Carta abierta a los funcionarios policiales por @OmarVillalba

thumbnailomarvillalbaAyer una representación de familiares y funcionarios marcharon para llamar la atención sobre el valor de la vida de un policía. En cada rostro vi dolor y preocupación, por un problema que ataca a uniformados, civiles, y todos los que amanecemos bajo el sol venezolano. Estamos bajo una campaña de exterminio cuyas cifras impresionan hasta a aquellos países que viven en conflicto.

Pero ustedes los policías, se han convertido en el proyecto de ascenso de malvivientes quienes con su asesinato ganan réditos en su bizarra jerarquía delictual, lo cual constituye una abominación social  sin precedentes en la historia de Venezuela.

Nunca olvidamos que detrás de un uniforme, sentado en una patrulla, dirigiendo el tráfico en sol o lluvia,  hay un ser humano que tiene familia, un ser humano que hace mercado, que no le alcanza el salario, que se enferma y vive los problemas que enfrentamos todos. No nos llamemos a engaño, como en toda organización, siempre pueden haber manzanas podridas que traicionan el juramento de su cuerpo policial, pero la gran mayoría de los funcionarios tienen una gran vocación de servicio y eso merece  el respeto y respaldo de los ciudadanos.

Son nuestros uniformados, héroes anónimos que decidieron entrar a la academia porque creyeron que podían transformar su entorno y convertirlo en un sitio más seguro, aún a riesgo de su propia vida. No puedo dejar de mencionar la indignación que me invade cuando observo que los burócratas, a quienes les corresponde revertir la situación y establecerlas medidas para evitar que sigan matando a más venezolanos,  inmoralmente voltean su  rostro y lanzan hipótesis políticas inverosímiles, mientras que en la realidad de la calle, nuestros oficiales mueren a razón de tres policías cada semana durante todo este año.

Propongo unificar los beneficios sociales y salariales de nuestros funcionarios policiales. Detrás de cada cuerpo municipal se esconde el drama de policías que arriesgan su vida pero ganan mucho menos que otros, porque cada municipio tiene diferentes ingresos y eso genera profundas desigualdades entre cuerpos de seguridad que a veces trabajan lado a lado.

Hay que establecer un plan social  hacia todas las policías de Venezuela cuyos recursos sean dirigidos a las alcaldías directamente desde el Gobierno Nacional. Los policías merecen tener planes de jubilación, de vivienda, de salud, pensiones de sobreviviente, becas educativas y el acceso a las mejores tecnologías para el combate del delito. Para lograrlo hay que dejar atrás mezquindades políticas y que exista verdadero respeto hacia la labor de estos funcionarios.

Pero no solo el reconocimiento económico, la sociedad tiene una deuda de respeto por el oficial, y no por el temor a represalias, sino por el servicio que prestan. Desde el Concejo Municipal de Baruta incentivamos el reconocimiento al mejor desempeño con la orden de la Municipalidad, donde cada año las comunidades del municipio a través de los consejos comunales, asociaciones de vecinos y grupos organizados premian a aquellos polibaruta que han tenido un comportamiento de apoyo, excelencia y profesionalismo en su labor frente a los vecinos.

No hay vidas más valiosas que otras, los policías deben proteger la suya propia y respetar la del ciudadano, y aquellos desviados quienes han hecho un negocio de la muerte, deben ser aislados, reducidos y reeducados por un Estado firme, con medidas conectadas con el poder judicial, las fuerzas públicas, las universidades, academias, cultura, seguridad social, con todos los niveles de gobierno y sin egoísmos politiqueros que han propiciado la violencia y la impunidad.

Cuando matan a un policía se pierde una vida, el sustento de una familia, hijos huérfanos y una madre marcada por siempre,  y como una cadena de horror, un funcionario menos implica que otras vidas se perderán al no contar con un guardián del orden en su comunidad.

A cada esposa, madre hija que ha perdido su ser querido por el hecho de ser policía, les ofrezco mi solidaridad. A los policías, en especial a los de Baruta, a quien le tengo tanto aprecio y amistad, tengan la seguridad de que somos millones de venezolanos quienes agradecemos y valoramos lo que hacen cada día. No están solos.

Invoco las palabras de San Juan Pablo II, tan querido por estas tierras tropicales quien señaló que “la eliminación directa y voluntaria de un ser humano inocente es siempre gravemente inmoral”, mientras clamaba por el respeto a la vida, que “es fundamento de cualquier otro derecho, incluidos los de la libertad”. Entonces para detener esta orgía diaria de sangre y balas no hay otro camino que rescatar el valor de la vida, de toda vida.