Paola Bautista de Alemán: Elecciones… incertidumbres ciudadanas

Paola Bautista de Alemán: Elecciones… incertidumbres ciudadanas

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Estamos viviendo una profunda crisis política, económica y social. Frente a esta realidad aplastante percibimos la necesidad de cambio político; es decir, reconocemos que la Revolución Bolivariana debe salir del poder para que Venezuela camine de nuevo. Hemos identificado en las próximas elecciones parlamentarias el cauce constitucional para hacer frente al problema. Hacemos esfuerzos por entusiasmar a la ciudadanía pero no terminamos de encender la esperanza. En ocasiones percibo que las elecciones no terminan de despertar el ánimo ciudadano y en los pocos espacios públicos que nos quedan se ventilan dudas legítimas frente a su viabilidad y éxito.

Conviene ponderar con humildad y cercanía estas incertidumbres ciudadanas. La primera gran duda es en torno al CNE y su capacidad fraudulenta. Después de años de opacidad es comprensible que desconfiemos de Tibisay Lucena. No es un secreto que es parte activa del régimen y su trabajo es legitimarlo electoralmente. Esta realidad nos interpela y muchos se preguntan qué sentido tiene el juego electoral si nuestra voluntad será vulnerada. Es una pregunta incómoda, pero legítima.





La segunda duda gira en torno a la capacidad que tenemos de defender el voto, revelar el fraude y hacer valer nuestra voluntad. En nuestra mente se presenta el siguiente escenario: salimos a votar masivamente, el régimen mueve sus hilos de poder, nos roban las elecciones y ¿Qué vamos a hacer? ¿Tenemos capacidad para defendernos? ¿Contamos con herramientas técnicas para revelar el fraude?

Estas incertidumbres están en el corazón de muchos y debemos reconocerlas porque ahí está escondida la fuente del optimismo. En cuanto a la transparencia del CNE, en un sentido, es poco lo que se puede hacer. Tibisay Lucena es funcionaria de la Revolución y está ahí para ganar elecciones. Pero la segunda duda ciudadana, la que se refiere a nuestra capacidad para defender el voto, es un horizonte de lucha amplio y abierto.

La apuesta electoral es real si la encaramos con fortaleza y reconocemos que se trata de un procedimiento democrático que se ejecuta en un entorno autocrático. El cambio político será posible en la medida en que comprendamos que la elección tiene la misión de prevenir el fraude o tener las herramientas necesarias para revelarlo el día de la elección.

Larry Diamond, politólogo de la Universidad de Standford, ha estudiado escenarios similares el venezolano y señala que “si bien una victoria de la oposición no es imposible, ésta necesita un nivel de movilización de oposición, unidad, destreza y heroísmo mucho mayor del que normalmente necesitaría para lograr la victoria en la democracia. También necesitaría observación e intervención internacional para anticipar y prevenir (como en el caso de Nicaragua en 1990) o desenmascarar y deslegitimar (como en el caso de Filipinas en 1986) las manipulaciones y fraudes electorales del régimen autoritario”.

En tal sentido, la propuesta de Ciudadanía Activa sobre las 20 garantías electorales es muy importante. La comunidad política entera, animada por el liderazgo, debe construir un entorno propicio para la transición democrática. En lo inmediato, es vital que exijamos con contundencia la publicación del cronograma electoral y la acreditación de observadores internacionales calificados.

Estas exigencias se deben traducir en acciones políticas que generen redes de confianza y de trabajo que nos permitirán identificarnos como la mayoría que somos. En esta tarea ciudadana es fundamental la visibilización masiva de fuerzas en la calle. Los ciudadanos necesitamos encontrarnos, nos urge reconocer que no estamos solos e identificar testimonios visibles que muevan conciencias y le dejen saber al régimen que podemos superar nuestros miedos. El reto no es sencillo y los obstáculos son muchos. Pero nada que un pueblo organizado y decidido no pueda superar.