Hernán Castillo: A cien años del Genocidio Armenio

Hernán Castillo: A cien años del Genocidio Armenio

HernanCastilloArmeniaDiscurso

 

Altamente  agradecido a la comunidad armenia en Venezuela, especialmente al presbítero Ramón Vinke, Secretario General del Consejo de las Iglesias Históricas de Caracas y al presbítero Gomidás Ohanian, Arzobispo de la Iglesia Apostólica Armenia por la oportunidad de ponerme en contacto con los estudios armenios y compromiso que significa  el honor de pronunciar estas palabras, cuando tal día como el 24 de abril de 2015 se cumplen 100 años, un siglo, del Genocidio Armenio.





El objetivo de estas palabras es recordar, revivir, tener presente y no permitir el olvido de la existencia del Genocidio Armenio, negar su existencia es simplemente tratar de prolongar en el tiempo su existencia y eso la humanidad no lo puede  permitir.

De tal manera  que el propósito de reunirnos el 25 de abril de 2015 en Caracas para conmemorar un siglo de la muerte de millón y medio de seres humanos, es mantener en nuestra memoria el triste recuerdo de la aniquilación premeditada y exterminio del Holocausto que significó la matanza premeditada y masiva del Estado turco de millón y medio de armenios indefensos, inocentes y pacíficos trabajadores el 24 de abril de 1915.

Un tema de estudio e  investigación importante son las raíces históricas, étnicas y culturales armenias. Los griegos crearon la expresión “armeni” y en antiguo persa “arminia”, para definirlos como  grupo humano autóctono integrado por migraciones de origen  indoeuropeo, que cerca de 900 años antes de Cristo llegaron y se establecieron en el pie de monte del Ararat, donde encalló el Arca de Noé, y en el altiplano donde nacen los ríos Tigris y Éufrates, donde nació la civilización occidental. Según el historiador armenio Moisés de Corene los armenios se asentaron en las faldas del Monte Ararat cerca de 2.500 años antes de Cristo, por lo que se puede afirmar que los armenios tienen cerca de 5.000 años de historia. Pero como si 5.000 años de existencia fuera poco, los armenios adoptaron la fe cristiana en el año 301 como identidad armenia milenaria, por el apostolado de San Bartolomeo y San Judas Tadeo.

Actualmente los armenios son alrededor de unos 11 millones, 3 millones están en la República de Armenia y 8 millones en la Diáspora, de los cuales en Venezuela hay aproximadamente unos 3.000 armenios.

Poner en pocas palabras el tema armenio requiere de un esfuerzo intelectual especial. No es nada sencillo resumir el origen y desarrollo de la historia Armenia y en particular la tragedia del Genocidio, pero vale la pena hacer el intento.

Armenia fue una de las primeras regiones de la tierra en que el hombre se hizo sedentario por el desarrollo de la agricultura, los metales y la alfarería. Y hoy, en los comienzos del siglo XXI, Armenia está llamada a recuperar las fuerzas más profundas de su historia e idiosincrasia y convertirse nuevamente en una nación con las mayores posibilidades de desarrollo en la región del Cáucaso, y recuperar la posición que siempre ocupó en los inicios de la civilización.

Una de las causas del Genocidio Armenio fue el desmembramiento del Imperio Otomano,  que a mi juicio comenzó en 1812 con la independencia de Grecia. El Genocidio Armenio tiene uno de sus antecedentes en la lucha por el derecho de los pueblos a ser libres; el Genocidio Armenio comenzó con el surgimiento de movimientos independentistas precursores, por allá  a finales del siglo XIX entre 1894 y 1896, cuando el Sultán Hamid II, también conocido como “El Sultán Sangriento” asesinó a cerca de 300.000 armenios en Anatolia. En 1862 tropas turcas le imponen un cerco a Zeitun con la tenaz resistencia de su población armenia y en 1864 logran su autonomía. En 1867 se funda la organización política “La joven Turquía” para luchar contra el Imperio Otomano. La “Joven Turquía” se divide y da origen al Partido político “Comité Unión y Progreso” quienes organizan el Genocidio Armenio en 1915.

En 1876 el Primer Ministro Británico William Gladstone publicó el trabajo “Los horrores de los turcos contra los búlgaros y la Cuestión de Oriente”. Es decir, alrededor de 1895 como fecha media entre 1894 y 1896, y el año 1915 apenas hay unos 20 años cuando los armenios son víctimas de dos Genocidios.

En 1904 en el Lago Van, en las montañas Sasun, hubo otras matanzas de armenios y en 1905 los turcos masacran las poblaciones armenias de Najicheván, Bakú y Karabaj. Igualmente en 1907, en Cilicia, los turcos mataron 30.000 armenios en la ciudad de Adana. En 1908, la nueva Constitución de la Revolución de los “Jóvenes Turcos” establece la representación proporcional armenia, en el Parlamento. En 1909 estalla un movimiento contra revolucionario y los “Jóvenes Turcos” se refugian en Estambul y derrocan al Sultán Hamid, pero en relación a los armenios la política siguió siendo la misma que el gobierno anterior. Al año siguiente, en 1910, se reúne en secreto, en Salónica, el Congreso de los “Jóvenes Turcos” y se plantea la ideología “Panturquista, de exterminio de los disidentes”. En 1911 se reúne el Congreso del Partido “Comité Unión y Progreso” y ratifica su racismo. Dos años después, en 1913, en la ciudad de Bayazid, se reúne el “Congreso Panturánico”, y una de sus conclusiones, fue la participación de Turquía en la Primera Guerra Mundial en apoyo a los alemanes. Los “Jóvenes Turcos” dan un Golpe de Estado, y se constituye el triunvirato del Genocidio Armenio, Taleat: ministro de interior. Enver: ministro de guerra y Djemal: ministro de marina. El 31 de octubre de 1914 el Imperio Otomano  entra en la Primera Guerra Mundial.  Para finalmente llegar al fatídico 24 de abril de 1915.

A partir del  24 de abril de 1915 fueron masacrados cerca de un tercio de la población mundial armenia; y la mitad, cerca de dos millones de armenios, niños, mujeres, ancianos, hombres, la clase profesional, intelectuales, técnicos, científicos, empresarios, y la dirigencia armenia que poblaba Turquía para esa época.  Sistemáticamente fueron seleccionados y escogidos de primero los hombres en las edades productivas para llevarlos al cadalso, luego las mujeres, ancianos y niños.

Pero más aún, un Genocidio no es sólo la salvaje matanza de millones de vidas humanas por parte de un Estado, es mucho más que eso, que ya es extremadamente grave. Un Genocidio también es la atrocidad de tratar de ponerle término material y límites físicos, organizada y sistemáticamente a la existencia y posibilidades de desarrollo de una cultura, unos valores humanos, una raza, una religión, una lengua o idioma, una etnia; en fin, un Genocidio se propone exterminar profundamente una filosofía de la vida y la civilización, como fue el caso de la población armenia del Imperio Otomano, durante varios años.

Repito, no se trata exclusivamente de la eliminación física masiva violenta, sino también un Genocidio trata de hacer el mayor de los daños y ocasionar el mayor dolor y sufrimiento por medio del hambre, la sed,  la tortura, el sufrimiento, las violaciones y abusos, el desarraigo violento y forzoso, las deportaciones, expropiaciones, secuestros y desapariciones, humillaciones y todo tipo de maltratos, penurias y vejaciones sicológicas y materiales.  Es decir, el Genocidio también es un método, una tipología horrenda, brutal, cruel de muerte violenta y sufrimiento humano para tratar de exterminar y eliminar la existencia de una raza, una cultura, una religión, una lengua o idioma, una etnia, o un grupo humano.

Pero en el caso específico de Armenia su situación es excepcional, Armenia además que fue la primera nación cristiana, actualmente está rodeada por todas partes por conflictos, tensiones, amenazas, diferendos fronterizos, conflictos de origen religioso y territoriales, y potencias e imperios muy poderosos,  pero también Armenia ha demostrado históricamente que como el ave Fenix, el mundo armenio, para llamarlo de alguna manera, a través del tiempo, siempre ha resurgido de las cenizas.

A partir de la Segunda Guerra mundial hemos tenidos varios Genocidios: Alemania, Camboya, Ruanda, Croacia, por sólo mencionar algunos. La supervivencia armenia a lo largo de toda su historia ha pagado uno de los costos  más altos de la civilización. Entre otros por ejemplo, después de tener más de 600.000 kilómetros cuadrados de territorio, la Armenia original, hoy Armenia está reducida a unos 30.000 kilómetros cuadrados, cerca del tamaño del estado Monagas en Venezuela, aproximadamente.

Pero por qué ocurre el Genocidio Armenio?  El Genocidio Armenio ocurre, entre otras causas importantes, tal como dije antes, por el derrumbe  del Imperio Otomano, después que los pueblos que lo integraban se fueron liberando del yugo imperial y conquistando la independencia nacional.

Las comparaciones son odiosas, pero los judíos, entre otros, también han pagado costos extremadamente altos e inaceptables por su supervivencia, pero una de las diferencias entre el Genocidio Judío y el Genocidio Armenio está, entre otras cosas, en que las generaciones posteriores de alemanes del Genocidio Judío, aunque no participaron, reconocieron la responsabilidad histórica del Estado alemán, en cambio las generaciones posteriores de turcos al Genocidio Armenio, todavía no lo han reconocido. Algunos turcos argumentan para no reconocer el Genocidio Armenio que las muertes de armenios entre 1915 y 1923 fueron resultado de la posición de Armenia al lado de los países aliados de la Primera Guerra Mundial, Gran Bretaña, Francia y Rusia.

Ahora bien, ¿cómo ha reaccionado históricamente la Comunidad Internacional ante la sistemática negativa de Turquía a reconocer el Genocidio Armenio?   En primer lugar, por un conjunto de razones, la respuesta ha sido básicamente de silencio e indiferencia, aunque ha habido algunos esfuerzos importantes de presión internacional, todavía, a mi juicio es insuficiente. Pero sobre todo en los últimos años, en el contexto internacional por la defensa de los derechos, Armenia ha avanzado significativamente y cada vez más nuevos Estados, organizaciones, instituciones  e individualidades se incorporan al reconocimiento del Genocidio Armenio.

Una de las primeras reacciones internacionales contra el Genocidio Armenio fue la Declaración, inmediatamente después del Genocidio, en mayo de 1915, de Gran Bretaña, Francia y Rusia, los países triunfantes de la Primera Guerra Mundial, denunciando como crímenes contra la civilización y la humanidad, la matanza de armenios en abril de 1915. Sin embargo, lamentablemente no se constituyó un Tribunal Internacional como el Tribunal de Núremberg luego de la Segunda Guerra Mundial que castigó a los responsables del Genocidio Judío.

Cinco años después, en agosto de 1920, entre el Imperio Otomano  y los Aliados, se pactó en el Tratado de Paz de Sévres, el juicio a los responsables del Genocidio Armenio y la indemnización a las víctimas. Los países Aliados no velaron por el cumplimiento del Tratado de Sévres y el Tratado no fue ratificado, debido a la presión que sobre los Aliados significó, de acuerdo a mi interpretación, la insurrección Kemalista que finalmente dio como resultado la creación de la República de Turquía.

Si 100 años después el impacto del Genocidio Armenio ha sido profundo e inimaginable, tenemos que pensar en la situación del pueblo armenio apenas pasados ocho años del Genocidio en 1915, cuando ocho años después, en julio de 1923 se celebra el Tratado de Lausana entre los países Aliados y la República Turca Kemalista. En ese Tratado de Lausana se ignora lo fundamental del Tratado anterior de Sévres, de apenas tres años atrás, se ignora, entre otras cosas, el Juicio Internacional, se ignoran las reparaciones a los daños ocasionados a las víctimas y se ignora el reconocimiento al Genocidio Armenio.

Apenas catorce o dieciséis  años después, en 1937 o 1939; sobre la fecha del inicio de la Segunda Guerra Mundial hay una controversia, hay quienes llegan a firmar que  la Segunda Guerra Mundial comenzó con la incorporación de Estados Unidos a la guerra, pero yo soy, entre otros historiadores, que sostiene que en cierta forma la Segunda Guerra Mundial no es una segunda guerra mundial, sino la prolongación de la Primera Guerra Mundial, que el Tratado de Paz de Versalles de 1919, del final de la Primera Guerra Mundial, no resolvió adecuadamente.

Pero en cualquier caso, hubo un estruendoso silencio sobre el Genocidio Armenio durante 26 años, entre el Tratado de Paz de Versalles de 1919 y el Juicio de Núremberg en 1945. Esa indiferencia internacional sobre el Genocidio Armenio durante esos años que van desde Sévres a Núremberg crearon un conjunto de condiciones para la materialización de posteriores Genocidios. También, ese año 1945 se aprueba en Londres el Estatuto del Tribunal Militar Internacional que contempla la acción penal por el delito del Genocidio.

Tres años después en 1948, la ONU aprueba la Convención para la Prevención y Sanción del Delito del Genocidio, donde se establece que el Genocidio es un delito de derecho internacional y su enjuiciamiento le corresponde a la Corte Internacional de Justicia de las Naciones Unidas. La Convención de las Naciones Unidas que castiga los crímenes de Genocidio fue adoptada en 1948, al final de la Segunda Guerra Mundial, treinta años después del Genocidio Armenio, y define al Genocidio como: “el acto cometido con el propósito de destruir, en parte o en su totalidad, a una nación, etnia, raza o grupo religioso”. De tal manera que de acuerdo a la ONU, esa matanza de armenios no son unas muertes de una guerra cualquiera o convencional, entre dos o más Estados, o una guerra civil, etc  como plantea  el Estado Turco. Además, los crímenes contra la humanidad y las violaciones a los derechos humanos, entre los que se encuentra el Genocidio, no tienen ningún tipo de justificación y no prescriben. La violación a los Derechos Humanos es un delito internacional.

El tema del Genocidio y la muerte para la cultura venezolana es un tema extraño, aunque en Venezuela pareciera que la cultura de la muerte se está lamentablemente comenzando a establecer. En Venezuela desde hace unos cuantos años hasta hoy estamos viviendo una matanza masiva de venezolanos. Son cerca de 25 mil venezolanos que están muriendo todos los años por la desidia del Estado venezolano y lo que esto significa en materia de desprecio por la vida y violaciones a los derechos humanos.

1965 es un año clave en la lucha armenia. Con motivo de cumplirse medio siglo, 50 años del Genocidio Armenio, la Diáspora Armenia establece una nueva forma de ejercicio de la memoria colectiva y se propone incluir en la agenda mundial de la política internacional, el Genocidio Armenio. Desde 1965 hasta hoy es notable el empuje y avance de los reconocimientos de la Comunidad Internacional del Genocidio que en 1915 los turcos cometieron contra el pueblo armenio.

En 1968, en las Naciones Unidas, se celebra la Convención sobre la imprescriptibilidad de los Crímenes de Guerra y los Crímenes de Lesa Humanidad, que entró en vigencia en 1970. El Estado Turco no es parte de la Convención. Sin embargo para  el Derecho Internacional las acciones penales por el delito de Genocidio no prescriben independientemente de cuando haya ocurrido y el Estado responsable está en la obligación de reparar los daños, independientemente del reconocimiento de esta Convención.

En 1985 Benjamín Whitaker, por solicitud de la Sub Comisión de los Derechos Humanos de la ONU, redacta un informe donde resalta la condición Genocida del exterminio  armenio.

Luego, dos años después, en 1987, el Parlamento Europeo dictó una resolución que condicionó el ingreso de Turquía a la Comunidad Europea, entre otras cosas, al reconocimiento del Genocidio Armenio en 1915.

Es importante agregar que desde el 2006, la Asamblea Nacional de Francia tiene en discusión una proposición de ley con el objetivo penalizar la negativa del Genocidio Armenio.

De tal manera que queda absoluta y totalmente claro y se puede concluir que la Historia y el Derecho Internacional Público están del lado de Armenia.

Este año 2015 hemos tenido una serie de actos de condena y reconocimiento del Genocidio Armenio, entre ellos destacan las palabras del Papa Francisco, en el Vaticano, que llevó al Estado turco a retirar su embajador a consultas, pero el Papa Benedicto XV en el propio año del Genocidio Armenio en 1915 lo condenó, al igual que el Papa Juan Pablo II.

Entre los Estados que han reconocido el Genocidio Armenio tenemos a Uruguay, primeramente, en 1965. Chipre 1975. Rusia 1995. Canadá en 1996. El Líbano en 1997. Bélgica en 1998. Francia en 1998. Grecia 1999. El Vaticano en el 2000. Italia 2000. Suiza 2003. Argentina 2004.  Eslovaquia 2004. Países Bajos 2004. Venezuela en el 2005. Polonia 2005. Chile 2007. Suecia 2010. Gran Bretaña: Gales, 2010.

De Estados Unidos solo faltan por reconocerlo unos pocos estados como Alabama, Dakota del Sur y Dakota del Norte, Hawai, Indiana, Iowa, Montana, Nevada Oregón y Wyomig, el resto reconoció el Genocidio Armenio.

El presidente Obama el año pasado  el 24 de abril de 2014 declaró: “Hoy conmemoramos el Medz Yeghern y le rendimos homenaje a quienes perecieron en una de las peores atrocidades del siglo XX. Recordamos con horror lo que sucedió hace 99 años, cuando millón y medio de armenios fueron masacrados o forzados a marchar hacia su muerte en los últimos días del Imperio Otomano…Yo he expresado consistentemente mi propia visión de lo que sucedió en 1915, y mi visión no ha cambiado. A todos nos interesa que haya un reconocimiento pleno, franco y justo de los hechos…” El presidente Obama no llegó a pronunciar la palabra Genocidio, pero esa declaración, a mi modo de ver, es un reconocimiento del Genocidio Armenio. Para reconocer el Genocidio Armenio, a mi juicio, no es imprescindible pronunciar literal y textualmente la palabra Genocidio, esta palabra también tiene sinónimos.

(Medz Yeghern: La Gran Catástrofe, es la expresión armenia con la que se refieren actualmente a la masacre y deportación masiva que sufrió Armenia entre 1914 y 1916 por parte del gobierno y ejército del Imperio Otomano)

Igualmente organizaciones del nivel del Parlamento Europeo, el Consejo Mundial de las Iglesias, la Asociación internacional de Académicos sobre el Genocidio, el Concilio Unido de los Derechos Humanos, el Consejo Europeo, entre otras, han reconocido el Genocidio Armenio.

Turquía, por su posición geográfica, juega un papel clave en la geopolítica del cercano, mediano y lejano oriente, pero hoy y principalmente en relación con el desarrollo de su propio futuro está en la obligación moral, jurídica e histórica, entre otras responsabilidades, de reconocer el Genocidio Armenio y el profundo daño que la ideología “Panturquista” y un grupo de jóvenes turcos en el poder, en aquella época, le hizo el Genocidio al pueblo armenio. Pero Turquía no solo incomprensiblemente obstruye los esfuerzos de Armenia para lograr el reconocimiento de la Comunidad Internacional del Genocidio Armenio, sino que como política de Estado relativiza y niega la existencia del Genocidio, lo cual profundiza la herida ya que reconocer la existencia de un problema es decisivo para encontrar su solución y al contario, su desconocimiento agrava el problema. Pero si Turquía, aspira ingresar a la Unión Europea con plenos derechos, primero debe reconocer el Genocidio Armenio.

El ingreso a la Comunidad Europea no sólo es un tema económico, el ingreso de los países a la Comunidad  Europea es principalmente un tema humano y de valores culturales, entre otras cosas. Y Turquía permanecerá fuera de la Comunidad Europea,  mientras no reconozca el tema humano y sus implicaciones culturales, entre otras, del Genocidio Armenio ejecutado entre los años 1915 y 1923.

Pero más aún, para beneficio mutuo, sólo una vez que Turquía reconozca el Genocidio que cometieron generaciones pasadas, hace una centena de años, será posible la reconciliación de Turquía con Armenia y Europa.

Venezuela tuvo un militar aventurero, el general Rafael de Nogales Méndez, que estuvo al servicio del Imperio Otomano en esos años y escribió un libro: “Cuatro años bajo la media luna”, donde describe los horrores del Genocidio Armenio.  El presidente Woodrow Wilson llamó a Rafael de Nogales Méndez “El verdugo armenio”, sin embargo hay autores que afirman que el venezolano no participó en la masacre de civiles armenios. Pero si en algún momento las investigaciones y estudios llegasen a encontrar alguna responsabilidad de ese venezolano en el Genocidio Armenio, desde ahora, en nombre del pueblo venezolano, las generaciones posteriores de venezolanos y como historiador y activista universitario de la sociedad civil venezolana, que no tuvimos nada que ver con esas atrocidades estamos dispuesto a contribuir a reparar los daños que ese venezolano aventurero, al servicio militar del Imperio Otomano, pudo haberle ocasionado al pueblo armenio. ¡Que no quede la más mínima duda!

En esta lucha, el estudio e interpretación correcta de la historia es fundamental para recordar el Genocidio Armenio. Sin embargo todavía faltan reconocimientos importantes, aunque gradualmente Armenia ha avanzado en el reconocimiento mundial del Genocidio que se ejecutó contra ellos. Pero un sector del mundo todavía a 100 años del Genocidio Armenio no se ha pronunciado; esa indiferencia, entre otras cosas ha contribuido a crear las condiciones y ha posibilitado la repetición de otros Genocidios, otras matanzas y otras violaciones a los derechos humanos, contra otros grupos humanos, en otras partes, por múltiples y absurdas  razones.

La democracia, la libertad y el respeto a la vida son valores basados en la tolerancia a la diversidad de la especie humana. No hay razones que justifiquen las violaciones al derecho a la vida. El derecho a la vida se origina en la igualdad natural de la condición humana y en los pactos, declaraciones universales, consensos y acuerdos globales entre los Estados, naciones, países y pueblos.

Las violaciones a los derechos humanos no tienen soberanía territorial. La soberanía de los derechos humanos es el globo terráqueo entero, y sus violaciones no prescriben. El 24 de abril de 2015 se cumple un siglo del Genocidio Armenio y todavía está ausente la aplicación de la justicia internacional. El derecho a la vida no tiene su naturaleza en la raza, la religión, la cultura, la nacionalidad, o la política. El derecho a la vida tiene su origen en la propia dignidad de la condición humana y nadie, sino la naturaleza y Dios son los únicos que legítimamente nos la pueden quitar.

Ante el Genocidio Armenio, que sucedió hace un siglo, hay que evitar la indiferencia, el mutismo y la apatía de la comunidad internacional, para impedir que se repita. Como dice el cuadernillo del Genocidio Armenio: “La indiferencia implica una toma de posición ante los hechos y el indiferente se transforma en cómplice y responsable del silencio”.

Exigimos la condena formal del Genocidio Armenio a quienes todavía no lo han hecho y principalmente a los Estados e instituciones que faltan por hacerlo.

Para ir terminando, en nombre de una cierta ascendencia  que a los venezolanos nos puede dar el hecho de haber nacido en la tierra del Libertador Simón Bolívar, hoy cuando se cumple el Centenario del Genocidio Armenio, le pido al pueblo y gobierno de Turquía reflexión sobre una parte de su pasado y deponer la incomprensible negativa a reconocer la existencia del Genocidio Armenio y asumir sus consecuencias, el Derecho, la Justicia y la Solidaridad Internacional lo exigen. El Genocidio Armenio es innegable, existió, y la Comunidad Internacional debe reconocerlo. También le pido a la Diáspora Armenia mantener la lucha como hasta ahora lo han hecho, en condiciones bien difíciles, hasta ver realizados sus ideales. Igualmente en relación con los Estados que aún no apoyan al pueblo armenio y su recién democracia, que se animen, Armenia quedará eternamente agradecida.

Prof. Hernán Castillo,Ph.D.
Universidad Simón Bolívar USB
Caracas-Venezuela