Juan Jose Moreno A.: No es mentira, el chavismo sí cambió al país

thumbnailjuanjosemorenoLa festiva conmemoración de lo que recordamos como una fecha luctuosa, en virtud de las decenas de muertes que la intentona golpista causó, así como la generación de la falsa ilusión que se apoderó desde entonces de una gran porción de venezolanos que hoy se sienten frustrados, nos hacen recordar aquellas promesas de cambio con las que sus autores, encabezados por su “comandante eterno” engatusaron a medio país.

Enarbolando ideales de inspiración bolivariana, los autores del fatídico 4 de febrero de 1992, pintaron un cuadro de la desastrosa conducción de un país que, hasta la llegada del chavismo a Miraflores, respetó el juego democrático, incluyendo la alternabilidad gubernamental, independencia de las instituciones, descentralización de los poderes, respeto de las ideas, promoción de la inversión privada, fomento de la producción y la productividad de bienes y servicios, así como el ejercicio de la actividad comercial dentro de parámetros legales tolerables, y las posibilidades de disponer de divisas para abastecer al país de los insumos que permitieran una adecuada oferta de los productos alimenticios y medicinales requeridos por la población, entre otros.

El combate a la corrupción, respeto de los derechos y la vida humana, disminución de la burocracia parasitaria, mejora de los servicios públicos y la elevación de la producción y la productividad en el campo fueron las más emblemáticas propuestas de Chávez, pregonadas también después por el heredero del trono, y la gente se lo creyó.

Pero, apenas montado en el coroto, el chavismo definió el destino del país: el “mar de la felicidad” estaba representado por Cuba, de acuerdo con su “visión”, aquella isla del Caribe que detuvo su historia para ubicarse entre los de mayor pobreza y menor progreso en el continente. Y si algo ha sido cumplido por el chavismo, ha sido precisamente seguir al pie de la letra y defender a ultranza aquel fracasado modelo.

Jamás, se puede muy fácilmente palpar, había sido superado un estado de corrupción en Venezuela más grande que el actual, al punto de que el mayor volumen de divisas ingresado al país por ventas del petróleo fue dilapidado y esfumado por complicidad de quienes han tenido a su cargo la administración de estos recursos, y hoy estamos poniendo la cómica en el mundo en busca de una ayuda que nadie quiere ofrecer; jamás se conoció tal tamaño de la burocracia improductiva que hoy conforma el aparato gubernamental del régimen; nunca había sido tanta concentración de los poderes fundamentales del Estado en manos  de un solo grupo político; nunca los hospitales habían tocado fondo por falta de equipamiento, medicinas y de personal competente para atender las exigencias en materia de salud pública; nunca a pesar de las dificultades la producción agrícola y ganadera, así como de otros bienes había caído en tal grado de postración como la que se vive hoy, con la expropiación de fincas productivas para anular su actividad, y la implacable persecución contra quienes aun dentro de este dantesco cuadro se empeñan en mantener sus establecimientos comerciales en beneficio de la comunidad.

Realmente ha cambiado el panorama, y así lo percibimos: la semilla de aquel 4 de febrero realmente fructificó, pero como hierba mala, para colocar al país al nivel de los más empobrecidos del mundo, entre los de una carencia que se trata de ocultar a la fuerza, pese a las cada vez más largas colas en torno a los abastos para obtener los productos alimenticios requeridos para su subsistencia.

Pero, podríamos afirmar que una de las cosas positivas que sí podemos atribuirle a los gobiernos chavistas, es su importante contribución a la unificación de la familia venezolana: ya todos los miembros de un hogar se juntan para acudir a los mercados en busca de los alimentos que requieren, aprovechando el cupo de cada uno; el chavismo también unió al pueblo en las inmensas colas en torno a los supermercados; a los profesionales de todo el país que se juntan para repudiar al régimen por sus desaciertos y a los propios partidos políticos que realizan los mayores esfuerzos por la consolidación de un gran frente nacional que los saque, eso sí, por los votos, de un poder que usurpan; y ese frente, sabemos está contando con gente proveniente del propio chavismo,  y más aun hasta de militares, cuadros medios que, venciendo las tentaciones del trato preferencial dado a los integrantes de nuestras Fuerzas Armadas han puesto pie en polvorosa y denuncian desde fuera del país las cosas más terrible sobre el comportamiento y estatus moral de ciertos e influyentes personajes del régimen. Y todos saben, a quienes nos estamos refiriendo.