Dámaso Jiménez: Una frontera a punto de estallar

thumbnaildamasojimenezEl cierre de la frontera y la deportación de más de 1.000 colombianos tras el estado de excepción anunciado por Maduro de nuevo tensan las relaciones entre Venezuela y Colombia.

Ambos gobiernos se acusan mutuamente de ser responsables del conflicto de desabastecimiento, escasez de alimentos y gasolina, contrabando e inseguridad que tiene golpeado y molesto al país.

Con esas declaraciones Santos simula dejar de ser el mejor amigo del torpe heredero de Chávez y Fidel y surge ofendido exigiendo respeto por los derechos humanos de un capital político que siempre le había sido adverso. Está en campaña, sigue siendo aliado de Maduro en el tema de la guerrilla de la FARC, pero no quiere que se le “embarre” el panorama con un Uribe respirándole en el pescuezo

También es verdad que las acusaciones de Maduro no tienen ni pies ni cabeza y que si fuera ajedrez lo mejor sería cambiar de estrategia velozmente porque su popularidad está más escasa que un pote de leche.

Señala que los paramilitares y contrabandistas son parte de la oligarquía colombiana, pero deporta a personas pobres, padres de familia, mujeres, niños y ancianos a los que a su vez acusa de estar acabando con la poca comida y gasolina que queda en el país. En el ambiente hay desespero, hambre y humillación.

Las últimas acciones políticas han sido retratadas para el mundo como esencia de la miseria humana de un proyecto político que alguna vez se autodenominó revolucionario aunque no haya argumento que pueda replicarlo, sobre todo viniendo de una persona que llegó a la presidencia negado a mostrar la partida de nacimiento venezolana y que es señalada a vox populi de haber nacido en la fronteriza ciudad de Cúcuta, de donde es oriunda la mayoría de los deportados.

Hasta ahora se desconoce “la vuelta” de esta estrategia utilizada por el presidente Maduro que saltó de una onda nacionalista por el Esequibo utópico y rayado para terminar cayendo en el ataque despiadado a unos indocumentados “malvivientes” de una invasión de ranchos en la frontera del Táchira, con el fin de acusarlos de todas las plagas habidas y por haber, mientras el precio del crudo amenaza con llegar a 30 dólares por barril y el paralelo te canta las mil con las elecciones a 100 días.

Expertos analistas han asegurado que ni la deportación, ni el estado de excepción ni los ataques a la población colombiana devolverán la paz en las colas ni cambiarán la crisis de desabastecimiento que sufre el país.

Tampoco servirá para anular las elecciones, puesto que como ha reflejado la directora de control ciudadano, Rocío San Miguel, es falso que un estado de excepción pueda suspender el derecho al sufragio.

Hasta el momento han sido deportados más de mil cien colombianos dentro del estado de excepción que decretó el mandatario en la frontera del Táchira con el Departamento Norte de Santander.

En respuesta electoral el presidente Juan Manuel Santos ha sido contundente: “No nos faltará firmeza para defender a nuestros ciudadanos.

Maduro sin mediar ningún gesto diplomático y con tono soez y grosero ha levantado la furia del pueblo colombiano, a pesar de haber hecho una pasantía de casi una década por la cancillería. Su excusa es que Venezuela se encuentra bajo un “ataque masivo”, no por los misiles invisibles del imperio, sino por el contrabando de extracción que lleva a Colombia todo tipo de productos, como consecuencia de la pérdida adquisitiva del valor de la moneda venezolana, y de la corrupción de las instituciones que hasta ahora han permitido el gran negocio del mundo después de un tanquero lleno de petróleo.

Por el contrario Chávez fue un prestidigitador para mantener esa relación a veces en el congelador y a veces en la cuerda floja, pero supo ganarse la simpatía y los votos -previos a una cedulación masiva- de una población que lo aclamaba sin cesar.

Maduro basa su discurso en la satanización del expresidente Uribe y por carambola colocarlo como líder de una oposición venezolana que hasta ahora le lleva una morena en las encuestas. También aprovecha para sembrar temor entre la población más desvalida para que se abstenga de votar.

En la guajira hay un miedo contenido esperando el día permisado por el gobernador Arias Cárdenas para que hagan allí lo que quiera el gobierno central. Allí los alcaldes son un cero a la izquierda porque se trata de un distrito militar. Allí la excepción es la regla.   Hace 40 días mataron un estudiante en Guarero en un enfrentamiento del que aún se conocen pocos detalles. Levantaron el cuerpo y no hubo explicaciones. Los militares no dan detalles. Los guajiros temen la persecución casa por casa con una furia contenida. Las mujeres de la etnia están alzadas porque no hay nada que comer, están sin agua y llevan una semana sin electricidad. Son las únicas que se enfrentan a los uniformados porque saben que el hombre que susurre entre dientes va preso, acusado de lo que sea.

Maduro anunció que faltan Apure y La Guajira, 2 mil 219 kilómetros cuadrados de desesperación a punto de estallar.

@damasojimenez