Judith Sukerman: Tenemos que dar la batalla

thumbnailjudithsukermanEl gobierno venezolano nos agrede a diario, sirviéndose de las múltiples formas que adopta la violencia.
Usa la violencia física, para aterrorizarnos; el mundo entero ha sido testigo del abuso de las fuerzas públicas para reprimir a quienes protestan reclamando por cualquiera de las inmensas deudas sociales mantiene el país con sus ciudadanos, así como de la torturas y tratos crueles a los que son sometidos los presos, especialmente los políticos y sus familiares.

A través de las persecuciones, detenciones arbitrarias, inhabilitaciones administrativas sin juicio previo a los líderes de la alternativa democrática y a jóvenes twiteros cuyo único delito ha sido expresar en menos de 140 caracteres, su deseo de un país distinto, ejerce la violencia política, todo con el fin de intimidar.

Pero la forma más cruel de violencia a la que estamos sometidos todos los que habitamos este hermoso país, es la violencia emocional, que procura debilitarnos, inmovilizarnos, mantenernos ocupados en lograr nuestra sobrevivencia cotidiana. El desabastecimiento nos obliga a pasar horas en colas interminables para satisfacer necesidades básicas como alimentación y salud. Cuando por fin, encontramos el o los productos requeridos, debemos adquirirlo a un precio muy superior al que podemos pagar lo cual genera frustración, angustia y ansiedad.

No se consiguen medicinas contra el cáncer, la hipertensión, epilepsia, depresiones, enfermedades tiroideas y otras patologías graves. Los centros de salud públicos y privados no están exentos de la escasez que afecta al país, no hay suturas, ni anestesia, los equipos médicos no cuentan con los repuestos necesarios para su funcionamiento. Nuestra salud está en riesgo permanente.

La inseguridad personal, es usada como mecanismo de control social, solo así puede entenderse que a pesar de la existencia de más de 18 planes de seguridad, Venezuela sea el segundo país más violento del mundo, según informe elaborado por la oficina de la ONU contra la droga y el delito, con cifras oficiales del 2012. Desde que Maduro asumió el poder el ascenso de esas cifras ha sido alarmante, el 2014 cerró con 24.980 homicidios.
Ante este terrible escenario, ¿Qué podemos hacer los ciudadanos?

Lo primero es reconocer que no estamos en una situación normal, lo que se ha ido convirtiendo en cotidiano no es normal. No es normal hacer colas, ni que se vaya la luz, ni que hayan huecos en las calles, no es normal que nos asalten, ni tener que pagar a ningún funcionario por un trámite gratuito, ni que la inflación convierta nuestros ingresos en sal y agua.

En segundo lugar debemos controlar el miedo, la angustia e incluso la ira que nos produce la situación país. El miedo y la angustia nos desmotivan, nos encierra en nuestro espacio y logra que seamos apáticos ante la violación de nuestros derechos.

La ira, por el contrario nos lleva a transgredir las normas y favorece la violencia, creando más caos, generando un caldo de cultivo perfecto para una implosión social, lo que pareciera ser uno de los objetivos del gobierno. Una respuesta violenta, enmascararía la violencia oficial.

Sin embargo, la ira bien manejada puede ser el combustible necesario para lo que debe convertirse en la tercera acción ciudadana, una respuesta pacifica, que no es lo mismo que pasiva.

El filósofo, político y escritor estadounidense Gene Sharpe, en su obra “De la Dictadura a la Democracia” señala “El tirano tiene el poder de obrar donde se carece de fuerza para resistir”, y en Venezuela hemos tenido ejemplos maravillosos de victorias obtenidas cuando organizadamente los ciudadanos hemos ejercido presión. Uno de los mejores ejemplos ha sido la lucha de los padres en contra de la ideologización de nuestros hijos, aquella famosa campaña “Con mis hijos no te metas” logró que no se implementaran ni el decreto 1011, ni la resolución 058, así como tampoco han podido hacer de uso obligatorio los textos escolares que distorsionan la historia del país.
El secreto de esta lucha está en la organización y en la unidad de quienes queremos un país distintito, democrático y con un futuro prometedor.

Estamos frente a un enemigo muy poderoso, pero nosotros somos más, podrán apresar a algunos –ya lo han hecho- podrán matar a otros –también lo han hecho- pero nadie, ningún dictador del mundo, ha podido jamás con la voluntad de un pueblo que toma la determinación de luchar contra la opresión y por su libertad. Si nos organizamos la batalla está ganada ¡pero hay que darla!

@judithsukerman / [email protected]