Crónica de Cúcuta: ¿Dónde está la delincuencia?

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No es posible cerrarle la frontera al miedo. Cientos de colombianos han emprendido el retorno hacia su país. Temían ser capturados para luego deportarlos o dejarlos detenidos en Venezuela por presuntos delitos de contrabando o delincuencia. “Yo me escapé porque están embalando a cualquiera, entonces tocó brincarla. Salí por el río”, dijo José López, agradecido de estar ya en la orilla colombiana del Táchira, que marca el límite entre los dos países.

Catalina Lobo-Guerrero / El País

Como él, unas 1.600 personas, según cálculos aproximados de la Policía Metropolitana de Cúcuta, habían cruzado la frontera en las últimas 24 horas. Atravesaron caminando entre el río y las trochas, por donde usualmente pasan los productos de contrabando. Como un ejército de hormigas, cargaban sobre sus hombros y espaldas neveras, armarios, estufas, camas, tanques de agua, equipos de sonido, coches de bebé, televisores y juguetes. Los enseres que fueron invadiendo la orilla eran el testimonio de su afán por salir y no regresar a un país que durante décadas les había dado la oportunidad de progresar, así fueran indocumentados. Algunos llevaban más de 30 años, otros menos de 5. La mayoría trabajaba como obreros, aunque es vox pópuli en la frontera que tanto colombianos como venezolanos se dedican también al comercio informal.

“¿Aquí donde hay criminales y grandes contrabandistas?”, cuestionó el alcalde de Cúcuta, Donamaris Ramírez, quien decretó la calamidad pública ante lo que calificó como un “desplazamiento forzado” de lo que se calcula son ya más de 2.000 personas, contando los 1.071 que han sido deportadas formalmente. De estos, más de 600 fueron llevados a cinco albergues, tres en Villa del Rosario y dos en Cúcuta. Pero ante el volumen de retornados por los caminos verdes, estaban siendo superados y algunas iglesias, tanto católicas como cristianas, estaban abriendo sus puertas como refugio.

El primer lugar que recibió a los retornados de Venezuela fue el centro de migrantes que opera la Diócesis de Cúcuta, que acoge normalmente a desplazados de la violencia, refugiados y solicitantes de asilo de otros países. Entre quienes estaban ya en el refugio había un médico cubano, desertor de la Misión Barrio Adentro de Venezuela. “El sábado en la madrugada, cuando me levanté, me di cuenta que había gente durmiendo en la puerta”, dijo. El centro solo tiene 100 camas, pero ante la emergencia pusieron colchonetas en el suelo y acogieron a 140 personas más.

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