Oswaldo Páez-Pumar: Malos y buenos hábitos

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La visita de Castro (R) al Papa Francisco es un portento de riquezas. “Es la visita más importante de mi vida”, declaró Castro. El Papa no formuló declaración alguna. Simplemente practica su labor pastoral. Va en busca de la oveja perdida de acuerdo con el precepto evangélico. No son los Castro precisamente las ovejas pérdidas, sino la población cubana, a quien se le ha negado por más de medio siglo el acceso al evangelio.

Por supuesto la comunidad cubana fuera de la isla no debe ver con buenos ojos lo actuado por el Papa y quizá tampoco muchos de los que aún la habitan. Piensan que es aliento para Castro, para los dos y para el castrismo. Están en su derecho y no dejan de tener razón. Al fin y al cabo la lucha que se libra contra los Castro dentro y fuera de Cuba es la lucha por el reino de este mundo; y Francisco sabe que aunque esté en este mundo su batalla es por un reino que no es de este mundo. La comprensión del uno al otro es muy difícil y la conciliación casi un imposible.

Bien sabido es que el hábito no hace al monje. Y también es bien sabido que el hábito no es solo la indumentaria que se viste, sino también las costumbres que se practican. Castro es fiel a sus hábitos, a sus costumbres; casi tanto como Francisco lo es a su ropaje, desde que escogió la vida sacerdotal. Su vida en la Compañía de Jesús, de algún modo significaba el cierre de la puerta a las altas jerarquías eclesiásticas: la mitra de los obispos y la tiara papal; y ha debido conducirse en la Compañía de Jesús con tal fidelidad a Jesús como compañero, para haber accedido tanto al arzobispado como al papado.

En punto a la fidelidad, aunque sea el mayor de los Castros quien lleva el adjetivo como nombre, ambos Castro, el mayor y el menor, son fieles a sus costumbres entre las cuales ocupa lugar prioritario el mentir. Eso explica no solo la frase “es la visita más importante de mi vida”, con cuya cita se inicia este pequeño artículo, sino toda la verborrea posterior, sobre las misas a las cuales asistirá, sobre el hecho futuro de volver a rezar, sobre su posible reinserción en el catolicismo, porque ya cesó en el partido comunista la prohibición para que un católico ingrese a esa organización y por supuesto, el condicional “si el Papa sigue así”, que es como el anticipo de un nuevo rompimiento, que tendrá como responsable “la infidelidad del Papa”, porque los Castros son ‘fidelísimos’ a su proyecto de esclavitud.