Oswaldo Páez-Pumar: El juicio del ladrón

Oswaldo Páez-Pumar: El juicio del ladrón

thumbnailcolaboradores-190x1301No tiene el usurpador el más mínimo respeto por el cargo que detenta. Insulta de manera reiterativa. No tiene contención al injuriar, más bien se excita, porque  el objetivo es aparecer ante sus seguidores como valiente y osado, lo que explica que el usurpador haya llamado al presidente Granger “el Uribe guyanés”. Es una verborrea agresiva y solo eso.

La canciller Rodríguez lo remeda de la misma manera como él remedaba a Chávez siendo canciller. Eso explica que habiendo el usurpador arremetido contra el presidente guyanés Granger, al día siguiente Rodríguez afirme que “fue a Estados Unidos a buscar instrucciones en su papel de provocador”. También revela el por qué  del silencio del usurpador como canciller, aunque más bien si son sus arrebatos de hoy algo realmente sentido, lo que explicaría es su apego al cargo y no a la reclamación venezolana en relación con el territorio esequibo.

Sin embargo, los arrebatos patrióticos como estrategia publicitaria en tiempo de elecciones no son suficientes para explicar la creación de un nuevo Uribe a quien combatir, por cierto más parecido fisonómicamente a Aristóbulo, que a aquel que sin haber recurrido al pedido “por qué no te callas”, logró casi el imposible de hacerlo callar cuando le puso su “poncho”.





Me pregunto una y otra vez por qué, si desde la firma del Acuerdo de Ginebra, salvo las formales presentaciones a los países con los cuales tenemos o iniciamos relaciones diplomáticas del contenido de nuestra reclamación, Venezuela ha procurado mantener el asunto en un plano estrictamente bilateral, ahora se lo pretende colocar en el plano multilateral.

La respuesta es simple, solo así podemos convertir nuestro reclamo a Guyana en un reclamo a Exxon y aparentar que defendemos nuestros derechos.

Pero el subconsciente traiciona. Cuando se acusa a Granger de ir a buscar instrucciones en los Estados Unidos, lo que estamos poniendo de manifiesto es lo que nos ocurre aquí. Eso de que cada ladrón juzga por su condición es una verdad tan contundente que no hace falta recordar como en esta materia Chávez siguió instrucciones de Castro, llamémoslo el viejo, para distinguirlo del otro Castro, llamémoslo el joven, que es quien se muestra asesorando al usurpador desde antes de ocupar el cargo.

 

Caracas, 27 de julio de 2015