José Toro Hardy: La Guerra Económica

thumbnailjosetorohardyExiste un enfrentamiento cada más cruento entre  los fundamentos económicos universalmente reconocidos y las políticas económicas que viene aplicando el gobierno revolucionario de Venezuela.

El gobierno pretende que todos los males que afectan actualmente al país son el resultado de una guerra económica en la cual conspiran contra su estabilidad no sólo la derecha escuálida y el empresariado, sino también países como EEUU (el Gran Satán), España, Colombia (el eje Madrid-Miami-Bogotá), además de un creciente grupo de ex presidentes, parlamentos,  congresistas, políticos y organizaciones del mundo entero que han manifestado su preocupación por la situación de los Derechos Humanos en Venezuela y por la salud de la democracia en el país.

Por otro lado están conspiradores como Ricardo Haussman y Miguel Ángel Santos. Se trata de economistas de enorme prestigio internacional, profesores de la Universidad de Harvard y del IESA. El primero fue Ministro de Planificación y presidente del Banco Central de Venezuela, además de Economista Jefe del Banco Interamericano de Desarrollo y profesor de Economía del Desarrollo en el Kennedy School of Government.

Fue precisamente Haussman quien recientemente analizó ante el Centro Internacional de Desarrollo de Harvard el nuevo mecanismo cambiario del gobierno revolucionario.  Al respecto -según reseña del  Miami Herald-  Haussman estima que  antes de fin de año el dólar en el mercado paralelo habrá alcanzado los 800 bolívares por dólar.

¿Qué está ocurriendo? El gobierno había ofrecido que con el SIMADI le quebraría el brazo al dólar paralelo. Pero  en el SIMADI el dólar se acerca a los 180 bolívares sin mencionar siquiera al paralelo donde avanza hacia los 240.

Mientras tanto, el BCV -que perdió su autonomía y su función primordial de defender del valor de de la moneda- alimenta una carrera  alocada de crecimiento de la masa monetaria para poder financiar el enorme déficit fiscal. En la medida en que se incrementan los bolívares que circulan, aumenta la demanda de bienes de todo tipo -desde alimentos hasta vehículos, pasando por cualquier cosa- pero como estos bienes no se encuentran en cantidades suficientes, el excedente monetario se desvía hacia la demanda de dólares, con lo cual el dólar paralelo crece a niveles inimaginables.

Lo cierto es que no parece estar solo Haussman en su predicciones. El Fondo Monetario Internacional ha estimado que el PIB venezolano podría caer en un 7% en el 2015, en tanto que Bloomberg  News Survey ha presentado un  estudio en el cual analiza la 15 peores economías  (el índice de países con el peor ranking de miseria para el 2015), otorgándole a Venezuela el dudoso honor de encabezar la lista como la peor economía del mundo.

A la lista de conspiradores hay que agregar a todas las calificadoras de riesgo soberano que existen en el mundo, incluyendo a Dagong (China), que es la que más duramente ha criticado las políticas venezolanas.  Todas, sin excepción, han rebajado dramáticamente la calificación que le dan a la deuda soberana de Venezuela, asomando claramente su convicción de que existe un elevado riesgo de impago.

Mientras todo esto ocurre, las políticas económicas gubernamentales son las responsables de que Venezuela padezca de la mayor inflación del mundo y de que como consecuencia de ello se espere que en el 2015 los ciudadanos del país se van a enfrentar a un agudo empobrecimiento.

Todo lo que está ocurriendo es el resultado de muchísimos años de errores. Todos los economistas lo venían advirtiendo. Pero ahora las cosas se han acelerado en el marco de una fuerte caída en los precios del petróleo. ¿Cabe aquí preguntarse, cómo es que Venezuela no hizo ningún esfuerzo para disminuir su dependencia con respecto al petróleo a lo largo del período de mayor afluencia de ingresos petroleros? ¿Cómo es que desmontó el Fondo de Estabilización Macroeconómico que existía para enfrentar los vaivenes en los precios del petróleo?

Por otra parte, nada parece indicar que la escasez de bienes esenciales disminuya. Por el contrario en la medida en que se agotan los inventarios la escasez podría  agravarse. Y ahora, en lugar de crear crear políticas tendientes al aumento de las inversiones y de la  producción, surge la sospecha de que podrían estar planeando la venta de reservas de oro del BCV con el objeto de llenar los anaqueles algunos meses antes de las parlamentarias. ¿Y después, que van a hacer?

Salidas hay, desde luego, pero el oficialismo o no las entiende o no las acepta, dándole la espalda a la realidad. Eso sí,  lo que sí comprende a cabalidad, el costo políticos de las medidas que habría que tomar. Por ello ha optado achacarle a una supuesta ¨guerra económica¨ y a una conspiración  interestelar la culpa de todo lo que ocurre.

Aquí no hay ninguna guerra ni ninguna conspiración. Lo que se evidencia, cada vez de manera más contundente, es el rotundo fracaso del  conjunto de políticas económicas y de toda índole,  que nos están aislando y que pretenden enrumbar al país, a cualquier costo, a un tipo de socialismo que nunca funcionó en el mundo donde sólo fue capaz de ofrecer pobreza y gobiernos autoritarios en las naciones que lo padecieron.

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