Dayana Cristina Duzoglou: María Magdalena, la discípula amada de Jesús

thumbnailDayanaCristinaDuzoglou“No desesperéis, vosotros que soléis pecar, sino que, según mi ejemplo, restaurad vuestra relación con Dios”

Como cristiana siempre me ha apasionado estudiar la simbología, personajes y hechos que estuvieron presentes en la vida de Jesús y siempre me negué a solo guiarme por los evangelios que se encuentran en la Biblia, especialmente cuando descubrí que la Iglesia, por razones particulares, dejó por fuera muchos testimonios o evangelios señalados como apócrifos (por ser secretos) o extra canónicos, aún y cuando muchos de ellos procedían de los mismos apóstoles o testigos directos  del mensaje de Jesucristo. ¿Por qué los evangelios apócrifos que dan constancia de la niñez de Jesús como el evangelio de Santo Tomás o el evangelio de María Magdalena no figuran en la Biblia? Todo comienza con la fundación del cristianismo como Institución en donde un grupo de hombres decidieron cuáles documentos representaban a esa Iglesia naciente, los cuales, según ellos, estaban “inspirados por Dios”.

Creo que en el Siglo II D.C, era imposible que figurara en la Biblia el evangelio de una mujer ya que las mujeres éramos consideradas inferiores y la tradición patriarcal y masculina de la Iglesia lo excluyó. Pero ella fue una mujer única, estuvo siempre cerca de Jesús, al pie de la cruz, en el momento de su primera aparición al haber resucitado y quien, según su evangelio, fue quien más asimiló el mensaje de amor que Jesús, Dios hecho hombre, vino a darnos. En esta época de Semana Santa, creo importante compartir una visión muy particular de María Magdalena, visión por supuesto que nace de mucha investigación y lectura sobre el tema. Para mí, Maria de Magdala y la Madre Maria fueron y serán eternamente, quienes descifraron el corazón sagrado de nuestro amado Rabí.

“Myriam de Magdala”

(Fragmento del Evangelio de Maria Magdalena)

“Maria, Maria, reconóceme, no me retengas.

Enjuaga tus lágrimas y sabe que soy tu Maestro (…)

Deja de lado tu tristeza y hazme este servicio:

Se una mensajera para las almas errantes (…)

emplea toda tu habilidad hasta que hayas conducido las ovejas al Pastor.”

“Rabí, Maestro mío, cumpliré tus mandamientos,

con la alegría de todo mi corazón.

A él no daré descanso,

ni concederé el sueño a mis ojos”

Mucho se ha dicho sobre Myriam de Magdala a lo largo de un poquito más de dos mil años de historia del Cristianismo. Fue conocida como la pecadora arrepentida, la adultera, la prostituta penitente de largos cabellos y lágrimas eternas, la joven que “eligió la mejor parte” de Jesús, la mujer del frasco de alabastro que ungió al Maestro en Betania, a la que se le perdonaron sus muchos pecados porque mostro mucho amor, un amor tan inmenso que la hizo seguir a Jesús en cada uno de sus pasos, un amor que la hizo acompañarlo al pie de la Cruz cuando todos huyeron y la primera entre todos en ver a Jesús resucitado, resurrección que anuncia un Ángel a María Magdalena, quien sin miedo anuncio que Jesús estaba vivo. La figura de Myriam de Magdala se pierde de vista entre todas las mujeres y su genuina importancia queda quizás diluida y confundida.

Para seguirle le huella a María Magdalena y descubrir quien fue realmente ella, debemos recurrir al testimonio bíblico y los textos gnósticos encontrados en el desierto de Egipto en donde se muestra que fue la discípula que siguió a Jesús nuestro Mesías en pie de igualdad con Pedro, Juan y los otros. María Magdalena fue otra  apóstol de Jesús y su mensaje fue polémico y silenciado por anunciar a los apóstoles que EL AMOR ES MAS FUERTE QUE LA MUERTE.

Muy poco se sabe de la procedencia de Miryam de Magdala. Gracias a las excavaciones recientes de Migdal y a los escritos de Flavio Josefo y otros testimonios tomados de textos de la antigüedad, se puede deducir que María Magdalena creció como judía en una ciudad en la cual había penetrado la cultura helenística y se presume que María Magdalena debe haber tenido familiaridad con personas de diferentes nacionalidades y costumbres. María Magdalena había sido testigo de las grandes diferencias entre ricos y pobres, de los terrores provocados por la ocupación Romana y la resistencia en contra esta ocupación. Todo esto en una ciudad en donde la naturaleza se mostraba en su mejor aspecto: pesca, abundancia, riqueza de agua, una gran variedad de árboles frutales y arbustos y una intensa actividad comercial en donde los transeúntes extranjeros tenían múltiples oportunidades. Se dice que la ciudad de Magdala era una ciudad en donde la prostitución era común y de ahí quizás venga la mala fama de Myriam o María “de Magdala”.

Myriam de Magdala era hermana de Marta y Lázaro y antes de su conversión, había llevado una vida muy laxa. Se dice que había sido prostituta. Era cautiva de los 7 pecados capitales: orgullo, avaricia, glotonería, lujuria, pereza, envidia e ira. Según algunas historias, se había corrompido a causa de sus riquezas y de su hermosura. Según otras versiones, era la novia en las Bodas de Cana. Su novio Juan, se había quedado tan impresionado por el milagro hecho por Jesús, de convertir el agua en vino, que abandono a su nueva esposa para seguir a Jesús. Amargamente decepcionada, María Magdalena se fue a la ciudad de Jerusalén en donde cayó en desgracia.

Pero Jesús cambio eso. Finalmente, ella abandonó su vida mundana. Se arrodillo ante el público, le lavo los pies a Jesús siendo este un gesto de humildad y simbólicamente de sumisión al amor de Jesús a quien seguiría en su camino paso a paso. El ungimiento por la muchacha pecadora, Myriam de Magdala, es interpretado como un acto de Dios mismo.

María Magdalena, “la que ungió al Señor con perfumes y le seco los pies con sus cabellos” (Jn 11,2), se convirtió en una mujer iluminada, pudiendo entablar un diálogo abierto con Jesús de tú a tú. Maria Magdalena también fue la portadora del ungüento para embalsamar el cuerpo de Jesús y fue ella y no Pedro o algún otro apóstol, la primera testigo de la resurrección de Jesús, nuestro Mesías.

“Pasado el sábado, al amanecer del primer día de la semana, fueron María Magdalena y la otra María a ver el sepulcro”. Mt 28

Pero lo más grande de su vida fue el gran regalo de amor que Dios le hizo a ella, como regalo a un amor tan fiel y entregado. La hizo testigo de la resurrección y anunciadora de ésta a sus hermanos en la fe:

“[10] El primer día después del sábado, María Magdalena fue al sepulcro muy temprano, cuando todavía estaba oscuro, y vio que la piedra que cerraba la entrada del sepulcro había sido removida. [2] Fue corriendo en busca de Simón Pedro y del otro discípulo a quien Jesús amaba y les dijo: «Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto.» [11] María se quedaba llorando fuera, junto al sepulcro. Mientras lloraba se inclinó para mirar dentro [12] y vio a dos ángeles vestidos de blanco, sentados donde había estado el cuerpo de Jesús, uno a la cabecera y el otro a los pies. [13] Le dijeron: «Mujer, ¿por qué lloras?» Les respondió: «Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto.»

[14] Dicho esto, se dio vuelta y vio a Jesús allí, de pie, pero no sabía que era Jesús. [15] Jesús le dijo: «Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas?» Ella creyó que era el cuidador del huerto y le contestó: «Señor, si tú lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo me lo llevaré.»

[16] Jesús le dijo: «María». Ella se dio la vuelta y le dijo: «Rabboní», que quiere decir «Maestro». [17] Jesús le dijo: «Suéltame, pues aún no he subido al Padre. Pero vete donde mis hermanos y diles: Subo a mi Padre, que es Padre vuestro; a mi Dios, que es vuestro Dios. »

[18] María Magdalena se fue y dijo a los discípulos: «He visto al Señor y me ha dicho esto. »”. Jn 20,1-18

 

EVANGELIO DE MARÍA MAGDALENA

(Fragmento griego)

«… lo restante del camino, de la medida justa, del tiempo, del siglo, descanso en silencio». Dicho que hubo esto, María calló, como si el Salvador le hubiera hablado (solamente) hasta aquí. Entonces dice Andrés: «Hermanos, qué os parece de lo dicho? Porque yo, de mi parte, no creo que haya hablado esto el Salvador, pues parecía no estar de acuerdo con su pensamiento». Pedro dice: « ¿Pero es que, preguntado el Señor por estas cuestiones, iba a hablar a una mujer ocultamente y en secreto para que todos (la) escucháramos? ¿Acaso iba a querer presentarla como más digna que nosotros?»

 (Fuente: Los Evangelios Apócrifos, por Aurelio De Santos Otero, BAC)

EVANGELIO DE MARÍA

(Fragmento copto berlinense)

[Faltan las páginas 1-6].

PALABRAS DE JESÚS

La materia y el mundo

7 […] entonces, ¿será destruida o no la materia? El Salvador dijo: «Todas las naturalezas, todas las producciones y todas las criaturas se hallan implicadas entre sí, y se disolverán otra vez en su propia raíz, pues la naturaleza de la materia se disuelve en lo que pertenece únicamente a su naturaleza. Quién tenga oídos para escuchar, que escuche.

La materia y el pecado

Pedro le dijo: «Puesto que nos lo has explicado todo, explícanos también esto: ¿cuál es el pecado del mundo?». El Salvador dijo: «No hay pecado, sin embargo vosotros cometéis pecado cuando practicáis las obras de la naturaleza del adulterio denominada «pecado». Por esto el bien vino entre vosotros, hacia lo que es propio de toda naturaleza, para restaurarla en su raíz».

Últimos preceptos

Después de decir todo esto, el Bienaventurado se despidió de todos ellos diciendo«La paz sea con vosotros, que mi paz surja entre vosotros. Vigilad para que nadie os extravíe diciendo: «Helo aquí, velo aquí», pues el hijo del hombre está dentro de vosotros; seguidlo»

10 Pedro dijo: «Maria, hermana, nosotros sabemos que el Salvador te apreciaba más que a las demás mujeres. Danos cuenta de las palabras del Salvador que recuerdes, que tú conoces y nosotros no, que nosotros no hemos escuchado». Maria respondió diciendo: «Lo que está escondido para vosotros os lo anunciaré». Entonces comenzó el siguiente relato:

PALABRAS DE MARÍA MAGDALENA

Visión de María

«Yo —dijo— vi al Señor en una visión y le dije: «Señor, hoy te he visto en una visión». Él respondió y me dijo: «Bienaventurada eres, pues no te has turbado al Verme, pues allí donde está el Intelecto, allí está el tesoro».

(Para continuar leyendo el texto aquí: https://books.google.co.ve/books?id=FlYEhyUD1koC&pg=PA135&lpg=PA135&dq=vi+al+Se%C3%B1or+en+una+visi%C3%B3n+y+le+dije:+%C2%ABSe%C3%B1or&source=bl&ots=MwiFUxCqe_&sig=oh25vKV6nt178xf_4jv6GLUZPfQ&hl=es&sa=X&ei=EcQYVdX-J8HasASI_4DIBA&ved=0CBwQ6AEwAA#v=onepage&q=vi%20al%20Se%C3%B1or%20en%20una%20visi%C3%B3n%20y%20le%20dije%3A%20%C2%ABSe%C3%B1or&f=false )

“María Magdalena la bien amada, reveladora de Jesús”

Es muy importante entender el mensaje de Jesús plasmado en el Evangelio de Maria Magdalena. También mediante este evangelio considerado apócrifo por la Iglesia, podemos entender mucho más el rol de discípula que ejerció María y el enfrentamiento que hubo entre Pedro, Andrés y ella la hora de entender el mensaje de Jesús. Maria Magdalena era una mujer entregada a entender el mensaje del Señor haciendo pocas preguntas pero fundamentales. Además de hacer preguntas, Maria Magdalena interpreta el mensaje del Señor. Tiene buenos conocimientos de la Escritura y las palabras de Jesús, e indaga su significado de manera independiente. En la Pistis Sophia, cita a Isaías y los Salmos. Memoriza las palabras de Jesús citando incluso, dichos sapiensales de Jesús en el “Dialogo del Salvador”. Ella decía esto como una mujer que entendía todo y su opinión se tenía en gran estima. En el Evangelio de Felipe, el autor relata que Cristo amaba a Myriam de Magdala más que a los otros discípulos. Cuando los discípulos le preguntan el por qué, el Señor responde:

 

“¿Porque no los amo como a ella? Si un hombre ciego y uno que ve están juntos en la oscuridad, no se diferencian uno del otro. Cuando llega la luz, entonces aquel que ve verá la luz, y el ciego permanecerá en la oscuridad”

(Evangelio de Felipe 64,1-10)

Maria Magdalena es así comparada con alguien que “ve”. Ella puede ver la luz en la noche del mundo y aunque no existen diferencias entre los discípulos, a la llegada de la luz, muestra que si las hay. Están aquellos que ven y aquellos que son ciegos. (Evangelio de Felipe 63,34-35)

Myriam de Magdala es fecundada por la gracia que hay en Cristo. Acoger su gracia la hace nacer de nuevo y creo que si María Magdalena tuviera la oportunidad de dar un mensaje a las mujeres de hoy sería “Los grandes cambios basados en el amor residen en sus almas libres. Que Jesús no muera otra vez en la cruz, es su misión diaria”