Indigentes, ciudadanos invisibles ante los ojos de la sociedad guayanesa

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Dormir en un piso frío, comer restos de comida que dejan otros, ser despreciados por sus malos olores que llevan a cuesta porque dejaron de asearse, no podemos dejar atrás los duros golpes que la vida no ha dejado de darles, es mucho lo que le ha tocado vivir a estas personas que por motivos y circunstancias del destino, ellos decidieron tomar las calles que les cambió su ritmo de vida en 90 grados. Osmarys Guilarte/ Nueva Prensa Guayana

A todas horas del día se puede observar a estas personas sentadas, paradas o acostadas en cualquier punto de Ciudad Guayana, muchos con lágrimas en los ojos y con la mirada perdida, posiblemente pensando: ¿qué voy a comer hoy? Otros tal vez se lamentan: Dios por qué me abandonaste cuando más necesité de ti. El día a día de estos mortales es repudiado por muchos conciudadanos y no solo eso, también los juzgan utilizando calificativos como: “tal vez ese es un drogadicto o un delincuente”, otros suponen que pudo haber sido una brujería que lo llevó al mundo de la calle, pero solo ellos saben cuál fue el motivo.

Llegar un año nuevo e irse otro, para ellos es igual porque siguen rodando y dando tropiezos por las calles de esta urbe, quizás con la misma ropa sucia, rota o con una en buen estado que una mano caritativa les haya regalado por piedad.

Tras conversar con algunos de estos ciudadanos, se pudo evidenciar que muchos no tienen deseos de vivir, otros esperan que alguien les tienda una mano para salir de esta triste oscuridad que los rodea. No están locos, están cuerdos, unos de ellos, clamó al Padre Nuestro para que lo saque de las calles, pues aseguró que era el único que podía cambiar su futuro.

Transeúntes que pasaban por frente de un señor que a duras penas podía levantarse de su humilde cama de cartón, respiró hondo y expresó, “Dios mío porqué tienes en este mundo tanta gente sufriendo y te llevas a otros que sí desean vivir, igual familias que se preocupan por ellos”.

Familiares ausentes

El apoyo por parte de los familiares hacia estos ciudadanos que son llamados por la sociedad “indigentes”, en algunos casos es ausente, mientras que en otros es notorio, pero no se dejan ayudar. Unos más que otros son rescatados por sus hijos o padres, pero se acostumbran a esta vida y regresan nuevamente a ella.

Residentes del municipio Caroní, señalaron ver como cada día que pasa las calles se llenan de indigentes. Asimismo mencionaron que algunos son reconocidos profesores de instituciones del Estado que tras adentrarse tanto en los estudios, se trastornaron a tal punto que no les importa dormir en cualquier rincón, comer lo que consigan, si hay que bañarse lo hacen o simplemente no lo hacen.

Tras recorrer diferentes calles de esta ciudad el equipo reporteril se topó con un familiar que le ha tocado vivir en carne propia lo que se siente tener a un padre viviendo en las calles. Ella, comentó que la situación no es fácil y más aun cuando no se quieren dejar ayudar y les dicen “no me busques más, olvídate de mí, piensa que ya tu padre murió”, palabras que emitió entre lágrimas y que le ha tocado superar.

Además explicó, que su papá era un padre de familia, pero con el abandono de su madre, se entregó a la bebida y luego al sitio donde estuvo durante años hasta fallecer.

Con estas declaraciones, queda evidenciado ante la vista de aquellas personas que tienden a juzgar a otras y despreciarlos por no tener una buena ropa o andar con un buen aroma, o que solo los drogadictos o un delincuente se sumergen en este mundo.

Tristes navidades

Para muchos, cuando llega el mes de diciembre significa felicidad, mientras que para otros tristezas al ver que sus familiares no quieren pasar 24 y 31 con ellos porque su vida ya es el mundo oscuro en donde habitan. Otros ya se han acostumbrado y se hacen la idea que ya no están, que se encuentran reposando en los brazos de Dios.

Al hablar con una de aquellas personas que entregó su vida a las calles, relató que para él, cuando llega Año Nuevo, lo sabe porque oye el ruido de muchos cohetes, en ese instante su mente se paraliza y recuerda lo feliz que llegó a ser en algún momento de su vida, para este hombre esa época no regresará, ni se repetirá.

Al empezar a sonar las doce campanadas y el momento de pedir los deseos, todos quieren un carro, una casa, o que los negocios mejoren, pero nadie se detiene a pensar en la tristeza que sienten tantos niños, adultos y ancianos que se resguardan en las diferentes plazas, bajo los puentes, en los mercados o simplemente en alguna avenida de Ciudad Guayana en medio de una pobreza extrema y sumergidos en la indigencia.

Es de mencionar, el sufrimiento que pasan aquellos pequeños de tan solo cinco y seis años al ser abandonados por unas madres descorazonadas que solo se dedican a traer a sus hijos al mundo para luego dejarlos a la buena de Dios.

Tras pasar por frente de Wendy’s, un reconocido comercio de comida rápida de Puerto Ordaz, se observaron varios niños de aproximadamente nueve años con sus vestiduras sucias, sin zapatos y con sus ojos llenos de lágrimas, pidiendo un bocado de comida.

Uno de los menores no mencionó su nombre, solo dijo que su mamá lo abandonó y le ha tocado recorrer las avenidas de la ciudad y rogarles a las personas para que les den algo de comer. “Veo como muchos chamos andan con su mamá comprando ropa para lucirla el 24 y 31 y a mí solo me toca ver porque mis padres no me quisieron. Siempre quise tener una bicicleta, que mi madre me llevara a la escuela y me dijera, hijo te quiero mucho, nunca tuve eso, solo tengo recuerdos de maltratos”, agregó.