La crisis griega insufla creatividad a la industria del souvenir

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Anabelle Bérard no había pensado llevarse de Grecia un ‘evzonas’, los pintorescos soldados que montan guardia frente al Parlamento vestidos con fustanela, una especie de falda con 400 pliegues, y que son una de las atracciones turísticas de Atenas.

Al ver el muñeco de tela con un frondoso bigote y ojos redondos como botones creado por Marianna Kelali, la joven francesa no ha podido resistirse y le ha comprado uno a su hermana.

“Tassos”, el evzonas que lleva en su maleta, es la imagen de una nueva generación de ‘souvernirs’ de vacaciones que han surgido en las tiendas de la capital y de las islas griegas: original pero al mismo tiempo mofándose de los clichés de la cultura helénica.

Y es que las tiendas de objetos de las calles del barrio turístico de Plaka, al pie de la Acrópolis de Atenas, están llenas de estos clichés, a menudo, de gusto dudoso: estatuas en plástico de dioses y diosas, el templo del Partenón reproducido en todas las formas posibles, camisetas con “I love Athens” (o Santorini), o togas para nostálgicos de los péplums.

Este batiburrillo de cosas incomodaba a Anna Polydorou, una treintañera ateniense. “No me reconocía en la imagen de Grecia que daban estos recuerdos, muchos de ellos fabricados en China”, rememora.

Paralelamente, veía cómo muchos de sus amigos sin trabajo “se ponían a fabricar cosas”.

En el verano de 2013 invitó a los más hábiles e imaginativos a un desafío: “¿Y si Grecia se convirtiera en un souvenir?” El desafío: crear un objeto barato, pequeño y bonito.

El resultado ha superado las expectativas: las cerca de sesenta creaciones originales, que se venden en la tienda “Matalou at home” de Atenas se han vendido como rosquillas, han generado el interés de otras tiendas y han provocado un aluvión de propuestas de otros creadores seducidos por esta reivindicación del souvenir nacional.

 – Made in Hellas –

Los motivos tradicionales se reinterpretan con nostalgia, humor e ironía: los zapatos de pompones del evzonas se han convertido en un marcapáginas o en una pizarra, las fundas de las tabletas de cuero llevan grabado el mapa de Atenas, las copas para el vino resinado que se sirve en las tabernas griegas se han convertido en palmatorias, los dibujos del papel de envolver el pescado en el mercado central de Atenas decoran un bolso de mano.

Y en un cojín de rayas azules y blancas, los colores nacionales, una estatua griega se rebela: “Fuck the crisis, let’s dance (Que se joda la crisis, bailemos)”.

Seducido, Filippos Chouri abrió en marzo de 2014, en pleno reino de los comerciantes de sandalias y tarjetas postales, en Plaka, una tienda de dos pisos consagrada a la nueva generación del diseño griego, con más de 100 referencias.

“Los arquitectos han empezado a producir bolsos, los grafistas a imaginar juguetes, los diseñadores industriales a hacer llaveros, los estilistas a fabricar cojines. Esta gente no podía manifestar su creatividad en sus oficios debido a la crisis, por lo que han buscado nuevas ideas”, asegura.

Este joven, de unos cuarenta años, también ha tenido que reconvertirse: de decorador exiliado en el extranjero por falta de trabajo, montó la tienda “Forget me not” para ganarse la vida en Grecia. El éxito ha sido fulgurante.

“Estos objetos llenan un vacío para los turistas. En París, está la torre Eiffel de plástico que se vende al pie del monumento y la de la tienda del museo de arte moderno más design. Esta alternativa no existía aquí”, cuenta.

Los creadores griegos agregan algo más: una producción a pequeña escala y a menudo “made in Greece”.

Marianna Kelali cuenta que este año ha tenido que coser los 300 muñecos “evzonas” que vende al tiempo que desarrollaba su actividad de grafista.

Marta Yannakopoulou, arquitecta, se ha lanzado a la creación de bolsos con gorros de baño de plástico “parecidos a los que llevaba su abuela”.

“He tardado siete meses en encontrar la empresa que podía producir este tipo de gorros. Una vieja fábrica, con máquinas antiguas, como suele ocurrir en la industria griega. Pero al final, es más barato que fabricarlos en China”, asegura.

Por Sophie Makris/ ElEstimulo.com