Presidente de Fedecámaras: El Gobierno está inmerso en una trampa ideológica

(Foto archivo)
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Francisco Martínez es zuliano como Edgar Romero Navas, Ciro Añez Fonseca y Francisco Morillo, algunos de sus antecesores en la presidencia de la  Federación de Cámaras y Asociaciones de Comercio y Producción de Venezuela, Fedecámaras, publica El Tiempo.

Pero a diferencia de estos, Martínez asume el reto de jefaturar la cúpula empresarial en momentos tan críticos para la economía del país, que de seguro ninguno de sus paisanos sentiría envidia.

El país está a la cola de la región en materia de recepción de inversión extranjera, tiene la más alta tasa de inflación de la región, el déficit fiscal es de 20% del PIB y el malestar entre la población crece exponencialmente debido a que 70% de los productos de primera necesidad escasean o simplemente desaparecieron de los anaqueles, según cifras expuestas por expertos de la firma Ecoanalítica, en su más reciente informe.

Martínez, de 55 años, presidió la Cámara de Comercio de Maracaibo desde 1994  hasta 2005 y le tocó lidiar con el padre del socialismo del siglo XXI, Hugo Chávez, cuando este venía de sobrevivir a un golpe de Estado y un paro petrolero.

Lo que se imponía era el diálogo entre el sector privado y el oficial, pero 13 años más tarde esa exigencia sigue siendo la primera prioridad.

“Por aquellos días tuvimos un debate con los ministros y logramos la participación del Centro Carter y de especialistas como el norteamericano William Ury, de la Universidad de Harvard, con el que quisimos poner fin a la pugnacidad radicalizada entre gobierno y empresarios”.

Aspiración colectiva  

Martínez sostiene que el común denominador de  los venezolanos es que todos quieren una mejor Venezuela. “Pero el Gobierno está inmerso en una trampa ideológica que le impide encontrarse con el resto del país por el simple hecho de que piensa diferente”, afirma Martínez.

“Aquí no se trata de amigos y enemigos. Independientemente de la forma de pensar, de ideologías, todos podemos sentarnos a construir unos acuerdos fundamentales que nos permitan seguir viviendo juntos, en paz y en desarrollo”, explica el nuevo líder de la principal cúpula empresarial y gremial del país.

Junto al dirigente marabino, en la junta directiva se encuentran hombres como Carlos Larrazábal, Ricardo Cusano y Aquiles Martínez, que desde Fedecámaras apuestan por llegar a un acuerdo con los representantes gubernamentales y sentar así las bases para la reconstrucción de lo que denominan como el más deteriorado sistema económico de los últimos cien años.

–¿Usa el presidente Maduro guantes de seda para abordar la negociación con Guyana y guantes de boxeo para golpear a los empresarios?  

–El tema Guyana es un tema de soberanía y todos los venezolanos debemos acompañar al Presidente en la defensa de un territorio que por justicia nos pertenece. Lo que ocurre con el empresariado es algo ya conocido, es el trato a que nos tiene acostumbrados este modelo económico que se ha convertido en una camisa de fuerza.

El presidente de Fedecámaras pone el ojo sobre el marco legal que restringe la actividad privada, los niveles de discrecionalidad que tienen los funcionarios para aplicar la norma y los niveles de corrupción.

A pérdida

El dirigente empresarial, que ha iniciado una sostenida campaña de acercamiento hacia el sector oficial, asegura que las empresas están trabajando a pérdida y las que no están en esa situación, es porque simplemente cerraron.

Advierte que desde hace un año los venezolanos han visto desaparecer los productos de su preferencia. “Ahora se consigue sólo una marca por ramo de consumo y el racionamiento está a la orden del día. Los empresarios pasaron de lidiar con la abundancia y variedad de antaño a administrar la escasez”.

–¿Cuál ha sido la conducta seguida por los personeros del Ejecutivo nacional ante la crisis de abastecimiento?
–La estrategia comunicacional del Gobierno ha sido corresponsabilizarnos por lo que ellos han hecho mal y en eso no podemos estar de acuerdo.

Economistas venezolanos coinciden en que el país parece haber llegado a un callejón sin salida en el que se encuentra con un aparato económico postrado y en el que la única salida es el diálogo y la concertación.

Para el rescate 

Martínez señala que las reuniones sostenidas con el Gobierno han sido una pérdida de tiempo y advierte que el rescate de la plataforma productiva del país sólo es viable si se abordan cinco temas fundamentales. Primero, revisión del impacto del régimen cambiario; segundo, implementación de un sistema que permita la construcción eficiente de los precios; tercero, crear planes permanentes de incentivos; cuarto, abandonar la política de expropiaciones e intervenciones de empresas productivas; y quinto, revisión de la Ley del Trabajo.

Estudios económicos que reposan en los archivos de Fedecámaras indican que los parques industriales más importantes del país han ido cerrando y en lugar de fábricas existen galpones invadidos por familias en situación de refugio.

Estos mismos estudios detallan cómo las panaderías, areperas, restaurantes y centros comerciales cierran sus puertas más temprano y se niegan a abrir  los fines de semana para recortar costos de personal, mientras los usuarios deben refugiarse en sus casas por la carestía y la escasez de servicios.

“Esto es la consecuencia del impacto tan fuerte de corresponsabilizarnos por lo que ellos han hecho mal y en eso no podemos estar de acuerdo.. El Gobierno lo controla todo y ataca al inversionista”, sostiene Martínez.

Cárcel para el empresario  

Martínez advierte que el incremento excesivo de la informalidad enciende las alarmas. “Algo anda mal cuando tanta gente se dedica a la piratería y el bachaqueo”, explica.

La fiscalización de empresas, que antes terminaba con multas o cierres para los infractores, hoy lleva a los empresarios a la cárcel.

“El Gobierno ha pasado a ser un policía y no un promotor de la actividad empresarial. El más grave problema del país es la falta de confianza. El sector público no confía en el privado, el inversionista desconfía del funcionario, el estudiante del maestro, este de las autoridades y estas de los sindicatos. La gente no aprecia a sus policías, ni mucho menos a los tribunales. En general, nadie confía en nadie y este ciclo perverso va acabando con la esperanza del venezolano y ese proceso hay que revertirlo”.

El presidente de Fedecámaras aboga por la “siembra de la ciudadanía” algo que no es negociable ni se puede renunciar a ella.

–Esa es la única manera de que Venezuela pueda reducir la moratoria de modernidad en la que ha caído. No podemos pretender pedirles a los demás que hagan las cosas bien mientras nosotros las hacemos mal.