Baldomero Vásquez Soto: La Revolución Cubana murió de fracaso

thumbnailbaldomerovasquezPor su pertinencia histórica, les reproducimos este artículo de Baldomero Vásquez Soto publicado en soberanía.org en el año 201o. (lapatilla.com)

(Dedicado a la memoria de Orlando Zapata Tamayo)

“¡Fidel, seguro, a los yankis dales duro!” (Corean los asistentes).

“A los yankis hay que darles duro en muchas cosas ¡Pero también hay que darles duro en la agricultura!” (Les contesta el comandante).

Así daba inicio Fidel Castro al Discurso de Clausura del III Congreso Nacional de la ANAP (Asociación Nacional de Agricultores Pequeños) realizado el 18 de mayo de 1967.[1] Este discurso es posiblemente una de las piezas oratorias de mayor trascendencia pronunciadas por el Primer Secretario del Partido Comunista Cubano en sus cincuenta años de gobernante de Cuba.

En dicho discurso, Castro se refirió como tema central a la utopía comunista que en unas décadas construiría en Cuba, particularmente en el sector agrícola y a la superioridad del socialismo sobre el capitalismo. Hoy  nos encontramos en la privilegiada situación de poder evaluar los resultados que Castro había ofrecido alcanzar. Al utilizar los términos planteados por el propio líder histórico de la revolución cubana, esta evaluación se desarrolla en un espacio más objetivo que el usado por la propaganda revolucionaria, la cual se circunscribe a los temas de la invasión del Granma, la guerrilla de la Sierra Maestra, la toma del poder el 01 de enero de 1959 y “al criminal bloqueo comercial del imperialismo norteamericano”.

Fidel y el camino del comunismo

Para Castro, la utopía comunista se concretaría con el reparto gratuito de los alimentos y la extinción del dinero. Esto se lograría “a medida que se eleve la producción mediante el uso de la técnica”, lo cual permitiría una distribución de alimentos en exceso sobre las necesidades de la población.

Castro decía:

“Dentro de 15, dentro de 20 años… llegará el día en que las frutas, los vegetales, hasta la leche se distribuirá gratuitamente… Nosotros sabemos cuales van a ser los niveles de producción de este país dentro de algunos años… Llegará el momento en que podremos decirle al pueblo: el café que quieran vayan a buscarlo al mercado gratuitamente. Los capitalistas tienen problemas de mercado. Nosotros no tendremos problemas de mercado. ¿Cuánto café produciremos? Todo el que consuma por la libre y gratuitamente la gente… ¿Qué política seguir en la ganadería? Nos proponemos darle a la ganadería el mismo impulso que se le está dando al café”.

En el discurso Castro resaltó:

“Nosotros llegaremos a producir todos los pollos que no se comerá este país. Con todo el excedente exportable que este país va a tener en los años futuros podemos producir los pollos en cantidades astronómicas”.

La sobreproducción agrícola traería otra consecuencia de incalculable valor benéfico que distinguiría radicalmente al socialismo del capitalismo: “la eliminación del dinero”. Según el ideólogo y gerente de la administración socialista cubana:

“Llegará el día, señores, como resultado de los incrementos de producción, en que el dinero no valga nada. Llegará el día en que aquel que produce papas y entrega las papas, no recibe nada e irá entonces y buscará café, arroz, azúcar, ropas, zapatos, todas la cosas que necesite. Y suprimiremos el vil intermediario que es el dinero. Y eso es el comunismo. La revolución aspira un día a sustituir el dinero por la vía de brindarle al pueblo todo lo que necesita… Aquí el camino del comunismo es precisamente el camino ese en que no solo se da gratuitamente la educación… la asistencia médica… la vivienda.” 

Y antecediendo la consigna de cierre: “¡Patria o Muerte! ¡Venceremos!”, el comandante reiteraría su promesa de golpear a los yankis donde les duele:

“Vamos a darle duro a los yankis revolucionando nuestra agricultura… porque el golpe más doloroso que van a recibir los yankis es cuando sepan que a pesar de su bloqueo hemos superado todos los problemas, liquidamos la libreta y resolvemos los problemas de abastecimiento”. 



Lápida: Aquí yace la revolución cubana (01/01/1959 – 16/12/2001)

El domingo 16 de diciembre de 2001 arribó al puerto de La Habana el primer buque de bandera norteamericana después de 40 años de embargo comercial de EEUU a Cuba. [2] Aquel día murió la revolución cubana. Murió de fracaso, pues el portacontenedores “Express” transportó desde Gulfport-Misisipi a la isla una carga de 500 toneladas de pollo congelado. Este era el producto-símbolo del éxito de la agricultura socialista con el que Castro, 34 años atrás, había ofrecido que en el futuro golpearía a los yankis, ya que se estaría produciendo “en cantidades astronómicas”, repartiéndose gratuitamente a toda la población y exportándose sus descomunales excedentes.

El reconocimiento –real, no simbólico- del astronómico fracaso de la agricultura socialista cubana no se quedaría allí. Castro había declarado que aquella compra de alimentos se haría “por una vez”, dando a entender que las importaciones por $ 20 millones era “excepcional”, debido a los problemas causados por el huracán Michelle [3] y [4]. Sin embargo, las compras –de todo tipo de alimentos- de Cuba a EEUU llevan 9 años y ascienden a $ 3.170 millones en el período 2001-2009.[5] ¡Ingeniosa la manera como Castro revolucionó la agricultura! Y extremadamente humillante, ironías aparte, porque esas importaciones abarcaron los dos períodos del ex-presidente Bush en la Casa Blanca.
Los idólatras del cadáver embalsamado de la revolución cubana

La propaganda revolucionaria sigue imperturbable, como si estuviésemos antes de 2001. La denuncia contra el “criminal embargo de EEUU” continúa en la ONU, FAO, NOAL, OEA, UNASUR y en cuanto foro o cumbre internacional se realiza por parte de todo tipo de idólatras de Castro (Presidentes: Lula, Bachelet, Kirchner, Correa, Ortega, Morales, Chávez, Mujica; Académicos: Chomsky, Petras, Dieterich, Borón; Premios Nobel: García Márquez, Saramago, Menchú, Pérez Esquivel; Personajes de Hollywood: Penn, Spacey, Stone, del Toro; Periodistas: Ramonet, Tarik Alí; los ideólogos de la teoría de la dependencia, de la teología de la liberación y comunistas disfrazados de ecologistas).

Todos ellos lo que realmente veneran es al cadáver embalsamado de la revolución cubana, a la cual tratan como si aún estuviera viva.

Hay que admitir el éxito de esta gran operación de propaganda del embargo comercial a Cuba, pues hasta el Papa Benedicto XVI se ha hecho eco de ella. Declaró en diciembre, al agradecer el saludo de Raúl Castro trasmitido por el nuevo embajador cubano ante la Santa Sede, que “el embargo de EEUU sigue dañando a Cuba”.[6] La “buena” ideología se reconoce porque es inmune al desmentido de la experiencia, de los hechos. Que Cuba haya importado el 2009 un monto de $ 528 millones en alimentos de EEUU, pollos en primer lugar [7], no logra refutar en nada el cliché del “criminal embargo”.

Fidel Castro dice que estamos presenciando la crisis terminal del capitalismo norteamericano. Nosotros deseamos que esté equivocado para que Cuba pueda continuar importando alimentos de EEUU y su pueblo no muera de hambre.

 

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Notas:

[1] http://www.cuba.cu/gobierno/discursos/1967/esp/f180567e.html
[2] Nota del portacontenedores “Express” llegando al puerto de La Habana 
http://www.larepublica.com.uy/larepublica/2001/12/17/nota/65760

[3] Nota de la BBC, donde Castro dice que la compra es “excepcional por $ 20 millones 
http://news.bbc.co.uk/hi/spanish/business/newsid_1669000/1669492.stm

[4] http://www.soberania.org/Articulos/articulo_4846.htm
[5] http://www.cubatrade.org/CubaExportStats.pdf
[6] Declaración del Papa Benedicto XVI: 
http://www.elespectador.com/articulo176661-benedicto-xvi-dice-el-embargo-de-eeuu-sigue-danando-cuba

[7] Nota con las importaciones de alimentos de Cuba a los EEUU en el 2009:
http://www.flex-news-food.com/console/PageViewer.aspx?page=28450&source=xml

 

(*) Econ. Baldomero Vásquez Soto / Profesor de la Universidad del Zulia (1973-1991) / Esp. Universidad Católica Andrés Bello (1989) / E-mail: [email protected]

 

Original en http://www.soberania.org/Articulos/articulo_5610.htm