¿Cómo sería la vida de un hombre invisible?

¿Cómo sería la vida de un hombre invisible?

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¿Qué se siente cuando se tiene la sensación de ser invisible? Como si de ciencia ficción se tratara, un equipo de investigadores ha sido capaz de simular la sensación de invisibilidad y recogido las impresiones psicológicas que esta provoca en los seres humanos.

En un estudio publicado en la revista especializada ‘Nature’, un equipo de científicos del Instituto Karolinska (Suecia) ha determinado que la sensación de invisibilidad reduce los niveles cardíacos y de transpiración en las personas que padecen desórdenes psicológicos como ansiedad social. Ello abre un nuevo abanico a las terapias médicas en este ámbito, informa ‘The Daily Mail’.





La investigación, realizada a partir de realidad virtual y dividida en cinco fases, se ha llevado a cabo con un total de 125 participantes (25 para cada experiencia) que portaban un casco de video en directo y en 3D alimentados por dos cámaras colocadas al nivel de los ojos. De esta forma, los participantes en lugar de ver su propio cuerpo al agachar la vista, veían un vacío.

“Aunque los dispositivos capaces de disimular por completo un cuerpo humano no se hayan desarrollado aún, no resulta irreal pensar que se logrará algún día y es mejor ir preparándose”, ha declarado el coautor del estudio Arvid Guterstam a la agencia AFP.

Para comprobar la autenticidad de la sensación provocada por el experimento de realidad virtual y que ésta estaba coordinada con la visión a través del casco, los científicos acercaron inicialmente al cuerpo de los participantes un cuchillo. “Para verificar si funcionaba la ilusión, dimos una puñalada al cuerpo invisible mientras medíamos el estrés generado por el gesto (…) las personas transpiraron más, lo cual sugiere que el cerebro de la persona percibió ese gesto en el vacío como una amenaza directa contra su propio cuerpo”, cuenta Guterstam.

Asimismo, en otra de las experiencias los investigadores expusieron a los voluntarios a una situación social estresante: situarse delante de un auditorio de personas desconocidas. En estas circunstancias, el ritmo cardíaco de los participantes y su nivel de estrés declarado era inferior cuando tenían la sensación de invisibilidad. “Si el cerebro percibe al cuerpo como invisible, supone que el mismo lo es también para otros observadores, lo cual reduce el estrés vinculado al hecho de ser el centro de atención”, explica Guterstam.

Vía actualidadrt