¿De dónde viene la palabra “gracias”?

¿De dónde viene la palabra “gracias”?

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“Sólo un exceso es recomendable en el mundo: el exceso de gratitud”. Ya avisaba en el siglo XVII el escritor y moralista francés, Jean de La Bruyère, sobre la existencia de algo mágico, común a cualquier ser humano con independencia de su raza, clase social o condición, que establece la barrera del agradecimiento. Dar las gracias no cuesta dinero, tampoco hacen falta unos conocimientos previos, ni mucho menos es necesario pedir permiso para ello. Olvidando que la vida se construye mediante una cadena universal de favores, no hay persona, por desaprensiva que sea, que no haya correspondido una acción de la forma más inocente que hay. Sin embargo, para comprender la complejidad de una cosa tan elemental, nos hemos propuesto bucear en el origen de su significado, en la procedencia de la palabra más mágica que posee el diccionario. abc.es

La vigésimo tercera edición del Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, presentada el pasado mes de octubre, otorga hasta dieciséis acepciones para el vocablo «gracia», dos más que su antecesora de 2001. Aunque al frente de este listado se sitúa su signficado más universal y el que nos atañe en este caso, («cualidad o conjunto de cualidades que hacen agradable a la persona o cosa que las tiene»), también recoge otras definiciones tan dispares como el conocido ‘derecho de gracia’ («perdón o indulto de pena que concede el poder competente»), la acción de resultar simpático a alguien («capacidad de alguien o de algo para hacer reír») o el valor que atañe llevar a cabo una dificil empresa («proeza, hazaña, mérito»).
Ahondando en su origen, el término procede del latín («gratia») y la frase «dar las gracias» tiene su nacimiento en la expresión también latina «agere gratias», presente en varias ocasiones en una traducción oficial latina de la Biblia, universal para toda la Iglesia Católica: la llamada Vulgata. Antonio Dueñas, profesor titular de Lengua Española por la Universidad Complutense de Madrid, explica que entre las muchas acepciones de gracias está la de gratitud, «solía usarse en plural. Cicerón, por ejemplo, utiliza el mencionado ‘agere gratias’, o sea, ‘reconocer el agradecimiento’». Además resalta la versatilidad del vocablo, «desde el comienzo es un poco ‘comodín’ ya en el mundo latino. Está relacionada con ‘gratus’ y significa además ‘gracia’, ‘belleza’, ‘bondad’, ‘favor’, etc».

María Romero, licenciada en Filología hispánica y especialidada en la Enseñanza del Español como Lengua Extranjera (ELE), desvela que su gran variedad de significado está relacionado con «su derivación latina y a su vez su proveniencia indoeuropea. En el DRAE se nos muestran dieciséis acepciones, pero todas hacen referencia más o menos a lo mismo, una alabanza a alguien en voz alta, un agradecimiento, un favor…Siempre algo relacionado con un don o una concesión o una habilidad en la ejecución de algo». Dueñas señala la importancia de este tipo de palabras polisémicas para el correcto funcionamento de un idioma, «en todas las lenguas son necesarias; de lo contrario, sería imposible la comunicación, ya que es mucho más difícil que un hablante medio-estándar pudiera llegar a conocer tantas palabras».
«Un acto fundamental»

Aunque dado su carácter universal pudiera parecer a simple vista que el término ha adquirido una gran extensión, Dueñas incide en que no es del todo cierto, «no está tan generalizado el uso del término; más bien, se ha perdido en parte, porque se pierde la compostura social y lingüística. Creo que debe mantenerse, pues los rituales comunicativos, para acercar posturas y establecer contactos, son fundamentales en todas las lenguas». Mientras, Romero expone que «a pesar de la evolución de las lenguas no se extingue, ya que el ser humano siente la necesidad de agradecer y alabar a otras personas y divinidades. Cada país tiene su propia cultura, su pragmática… pero todos tienen en común el gesto de dar las gracias, es un acto fundamental en todas las culturas, que en mayor o menor medida, se sigue utilizando».

Ya lo ven, con un simple «gracias» se puede abrir cualquier puerta. Es justo reconocer la importancia de este noble gesto, bien sea para sacar una sonrisa, mostrar un gesto afable o simplemente reconocer lo que otros hacen por ti. Y no hace falta que Jean de La Bruyère diera la voz de alarma, basta con que usted, querido lector, haya entrado aquí para que quien suscribe estas líneas pueda seguir haciendo caso a su madre:

– «¿Qué se dice?»

– «Gracias».

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