Luis Barragán: Obligados a perder

thumbnailluisbarraganEl régimen hizo y todavía hace todo lo posible por perder, huérfano de algún horizonte distinto al de la pólvora asimétrica, dineraria y mediática para sobrevivir. De ésta, únicamente queda la violencia abierta y frontal, pues, excepto que subaste lo poco que haya en bóveda o intente silenciar la ya expandida radio-bemba, va quedando la fuerza bruta que, paradójicamente, mejor asoma sus fauces en los tales territorios de paz.

La crisis económica y social asoma el otro hocico, el de la feroz resistencia a la pérdida del poder a cualquier precio. Inédito, en nuestro historial republicano no hay precedentes en la gigantesca falsificación de la realidad que todos padecemos palpable y sonantemente, fruto del eufemismo terco y suicida que apela a los peores instintos y al ardid más burdo, como el de esconder las cifras de la inflación.  Por malévolas que fuesen, el gobierno cree que muy pocos se percatan de las constantes maniobras encaminadas a la estafa electoral, cuando  tiene una inmensa mayoría que lo adversa y está dispuesta a actuar como tal, revirtiéndola.

En el concurrido acto que rubricó la visita de María Corina Machado a la ciudad de Valencia, cobardemente inhabilitada como si bastara la arbitraria decisión de un alto funcionario del partido de gobierno para impedir su candidatura al parlamento, lo sintetizó muy bien al recordar a Martín Luther King. Ella versó sobre la ética de la urgencia y la explicó a través de los más dramáticos ejemplos de la situación que padecemos los venezolanos, comenzando por la muerte de un neonato por falta de una incubadora o el disparo que cegó la vida de un modesto padre de familia, ya inscrito en la cotidianidad. Empero, al profundizarla, dibujó magníficamente el camino promisorio de la libertad y de la democracia que comenzamos a abrir por 2014.

Las ahora débiles fuerzas gubernamentales, incluyendo los intereses que han logrado tejer allende la frontera, están obligadas a perder no sólo por la calamitosa y prolongada situación que han creado, realizando la cultura de la muerte, sino por los escasos e ingenuos seguidores que, no sin sufrirla, todavía rinden o pudieran rendir devoción al extinto presidente. Y es que, si fuese verdad la pretendida creencia en la democracia participativa y protagónica de la cartilla, tanto como que todavía anidara el socialismo del siglo XX en significativos sectores de la población, no deben temer a una pasantía por la oposición esforzándose por el regreso, aunque – consabido – ha sido tan mala la faena de más de década y media que esta hipótesis nula apunta al siglo XXII.

El chavismo – así, genéricamente entendido – está llamado a largarse del poder, pero no será la oposición del futuro, o una de ellas, en la misma medida que ahora se aferre con una terquedad suicida, violentando a las grandes mayorías, a sus abultados privilegios. Sabemos que los más estelares dirigentes de la hora, arrogantes a la vez que temerosos, no arriesgarán las comodidades prometidas por un exilio dorado, deseado y esperado, en lugar de la lucha cívica en Venezuela para la cual no tienen vocación, o que los más agresivos o violentos prontamente serán neutralizados, sincerando las flaquezas de una dirigencia que no se explica ya la vida misma fuera del poder.

Acotemos, nada más frágil que el pacto de las mafias, como lo ha dicho María Corina,  por lo que la más ligera sacudida desmoronará a la actual plutocracia que deja o dejará el bagazo de la renta para la riña de los cooperantes que políticamente le sobrevivan.  Por mucho que se esfuercen en contaminarla, el pueblo cuenta con una correcta interpretación de las realidades que padece y, en su ascenso ciudadano, ha elegido el camino contra el hampa.

Coletilla: Acá, los diputados del gobierno rasgaron sus vestiduras por lo que llaman la ley mordaza en España. La oposición trató de ley resorte a la precursora versión precursora que allanó el camino de la franqueza a la actual (auto) censura y bloqueo informativo.

 

@LuisBarraganJ   /  Diputado a la Asamblea Nacional