con la objetividad requerida al pueblo, de los reales que gasta, despilfarra o regala; ni de los convenios que realiza con los países con los que aumenta su deuda y dependencia, así como aquellos con los países que beneficia regalando o fiando su petróleo a intereses muchísimos más bajos de lo que le corresponde pagar a quienes nos vende crudos livianos y gasolina? Sin duda que, razón tiene Transparencia Internacional para ubicar al gobierno en el puesto que le asigna en la clasificación mundial.,

Pero como hemos afirmado en anteriores oportunidades, no le basta al régimen y a sus máximos representantes que el país figure entre los más corruptos del planeta, sino que además se dan el tupé de justificar sus actos con declaraciones que rayan en el descaro. Y esto abarca incluso a niveles desde donde nunca deberían producirse. Y el ejemplo, o mal ejemplo de situaciones de descaro, lo observamos nada menos que en una funcionaria del Estado como la actual contralora general de la Nación, Adelina González,  quien ante la irrebatible información contenida en el informe de Transparencia Internacional, salió corriendo a afirmar que ese organismo carece autoridad moral para calificar a ningún país.

Y nos preguntamos, ¿Y es que acaso sí tiene la funcionaria autoridad moral para emitir un pronunciamiento de este tipo, cuando se trata de una  persona que de acuerdo al ordenamiento jurídico del país  ejerce el cargo de Contralora Encargada en forma ilegal?  Recordemos que la mencionada, recibió el cargo de Contralora de manera provisional, ante la muerte del titular, Clodosbaldo Russian ocurrida en junio de 2010,  y desde entonces el elefante rojo que constituye la actual Asamblea Nacional, no  ha designado sustituto, pese al vencimiento de los lapsos para que,  por mandato expreso de la Constitución, el mal llamado Poder Moral de la Nación activara los mecanismos para la selección del titular de tan importante organismo.

Y quienes observamos la manera como se maneja el control de los poderes del Estado en Venezuela, no dudamos en interpretar que detrás ese ensordecedor  silencio de estos organismos fundamentales del Estado, la complicidad salta a la vista ante situaciones tan contundentemente evidenciadoras de corrupción como la compra de alimentos y medicamentos en mal estado, la fuga de divisas a través de Cadivi , la fraudulenta compra de arroz en Argentina y, entre otras, el uso particular de aeronaves oficiales por funcionarios del gobierno.

De manera que el descaro, debemos sumarlo a las estrategias del régimen para ocultar sus culpas; y nos atreveríamos a proponer un organismo que mida el descaro, a ver quiénes resultarían los seleccionados en la inmensa lista que hasta ahora encabeza el capitán Diosdado.

Mientras y para distraer al país,  ante las penalidades que debe soportar el régimen con la caída de los precios petroleros, el inmenso déficit fiscal que arrastra y la quiebra general del país, con asambleas de calle que se tornan en espectáculos y los grandes bonches al estilo Suena Caracas, se cumple aquella estrategia de distracción de un pueblo conocida como darle “pan y circo”; solo que el pan nos lo deben, porque no hay divisas para la compra de trigo.

Twitter: JJMoreno A