Amenaza de Estado Islámico impulsa negocio de armero curdo

(foto AP)
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En el taller del armero Bajtiyar Sadr-Aldeen, en una ciudad curda del norte de Irak, todas las armas cuentan una historia. Y en estos tiempos hay muchas historias que contar.

Sadr-Aldeen, un curdo iraquí, ha visto cómo su negocio crecía más de un 50% desde el pasado junio, cuando el grupo Estado Islámico tomó Mosul, la segunda ciudad de Irak, que se encuentra a 80 kilómetros (50 millas) al oeste de Irbil. El contingente curdo conocido como peshmerga lleva luchando contra los extremistas suníes de EI desde entonces, manteniendo a Aldeen ocupado.

“Ahora todo Irak está en guerra debido a Daesh”, dijo Sadr-Aldeen, empleando uno de los nombres empleados para la milicia Estado Islámico. “Por eso las arreglo. No podemos tirarlas, porque estamos en guerra”.

Aunque sólo tiene 36 años, ya tiene más de un cuarto de siglo de experiencia, lo que le convierte en el armero peshmerga más solicitado de la región. Ahora repara de ocho a 10 armas al día.

La semana pasada, un soldado peshmerga llevó un rifle M16, y Sadr-Aldeen lleva tres día intentando limpiarlo de sangre. El rifle, señaló, hizo un viaje muy largo y accidentado antes de llegar a manos de los curdos.

“Es un arma fabricada en Estados Unidos y entregado al ejército iraquí en Mosul. Daesh lo confiscó. Estaba en manos de Daesh, y hace cinco días cayó en manos de los peshmerga”, dijo.

La tienda, situada en un sótano del bazar de Irbil, es un lugar que los soldados conocen bien. Uno de sus clientes habituales es Darawan Abu Bakr, un combatiente de 28 años que estaba de permiso desde su puesto a las afueras de Kirkuk.

“Le traje ésta a Bajtiyar. Había un problema con la cámara, así que tiene que arreglarla”, comentó. “Le traje otras armas a Bajtiyar y las reparó todas. Es muy bueno en su trabajo. Ninguna de sus armas reparadas volvió a fallar. Todas funcionaron perfectamente”.

Sadr-Aldeen no trabaja sólo en su tienda. A veces viaja al frente, sobre todo para reparar armamento pesado que no se puede transportar. Los peshmerga envían un auto y le llevan al frente para que trabajo. Dice que no cobra por las reparaciones en el campo de batalla, señalando que es su forma de apoyar la causa.

Hay escasez de piezas, así que se ha visto obligado a perfeccionar su capacidad de improvisación. Hace poco, estaba trabajando en un resorte de una ametralladora “doshka” de fabricación soviética de más de 50 años. “Está muy débil. No dispara. Voy a endurecerlo de Nuevo poniéndolo en agua, porque no tengo piezas de repuesto para esto”, explicó.

Sadr-Aldeen, que tiene cinco hijos, lleva trabajando en la tienda que abrió su padre desde que era niño, como demuestran las fotos colgadas en las paredes. Pasó a ocuparse del negocio cuando tenía apenas 11 años, después de que su padre fuera arrestado por las fuerzas del ex líder iraquí Saddam Hussein. Su padre pasó 10 años en prisión y hoy sigue sin poder trabajar por problemas de salud.

Además de reparaciones, también hace modificaciones de armas, y está especialmente orgulloso de su trabajo con rifles Kalashnikov. Sadr-Aldeen mostró una de sus obras, con un cañón recortado que lo hace más ligero y capaz de disparar rondas más potentes.

“Modifiqué todas y cada una de las piezas (…) Lo hice hace 14 años. Está todo hecho a mano”, afirmó. AP