El lado humano de la basura

Las personas seleccionan desde plásticos, aluminio, cobre y otros objetos
Las personas seleccionan desde plásticos, aluminio, cobre y otros objetos


El sol apenas sale y con él decenas de personas acuden con paso desganado al vertedero de Los Pulgos, en Upata, estado Bolívar, para escarbar entre la basura durante horas y recoger plástico, vidrio, aluminio y metal que luego revenderán a empresas de reciclaje. El vertedero municipal de Piar, situado en los alrededores del sector Los Chorros y la autopista Manuel Piar, representa una fuente de ingresos para cientos de familias. María Martínez/ Nueva Prensa Guayana

Miles de habitantes producen inmensas cantidades de basura que tienen como destino final los vertederos municipales. Hay un grupo de individuos que se dedican a escarbar entre los desechos, con la esperanza de encontrar allí algo que pueda ser vendido, sin medir los daños que pueden acarrear a su salud.

Aunque los resultados de una jornada de trabajo en el vertedero son inciertos, muchos de los que ahí laboran expresan estar satisfechos, pues aseguran que “al menos no están delinquiendo”. No obstante, el ambiente hostil y la precaria forma de trabajo es digna de ser relacionada con la palabra “necesidad”.

Los hombres, mujeres y niños que trabajan en los rellenos sanitarios, en su mayoría, tienen grandes sueños, aunque manifiestan sentirse tranquilos y honrosos de su labor, anhelan trabajar en otro tipo de negocio, pero la necesidad los llevó a tener que arriesgarse a remover con sus propias manos residuos peligrosos como: plomo, asbestos, materia fecal, cadáveres de animales, vidrios rotos, entre otros objetos.

No tienen opciones

Bajo temperaturas extremas tales como; la lluvia, el viento y el sol, expuestos a innumerables enfermedades y afecciones físicas producto de la incomodidad del trabajo e incluso con dolor de espalda y extremidades, pero no les queda otra opción que seguir luchando y seleccionando entre los escombros algún objeto que les permita obtener un poco de dinero.

“Aquí se tiran residuos industriales, sanitarios y residenciales procedentes de todo el municipio”, dijo Luisa Caripe, quien frecuenta diariamente el vertedero, lo cuenta sin emocionarse, resignada tras esperar una alternativa de empleo que nunca llega por parte de los entes gubernamentales. “Hay tanto desempleo que muchos preferimos arriesgarnos con tal de poner un plato de comida en nuestra mesa”.

Ella comenzó a visitar ese sitio desde hace diez años, junto a su marido e hijos. Sentada en un montón de basura, se toma un descanso y, aunque quisiera ocupar su tiempo en otra labor, no puede porque debe ayudar a su pareja a seleccionar los desechos que le van a permitir obtener una ganancia para alimentar sus ochos pequeños y prepararse para esperar el nuevo integrante de su familia ya que se encuentra embarazada.

“Al menos aquí puedo conseguir algo de dinero, no es mucho, pero podemos vender plástico, aluminio, cobre, y otros desechos que nos los compran los chatarreros de acuerdo a su peso, para nosotros un buen día podemos obtener hasta 1.000 bs, dependiendo lo que vendemos y eso es lo justo para comer y guardar algo para los días menos productivos”, añadió.

Niños también escarban

Lo más crítico de este sitio es la cantidad de niños y adolescentes que hacen vida en este espacio que implica un factor de riesgo para la vida, sobre todo cuando se exponen a innumerables bacterias. Pero lo más extraño, es que organismos e instituciones que conocen esta situación permiten, que estos jóvenes laboren en estas condiciones sin tomar en cuenta su salud y futuro.

Por otro lado, están los padres que laboran diariamente en estos sitios con la meta de levantar un hogar, además de las madres solteras, que buscan que sus retoños puedan ir a la escuela y tener algo para comer. Es así, que el sacrificio de tener un empleo digno como este en el municipio, involucra una fuerza de voluntad que no todos tendrían capacidad de asumir.

Orlando García, llegó al vertedero porque no tenía trabajo y debía mantener a su familia de alguna forma, asegura que no ha tenido malas experiencias y que prefiere trabajar honradamente “tengo muchos años acá en el vertedero de basura y he salido de muchas adversidades gracias a este trabajo, pero me siento orgulloso de lo que realizo por el bienestar de mis 10 hijos y mi esposa”.

La mayoría de los entrevistados reconocen, que el manejo inadecuado de los residuos sólidos, producto de las condiciones de insalubridad que presentan los desechos constituyen una amenaza real y potencial para la salud humana y el medio ambiente, pero este grupo de personas no tienen otra manera de obtener un salario digno, manifestaron.

Buscan un poco de dinero

Para García el levantarse diariamente y realizar este tipo de labor es una forma de olvidar los problemas económicos por los cuales atraviesa el país, aunque es productor de los principales rubros agrícolas en una zona muy cercana a este vertedero, reconoce que todos los días obtiene algún tipo de dinero de la venta de algunos objetos que selecciona en dicho sitio.

Mientras Jacinta Valor, una menuda mujer de 62 años, explica que todos los fines de semana revuelve las bolsas de basura, apoyada sobre un bastón de madera, con su andar frágil, gana algo de dinero que le permite obtener algunos de los productos de primera necesidad, dice, que esta tarea puede ser peligrosa, pero desde hace muchos años ha sido la labor que desarrolla, porque no cuenta con otra fuente de empleo y debe apoyar a su hija.

A pesar que vive bastante retirada del vertedero de Los Pulgos, para ella y su hija Jenny Valor no les es difícil llegar a las montañas de basura a cumplir con su labor cotidiana. Al momento que ingresa al citado lugar, se siente muy cansada y debe reposar en cualquier lugar para seguir con su faena, ya que escarba para encontrar ropa en buenas condiciones, cartones de huevo, plásticos, aluminio y otros objetos que son vendidos.

Muchas de estas personas no tienen otra opción, en el caso de Luis Rendón, él labora de lunes a viernes en las compactadoras de la Fundación Yocoima, pero considera que esta es otra manera de ganarse la vida honradamente, tiene algunos sueños como padre de tres niños, uno de ellos es contar con un trabajo que le garantice los beneficios contractuales para él y su familia, porque el salario percibido no cubre todas las necesidades de su hogar.

“Tengo que seguir recolectando plástico, aluminio, cobre y otros objetos para poder sobrevivir, me siento orgulloso de seleccionar estos objetos en este vertedero, muchas personas nos ven con mala cara, somos seres humanos iguales que cualquier profesional, que no tuvimos la oportunidad que alguno de ustedes tienen, eso es parte de los vaivenes de la vida, pero uno debe luchar para lograr nuestras metas”, afirmó.

El lugar donde descansan los recicladores no reúne las condiciones adecuadas
El lugar donde descansan los recicladores no reúne las condiciones adecuadas

Prohíben labor en vertedero

Según Robinson Morillo, director de la Fundación Yocoima, unas 180 toneladas de basuras son colocadas diariamente en el vertedero Los Pulgos. El funcionario reiteró la prohibición de entrada a personas ajenas a la municipalidad en cualquier trabajo relacionado a la recolección y selección de desechos.

“Nosotros mantenemos un control en el lugar y exhortamos a los hombres, mujeres y niños e incluso adultos mayores que no estén de forma ilegal en esa zona, porque la selección de los desechos sólidos puede traerles consecuencias en materia de salud, debido a la cantidad de basura en estado de descomposición que son llevadas al lugar”, sostiene el director.

Mientras José Muñoz, coordinador del servicio de ingeniería en el Distrito Sanitario N° III, informó que la cantidad de personas que se llegan al lugar se produce motivado, que las autoridades municipales no le están dando el debido manejo a los desechos y eso es una razón para que los excavadores recolecten toda clase de escombros que sean de utilidad para beneficios personales, además no cuentan con la más mínima higiene ni seguridad.

En esa misma línea, el epidemiólogo del Hospital Gervasio Vera Custodio de Upata, Alexis Rivas aseguró que la basura recolectada y depositada sin ningún control origina una amplia gama de problemas sanitarios que se traducen en el incremento de enfermedades como el dengue, Leptospirosis y enfermedades gastrointestinales, además los desechos son propicios para la proliferación del vector del dengue.

El especialista anexa, que en Venezuela existen normas muy claras que regulan la producción, recolección, clasificación y la disposición final de la basura, “pero no se cumplen, no se clasifican los desechos y se depositan en el mismo recipiente los biológicos, tóxicos, sólidos, plásticos, todo lo cual representa un riesgo para la población y más para estas personas que ingresan en los vertederos”.

Las enfermedades más comunes que generan la mala disposición de desechos son de piel (piodermitis, escabiosis, dermatitis) y afecciones respiratorias como neumonía. “Es una situación severa en el país, porque la población no tiene cultura para clasificar los desechos, proceso que haciéndose adecuadamente podría convertirse en una fuente de ingreso”, concluyo Rivas.