Luis Manuel Esculpí: Este es el Año

thumbnailluismanuelesculpiMientras el CNE tiene cuñas en los medios de comunicación anunciando puntos de inscripción y actualización de datos. Entramos en la segunda semana del mes seis y nada. Tibisay no anuncia la fecha de las parlamentarias, ni el cronograma electoral. Hay algunas señales indicativas: harán todo lo posible para retardar tanto la convocatoria como los comicios. La indecisión sobre el momento más conveniente agobia a la macolla oficialista. El desasosiego invade el cotarro.

La modificación de los circuitos o cualquier otro ardid no les garantiza cambiar la correlación de fuerzas. Están conscientes que se encuentran en su peor situación. No confían en las encuestas de Schemel. Aún así no se resignan. Solo los más realistas perciben la inevitabilidad de la derrota. Los extremistas acarician el zarpazo. Saben que no es fácil. La opinión internacional les importa y mucho. Lucena se sigue haciendo la loca. Viaja como observadora a otros proceso. Recién estuvo en Surinam. Está impaciente. No recibe la orden. Estamos ante un hecho inaudito, el organismo que debe facilitar la participación electoral fomenta la abstención. A Tibisay le afecta la incertidumbre de la cúpula. La presión adquiere carácter planetario.

Gobiernos, ex presidentes, Parlamentos y diversas personalidades mundiales se han sumado a la exigencia nacional. Constitucionalmente la nueva Asamblea debe instalarse el 5 de enero del 2016 o en la fecha posterior más próxima a ese día. Por lo que es un mandato la realización del proceso este año. ¡Si, este año!.

El fin de semana circuló el rumor proveniente de fuentes opositoras según el cual “el régimen decidió posponer las parlamentarias para marzo del 2016”. Ello no es posible, de hacerlo implicaría la más flagrante violación a la Constitución. Conformaría prácticamente un golpe de estado. Perderían la “legitimidad de origen” figura que ha sido celosamente resguardada y que es el celofán que recubre su fachada democrática. Incluso la hipótesis extrema que se ha analizado, para otros procesos, la eventual declaración de estado de excepción; de acuerdo al Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos y la Convención Americana de Derechos Humanos suscritos por Venezuela; no elimina la garantía de “La participación, el sufragio y el acceso a la función pública”.

De aquí a la celebración de las parlamentarias nos esperan tiempos escabrosos, las provocaciones y las acciones desesperadas de quienes no imaginan abdicar su condición de mayoría ni a renunciar a los privilegios que ostentan, estarán a la orden del día. No es nuestro propósito alarmar, más bien alertar sobre los obstáculos que nos pondrán en la ruta que hemos diseñado y estamos firmemente decididos a recorrer.

Salir airosos requiere de una conducción unitaria, que reflexione con serenidad y actúe con firmeza. Aunque entendamos razones para la impaciencia y la desesperación. Las respuestas impulsivas no suelen acompañar los aciertos, por el contrario son reacciones que pueden favorecer la intención de los provocadores. Para enfrentar los retos de este tiempo la herramienta que poseemos, más allá de sus limitaciones y falencias es la Mesa de la Unidad Democrática. Cualquier invención al margen de la unidad ,que allí se expresa, estará condenada al fracaso, aún de quienes lo plantean sin el objetivo de entenebrecer la opción de las fuerzas opositoras. Hay factores -afortunadamente minoritarios- que se mueven en el territorio de perjudicar la alternativa unitaria para así favorecer aviesos intereses.

Es obvio que la Mesa de la Unidad y las organizaciones que la conforman han cometido importantes errores, sabemos que la lucha política no está exenta de ellos. Por supuesto que el mecanismo unitario y el liderazgo es susceptible de crítica, personalmente la ejerzo en las instancias donde participo. Ahora bien ese ejercicio debe ser responsable y orientado a preservar y mejorar el único instrumento que hoy por hoy puede conducir a las fuerzas alternativas a una victoria decisiva para el porvenir.

No esta demás recordar que la lucha social y política en sus recorrido se puede graficar como una línea en zigzag, con sus altos y sus bajos, sus avances y retrocesos. Ojalá siempre la pudiéramos ilustrar como una inclinada en ascenso. La geometría nos es útil para grabar situaciones pero no para modificar el entorno. Nuestros deseos no siempre se compaginan con la realidad. No podemos adaptarla a nuestras aspiraciones. Cuando los anhelos están en sintonía con lo existente, la conexión posibilita el triunfo. Eso sucede ahora como nunca antes, en los últimos tres lustros. Por eso afirmamos convencidos : Este es el año!