Los carros marcan la ruta de la dolarización que llegó para quedarse

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Por José Manuel Rotondaro (Bruselas) para KonZapata.com – Es el Gobierno el que ha propiciado el uso de la divisa. El acuerdo con Ford marca el paso. Ahora viene la incógnita de cómo la banca financiará la compra en dólares, cómo se pagarán las pólizas y si los talleres también cobrarán en dólares sus servicios. Todo es una cadena. Hasta los malandros prefieren los dólares.

D.F. Maza Zavala y Gastón Parra Luzardo deben estar revolviéndose en sus tumbas. Todo el esfuerzo que coordinaron en la Constituyente de 1999 para abortar cualquier intento de Alfredo Peña para colar alguna disposición que abriese una rendija a la dolarización, ahora está siendo tirado por la borda por el gobierno de Maduro.

En una admisión del fracaso de sus políticas económicas, la medida de aceptar que Ford, y presumiblemente otras ensambladoras, vendan sus productos en dólares abona el camino para solidificar el uso de divisas en transacciones corrientes en el país.

Este uso no me sorprende. Desde hace meses vengo recomendándole a amistades en Venezuela que aprovechen para comprar dólares o euros en billetes de baja denominación en las casas de cambio, pues veo inevitable que ciertos productos sólo puedan ser adquiridos, eventualmente, con divisas.

Esta es una evolución natural del proceso de deterioro de la moneda nacional, ante la mirada pasiva de un Banco Central que ha hecho mutis. Igual sucedió en épocas pasadas en Perú, Bolivia, Ecuador, Nicaragua, Zimbabue, entre otros.

Lo que me ha sorprendido es que, a diferencia de los casos anteriores, ha sido el propio Gobierno el que ha propiciado el uso de divisas sustituyendo la moneda oficial para transacciones comerciales.

El bolívar perdió hace años su carácter de reserva de valor, uno de los tres atributos del dinero, estrangulado entre una inflación creciente y unas tasas de interés artificialmente bajas, producto de la regulación del Banco Central, el financiamiento monetario del déficit público y el control de cambios.

En ciertos rubros, también había perdido el bolívar el segundo atributo, unidad de cuenta, es decir la moneda en la cual se expresan los precios. A pesar de las prohibiciones y amenazas, una parte importante del mercado inmobiliario se cotiza en dólares, adecuadamente convertido a bolívares usando el tipo de cambio del mercado no oficial. Pero en esto también el gobierno tiene responsabilidad. ¿Cuántas veces no expresó Chávez el valor de algún rubro, principalmente el salario mínimo, en dólares? Este uso se repite en el discurso de funcionarios al comentar sobre programas de inversión o equipamiento.

Cuando a inicios de año el Gobierno autorizó la venta de dólares en efectivo al detal a través de casas de cambio, supuestamente sin mayores requerimientos, abría las compuertas para el uso de la divisa en transacciones comerciales usuales. Ya el bolívar dejaba de ser la moneda única para las transacciones, tercer atributo del dinero, tal como lo contempla el artículo de la Constitución que insertó Gastón Parra.

Pero la decisión de permitir la venta de vehículos en dólares genera otros efectos, algunos con consecuencias que seguramente el gobierno no ha considerado. En primer lugar la compra de carros tradicionalmente se ha financiado con préstamos, bancarios o de las ensambladoras. El aumento en términos de capacidad adquisitiva de los precios de los carros hará necesario que los compradores nuevamente soliciten esos créditos.

Pero, ¿En qué moneda se firmarán los contratos? ¿Asumirá la banca el riesgo cambiario de prestar en una moneda a personas cuyos ingresos son en otra? ¿Cómo cubrirán el aumento en la posición neta en divisas? ¿Será una tasa de interés competitiva en dólares? La experiencia en otros países, e incluso la venezolana a inicios de los ochenta, no es para nada alentadora. Y si a esto se agrega lo que ha sido la jurisprudencia reciente en materia crediticia del Tribunal Supremo de Justicia, los riesgos no son sólo financieros. Sólo cabe esperar que la banca privada, al menos, actúe cautelosamente en este frente.

Pero luego están los seguros. Tener un carro nuevo sin una cobertura amplia, más aún si es financiado por un tercero, es prácticamente obligatorio. Esto plantea las siguientes preguntas a las aseguradoras: ¿Suscribirán en dólares las pólizas? ¿En qué moneda cobrarán las primas? ¿Podrán o deberán mantener en dólares las reservas técnicas? ¿Con que firmas y en qué condiciones obtendrán los respectivos reaseguros?

Y luego el mantenimiento. ¿Cobrarán en divisas los concesionarios los materiales importados que requieran esos vehículos? ¿Sucederá lo mismo con vehículos adquiridos anteriormente con bolívares?

Todo lo anterior supone, además, que las operaciones involucradas (compra-venta, préstamo, seguro, mantenimiento) usarán el tipo de cambio del mismo mercado, presumiblemente SIMADI, para efectos contables, impositivos y otros.

No faltará la alcaldía urgida de fondos que decida cobrar los impuestos sobre esos vehículos en divisas….

Luego está el golpe al bolsillo, o mejor dicho, la desaparición del espejismo cambiario que mantiene el gobierno. Eventualmente los sectores que han estado protegidos de los desequilibrios económicos, digamos capitanes, mayores y similares, necesitarán cambiar sus vehículos actuales, presumiblemente uno de esos modelos chinos o iraníes distribuidos alegremente por el gobierno cuando había suficientes divisas. ¿Qué pensarán cuando vean que el nuevo carro les costará el equivalente a quizás 13 años de sueldo?

Otra vez volví a recomendar a mis amigos: pon dólares en tu billetera. Hasta los malandros te lo exigirán, desdeñando los bolívares.

 

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