Waraos no tienen ni una urna para enterrar a sus muertos

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Habitantes de la etnia rogaron a la Gobernación de Bolívar y a la Alcaldía de Caroní un ataúd para enterrar a un “hermano” que murió por complicaciones asociadas al cáncer. Fue una funeraria la que respondió regalándoles uno, publica Correo del Caroní.

A las 5:00 de la tarde del viernes, al cadáver de David Machado, un indígena warao de 24 años, por fin lo estaban velando. Por fin, pues sus “hermanos” de la comunidad de Cambalache tuvieron unas horas previas algo complejas: ni la Gobernación de Bolívar ni la Alcaldía Socialista Bolivariana de Caroní los ayudaron con una súplica: la urna.

Todo empezó a las 8:00 de la noche del jueves, cuando David murió debido a una complicación por sida. Sus vecinos de Cambalache se activaron, junto con el sacerdote Guillermo Van Zeland, para conseguir el ataúd.

Anabelis Herrera, vocera de la comunidad, explicó que, ya en la mañana del viernes, la primera parada fue la Alcaldía de Caroní. “Allí nos dijeron que deben dinero a (la funeraria) Cecoguay, y que no podían ayudarnos. Después nos fuimos para la Gobernación y nos dejaron esperando dos horas. Protestamos y nos alteramos, pero nos fuimos”, relató.

Van Zeland conversó, luego, con los propietarios de Cecoguay. Ellos les regalaron una urna y se comprometieron a trasladarla para el entierro.

“Con eso cerramos, pero ellos (los waraos) quedaron indignados por todo esto. No tienen, en realidad, cómo defenderse. El caso de la familia de David es más dramático todavía, porque la semana pasada un hermano de él murió ahogado”, añadió el sacerdote.

Pero Herrera apuntó que hay algo más dramático: más de siete waraos de Cambalache son seropositivos, “y a veces nosotros preferimos estar con nuestro brujos que con los médicos”. Por eso, está convencida, murió David Machado.

Después de las 5:00 de la tarde del viernes, el teléfono de Anabelis sonó. “Era la gente de la Gobernación. Para decirme que no pudieron hacer nada”. Mientras tanto, David Machado yacía en una urna regalada que estaba montada sobre una mesa. Al cadáver no lo prepararon, sino que apenas, y con ropa también regalada, lo vistieron. Pero al menos sus hermanos waraos pudieron velarlo. Y podrán enterrarlo.