El calvario de los colombianos que viven en Maracaibo

(foto Juan Guerrero)
(foto Juan Guerrero)

“Mi hija me llamó asustada. Tiene siete años. Me dijo que la Guardia está en el barrio, llevándose a los colombianos porque no tienen papeles”. Sandra Milena es una de las miles de indocumentadas que viven en Maracaibo. Su nombre verdadero -y el de todos los que aparecen en esta historia- está resguardado en una libreta, pues tienen temor a recibir represalias. También porque tiene miedo de ser despojada de “sus cosas”, que compró “con esfuerzo y sacrificio”, y deportada a su país de origen, donde no tiene nada, porque desde hace una década vive como una venezolana más, según lo reseña laverdad.com

Por Leopoldo Márquez

La trabajadora doméstica, de tez morena y 46 años, piensa lo mismo que “Jhon”, dueño de una piñatería en el centro. Y “Luis”, que a media mañana vende jugo a las afueras del Centro Comercial Galerías, opina igual que “Murillo”, que acomoda antes del almuerzo los duraznos de su frutería, cerca del mercado de Santa Rosalía. Todos tienen algo que les une por encima su inocultable acento cafetero: son indocumentados y, por consiguiente, temen que esta nueva “arremetida” del Gobierno nacional contra los colombianos, que comenzó la semana pasada con el cierre de la frontera tachirense, los lleve de vuelta a su país, a la fuerza, “como delincuentes”, sin sus cosas, sin sus vidas, sin sus hijos venezolanos.

La petición que hizo el gobernador Francisco Arias Cárdenas al Gobierno nacional para que declarara el estado de excepción en la frontera zuliana no pasó desapercibida en la comunidad neogranadina que vive en Maracaibo. En el centro de la ciudad, donde predominan los comercios de estos inmigrantes, muchos de los tarantines estaban vacíos. “Están escondidos”, confesó un vendedor de juguetes. “Muchos no vinieron a trabajar. Prefirieron perder el día de trabajo y quedarse seguros en sus casas. Los que están aquí, están asustados. No pueden ver a un Guardia Nacional pasar por el frente, porque han visto las fotos de los colombianos que fueron deportados en Táchira”.

“¿Y qué hicimos nosotros?”

“Es muy triste. Lo digo con honestidad. Este país me ha dado todas las oportunidades y estaré siempre agradecido, pero lo que tengo es gracias a mi trabajo. Tengo ocho años en Venezuela y me duele ver como sacan a los colombianos como unos perros, como si todos fueran paramilitares. ¿Ustedes creen que un paramilitar se va a regresar a su país cargando en su espalda una nevera o un tanque de agua como se vio en Táchira?”, cuestiona “Jhon”, antioqueño de cuarenta y pico de años y peinado de vallenatero, uno de los pocos colombianos que estaba ayer en el centro, trabajando en su piñatería -donde tiene 15 empleados venezolanos-, con evidentes signos de preocupación, porque lo que está en juego es su negocio, su bienestar y el de su familia.

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