Miguel Méndez Rodulfo: ¿Dolarización en Venezuela? II

Miguel Méndez Rodulfo: ¿Dolarización en Venezuela? II

Miguel Méndez Rodulfo

Refería José Luis Cordeiro, uno de los principales abanderados de la dolarización en Venezuela, y factor de mucha importancia en el cambio de moneda ocurrido en Ecuador, que casi ningún economista se mostrará partidario de cambiar el signo monetario, porque su formación comprende el estudio a profundidad de la política monetaria, y a que en el fondo todos veían como el pináculo de su carrera llegar a la presidencia del BCV, luego no podían ni imaginarse un proceso de dolarización en Venezuela. También agregaba el autor de “La Segunda Muerte de Bolívar” que era menester quitarle la maquinita de hacer dinero a los políticos, pues eso constituye un mecanismo de liberación de la sociedad frente a la sujeción que el estamento político hace de ella. Cordeiro iba más allá y planteaba que en un escenario de dolarización el BCV no tendría que desaparecer, sino que se constituiría en un verdadero organismo asesor de la economía, no solamente para el ejecutivo sino para la sociedad toda. En todo caso, agregamos nosotros, que la oposición de los economistas venezolanos a la dolarización ha sido de alguna manera tímida, sin el ímpetu y la agresividad con la que adversaron la medida los economistas ecuatorianos en su momento. Por cierto, que sería bueno saber que dirían hoy los entonces presidente y vicepresidente del emisor ecuatoriano, luego de su frontal oposición, vistos los logros de estos 15 años.

Miguel Dávila, ex gerente general del Banco Central de Ecuador al momento de ocurrir la dolarización, hacía énfasis en la necesidad de contar con una política fiscal muy bien planificada y ejecutada, por cuanto al carecer el país del control de la política monetaria, se debe ser muy responsable y muy conservador en el manejo de todos los asuntos de finanzas públicas y en general de la economía del país. Al respecto opinamos que: cuidar el gasto público, ordenar y controlar el sistema bancario, estimular el crédito, establecer un sistema impositivo justo y eficaz, contener y controlar la tendencia al endeudamiento público y privado, privilegiar las inversiones productivas, fortalecer el tejido empresarial, promover la competencia y estimular las exportaciones, es asunto crucial luego de dolarizar. Por supuesto que hacer eficiente al Estado y sacarlo de todo rol que corresponda al sector privado, acabar con la corrupción y el clientelismo político, reducir su tamaño y convertirlo en regulador y estimulador, sería el cambio deseado para generar confianza, atraer inversiones extranjeras y en consecuencia embarcarnos en una ruta franca de desarrollo económico y social, sostenible y sustentable.





Entre los principales beneficios de la dolarización encontramos, nada más y nada menos que una reducción significativa de la inflación en Venezuela (el mal de nuestros males); ésta se comportaría en consonancia con la inflación de USA. En este punto es bueno detenernos en el argumento muy socorrido de que no es viable por cuestiones de soberanía ceder la política monetaria a la Reserva Federal. Como hemos visto, otros Estados en América Latina lo han hecho, sin ningún menoscabo para su independencia soberana. Además, de lo que se trata es de que haya un manejo monetario serio y responsable, que se sustente en los criterios más avanzados de la academia, las universidades, las instituciones, los estudiosos de la economía, así como de la industria y los servicios; manejo que no hemos logrado en el país y que la Reserva sí ha conseguido Nadie puede negar que el sueño hoy de los venezolanos es tener una inflación de un dígito bajo, como en los EEUU.

Otro beneficio de la dolarización es que promueve la disminución de las tasas de interés; algo que da estabilidad a la economía y estimula el crédito, además de que incrementa la competitividad de los productos a ser exportados. Como si fuera poco, alienta la inversión nacional y extranjera al eliminarse el riesgo cambiario, no hablemos de que acaba con el dinero inorgánico.