Análisis: Apremio electoral de Maduro asedia a Santos

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Venezuela y Colombia han tenido un largo historial de desencuentros pero también una muy fluida relación comercial. En la década de los 80 y 90 la balanza comercial fue positiva para Venezuela, una relación que cambió en 1999, cuando por primera vez las importaciones de Colombia superaron el monto de las exportaciones de nuestro país, desde entonces nos convertimos cada vez en mayores compradores de mercancías desde Colombia.

Según el BCV, las importaciones desde Colombia pasaron de $ 700 millones en 1999 a $ 6 mil 700 millones para el 2008, el punto de mayor apogeo. Es decir, las importaciones desde Colombia crecieron unas 9 veces en casi una década, lo que convirtió a nuestro vecino país en uno de los mayores proveedores de productos. Sin embargo, las tensiones bilaterales entre Chávez y Uribe afectaron el comercio bilateral.

Cuando Juan Manuel Santos llegó al poder se esperaba un incremento de las tensiones binacionales. No obstante, Santos optó por una política abiertamente pragmática hacia su homólogo venezolano ya que el nuevo mandatario colombiano tenía en su agenda dos objetivos claves en los que Chávez era esencial: Alcanzar un acuerdo de paz con la guerrilla y mejorar la relación comercial con Venezuela con el propósito de aprovechar el crecimiento de las importaciones de nuestro país.

Ante estos objetivos, el presidente Santos se mostró siempre cauteloso y en muchos casos paciente ante las posiciones de Chávez primero y luego del actual presidente Nicolás Maduro, de allí que la orden del cierre de la frontera fuera asumido como un ejercicio rutinario por parte de la Cancillería de Colombia.

Sin embargo, pareciera que el presidente Santos subestimó las necesidades electorales de Maduro, quien se encuentra asediado por las encuestas que en primer lugar colocan al gobierno como responsable del desabastecimiento y en segundo lugar apuntan que la intención de voto para la oposición supera entre 20% y 40% la intención del voto del chavismo.

Santos ahora pareciera reconocer el origen electoral de la crisis fronteriza y ha preferido mantenerse cauteloso a fin de no ser usado electoralmente por el oficialismo venezolano.

Sin embargo, esa cautela comienza a ser vista con pasividad por sus ciudadanos. El dilema de Santos está en que ahora esos objetivos fundamentales como son la paz con la guerrilla y el comercio con Venezuela peligran ante el apremio de Maduro de levantar su popularidad, cada vez menor, ante las elecciones parlamentarias.

Si Santos no logra mostrarse firme en esta crisis corre el peligro de terminar con las manos vacías, sin exportaciones y sin paz, e impopular en su país.

Oláguer Chacón
Periodista
Analista internacional
Ex-Profesor UCAB
@olaguerchacon