Una bola de fuego cruzó España de punta a punta en Nochebuena

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En Nochebuena, cuando las televisiones retransmitían el primer discurso del Rey Felipe VI, una bola de fuego atravesó España de punta a punta como si se tratara de una señal llegada del cielo. El bólido, que tuvo múltiples testigos, entró por la frontera entre Murcia y Almería y atravesó la península en diagonal, de sureste a noroeste, para acabar en el Atlántico, en la zona sur de Galicia. Se trata de lo que los científicos llaman un bólido rozador, una roca que entra en la atmósfera terrestre para después volver abandonarla y continuar su camino alrededor del Sol, publica abc.es.

«El bólido se inició a unos 105 km de altura sobre la localidad argelina de Tiaret, a las 21.06 hora peninsular española», explica José María Madiedo, profesor de la Universidad de Huelva y miembro de la Red Española de Investigación sobre Bólidos y Meteoros. La roca, de 100 kilos y apenas un metro de diámetro, entró en la atmósfera a una velocidad de 80.000 km por hora. El ángulo de entrada fue muy bajo, no llegó a los 4 grados respecto a la horizontal.

Entró en la Península por la frontera entre Murcia y Almería y cuando se encontraba próximo a la vertical de Ciudad Real, alcanzó su altura mínima, unos 75 km sobre el suelo. A partir de ahí, el efecto del bajo ángulo de su trayectoria unido a la curvatura de la Tierra hicieron que su altura fuese aumentando. Entonces pasó casi sobre la vertical de Ciudad Rodrigo, en Salamanca, y se adentró en Portugal. Después, sobrevoló Bayona, en Pontevedra, y cuando se encontraba a unos cien km de distancia de la costa gallega abandonó la atmósfera terrestre como si se tratara de una piedra que rebota contra el agua. En total, recorrió 1.200 kilómetros en un minuto. Por estos motivos, se trata de «un fenómeno tremendamente inusual», apunta el investigador. «El último comparable al que acabamos de observar sobre España se produjo el 29 de marzo de 2006 sobre Japón, con similar brillo, distancias y alturas».

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El meteoro no fue tan brillante como otros que se han observado en el cielo peninsular, pero sí se movió de forma muy lenta, lo que permitió a los testigos disfrutar de un espectáculo único. «Hay gente que vio el bólido mientras conducía, le dio tiempo a aparcar, salir del coche y todavía ver la luz en el cielo», dice Madiedo. Además, pudo ser ampliamente registrado por los sistemas de monitorización de la bóveda celeste.

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