Un falso dilema por @lmesculpi

thumbnailluismanuelesculpiPensar que este largo periplo aciago colmado de incoherencias, torpezas, degradaciones y retrocesos, antes hubiese abarcado tres períodos constitucionales. La alternabilidad es consustancial a la democracia. La permanencia en el tiempo de un mismo grupo gobernante tiende a constituirse en rosca y camarilla promotora de su permanencia en el poder como finalidad y razón de existencia. Esa tendencia es aún más nefasta cuando existe la propensión autoritaria, además si se recurre al despotismo para encubrir la incapacidad y la ineptitud.

El rechazo a los regímenes autoritarios en tiempos de crisis se convierte necesariamente en fuerza para la transformación. La aspiración de cambio en la Venezuela actual no es una expectativa superficial, por ello no constituye una exageración afirmar que ese anhelo reformador recorre todo nuestro amplio y diverso tejido social.

La inconformidad y la protesta cada vez se manifiesta con mayor fuerza. De acuerdo al Observatorio Venezolano de Conflictividad Social el año pasado se registraron 9.286 protestas, un promedio de catorce diarias. Un aumento considerable en relación al 2013. Todo indica que este año esa cifra va en aumento y las movilizaciones comienzan -en algunos casos- a tener carácter masivo, tal como ocurrió recientemente en Boconó y en el Centro Comercial El Valle.

La procesión va por dentro. Una inmensa ola de descontento recorre la sociedad desde sus entrañas. La decepción de quienes antes apoyaron al oficialismo es creciente. Ese fenómeno no puede ser desestimado, hay que ir a su encuentro con amplitud, sin sectarismo ni recriminaciones. La nueva mayoría requiere en parte de ese conglomerado para ampliarse, consolidarse y asumir los desafíos del porvenir.

Las fuerzas del cambio deben aproximarse al reconocimiento de esa realidad, a mi juicio afirmar: “en este país no pasa nada” el “conformismo se apoderó de los venezolanos”no constituye una lectura adecuada. Considerar que la protesta o “la calle” solo existe cuando suceden movilizaciones multitudinarias como la de otros momentos, puede conllevar a no analizar correctamente la actual coyuntura en toda su dimensión. Plantear como una disyuntiva el acompañamiento a la lucha social versus la participación electoral constituye un falso dilema.

Convertir en expresión electoral la mayoría política que se ha venido conformando, caracterizada por su rechazo al gobierno y su identificación con la opción de cambio, es un propósito fundamental para obtener la victoria en las parlamentarias.

Las elecciones de este año significan la próxima disputa por el poder, ellas no pueden ser evadidas aduciendo posiciones favorecedoras de la abstención. La mayoría del electorado opositor tiene conciencia de la necesidad de participar y no reincidir en el gravísimo error del 2005. Solo algunas voces aisladas y distantes insisten en reproducir esa funesta experiencia. Con falsos aforismos, la repetición de frases hechas como clichés se pretende desconocer las posibilidades de una amplia victoria electoral. Por supuesto, el gobierno directa o indirectamente les aumenta el volumen, ya que estimular la abstención del mundo opositor es un componente principal de su estrategia. Al igual que auspiciar candidaturas supuestamente disidentes. con el pretendido objetivo de dividir a las fuerzas alternativas.

Ya realizadas las primarias exitosamente se hace necesario continuar avanzando en el camino de fortalecer la Unidad, condición sine qua non para obtener el éxito. Cualquier proyecto, aspiración o cálculo debe estar subordinado al interés supremo. La inmensa oportunidad que tenemos al frente no debe ser desaprovechada. A las candidaturas únicas hay que sumarle conducción, campaña y programa unitario.

Denunciar y enfrentar el ventajismo, exigir el fijar la fecha de las elecciones y señalar la negligencia de la Presidenta del CNE en el cumplimiento de sus funciones, su parcialidad al colocar ese organismo al servicio del gobierno y del PSUV no contradice-para nada- la necesidad de auspiciar y promover la más amplia participación.

En el discurso político a menudo se abusa de la frase : ” el país nos exige” sin poseer asidero real, en esta oportunidad existen suficientes evidencias que señalan el planteamiento unitario como una demanda que trasciende el universo partidista hasta convertirse en un reclamo mayoritario. Ignorarlo puede resultar contraproducente y favorecer otros planes, no precisamente, ubicados en el territorio de las fuerzas del cambio.

En las actuales circunstancias se hace necesario supeditar todo en función del objetivo principal, así es que podríamos alcanzarlo. Independientemente de las potencialidades existentes, no todo está resuelto. Incurriríamos en una nueva y lamentable equivocación si subestimáramos el margen de maniobra que aun posee el adversario, su capacidad de manipulación y los abusos del poder. Ciertamente nuestras posibilidades de conquistar un triunfo rotundo hoy están presente como nunca antes, variadas señales así lo indican, perseverar en la ruta diseñada constituye el factor clave para lograr ese cometido. Solo con la Unidad es posible y así lo haremos!