Lester Toledo: La ridiculez de Panamá

thumbnaillestertoledoabr2014Aunque los amigos maduristas salieron desesperadamente a defender lo indefendible hablando de una “victoria en Panamá”, el fracaso histórico de Nicolás Maduro rayó en el ridículo en la Cumbre de las Américas en Panamá y eso está a la vista de todos los venezolanos, y voy a explicar porqué.

El primer traspié comenzó justo antes de viajar con la fraudulenta recolección de firmas, con la cual incluso amenazaron a empleados públicos y contratistas. A pesar de eso, los números de rubricas que muestran, son evidentemente cuestionables pues todos vimos la escasísima presencia de gente firmando. Vacías estaban las carpas habilitadas y pagadas con dinero de todos los venezolanos. Primera ridiculez.

Después estuvo el abultado cortejo presencial pues, cual rey bizantino, Maduro se hizo acompañar de una comitiva de aduladores y lo que es peor, un doble para distraer la atención, maniobra propia de dictadores, con lo cual se acentuó más aún su ridícula actitud y con el propósito de llamar la atención sobre un supuesto plan magnicida con lo que no logró mayor repercusión.

Pero la bufonada mayor fue que, después de haber obligado y perseguido a empleados públicos para que firmaran el manifiesto que le pedía a Obama derogar la medida contra los siete funcionarios del Gobierno acusados de corrupción y violación de derechos, las firmas que habían recolectado se quedaron en Venezuela. Pese a la bravuconería y amenazas y consignas altisonantes, Maduro decidió no entregarle nada a Obama y todo ese dinero gastado en toldos y jornadas de recolección fue inútil pues las supuestas 10 mil y tantas firmas recabadas dormirán el sueño de los justos en el Archivo General de la Nación. Para nada tanto papel.

Pero además Maduro no solo tuvo que escuchar las protestas de los venezolanos con pancartas, si no que volvió a escuchar las cacerolas en Panamá, no una, sino dos veces. A la par de esto, 26 expresidentes americanos y españoles firmaron un documento donde se pronunciaron para que se libere a los presos políticos y se respeten los derechos humanos en Venezuela, incluso la voz de la presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, se dejo escuchar a favor de las libertades.

Desesperado por su insípida imagen continental, intentó nuevamente robarse el “show” y se dirigió al populoso barrio El Chorrillo. Allí visitó el Monumento en honor a los caídos durante la invasión militar gringa donde capturaron a Manuel Antonio Noriega en diciembre de 1989 y se comprometió con sus representantes de entregarle personalmente al presidente de Estados Unidos una carta de indemnización. Otra necedad más.

Para colmo, Maduro concluyó mal, pues en su discurso no solo se expresó mal de los EEUU y del presidente Obama (quien no estuvo presente durante el discurso de Maduro porque estaba reunido con Juan Manuel Santos) si no que utilizó palabras groseras e inadecuadas para un Jefe de Estado, el Presidente de Venezuela, entre otras cosas, manifestó indignado que “yo me encabrono cuando hablan de Venezuela, porque yo no opino de ningún país”.

Sin duda alguna Maduro, su doble y la gran comitiva que lo acompañaba regresaron a Caracas cargando un fracaso más, sin nada que aportar a los venezolanos.

@LesterToledo