El nado sanador con delfines en Venezuela

El nado sanador con delfines en Venezuela

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Foto panorama.com.ve

Entre las cosas que no se pueden dejar de vivir, al tener la primera oportunidad, está sin duda ¡nadar con delfines! Para sorpresa de muchos, Venezuela desde hace unos 15 años está en el selecto grupo de países en Latinoamérica donde sumergirse en una piscina con estas hermosas criaturas marinas, es una renovadora terapia, reseña Panorama.

Sembrado en Pampatar, en la isla de Margarita, el Dolphin Research Center of Venezuela que funciona en Waterland, recibe a decenas de pacientes de diferentes partes del país y a extranjeros que alistaron sus maletas desde lugares tan distantes como Argentina, Perú, Estados Unidos, Ecuador y Brasil, con la motivación de iniciar un tratamiento de 15 sesiones con estos inteligentes mamíferos marinos.

Desde 1995, Waterland ha estudiado los cambios a niveles neurológicos, físicos y químicos ocasionados por la emisión de ondas ultrasónicas del delfín. Pero, más allá de los efectos a nivel científico, muchos visitantes destacan lo “mágico” que es el nado con ellos





Todos los días, personas de todas las edades visitan Waterland para nadar con los delfines luego de reservar el día y la hora disponibles. El solo hecho de verlos saltar en el agua, emitir sus particulares sonidos, maravillarse con su inteligencia al verlos  obedecer  las órdenes de los entrenadores y cómo se acercan con gran entusiasmo, ya es una terapia.

Pero, ¿qué significa esta explicación científica? La calidad de vida del paciente mejora y, para muchos, se dan asombrosos progresos para la sanación. Uno de los casos más conocidos en la isla de Margarita ocurrió hace algunos años cuando una niña que tenía un tumor en el cerebro, y ya con fecha para su operación, fue llevada por sus padres a la delfinoterapia. Los resultados fueron casi milagrosos. Después de sesiones durante trece días continuos a la niña le practicaron nuevos exámenes.

Los sonidos de alta frecuencia estimulan el sistema nervioso y el mensaje va directo al cerebro, produciéndose sustancias que en condiciones normales no estarían en esa cantidad, detalla el fisioterapeuta.

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