Juan José Moreno A:  ¿Quién “descarrila” las relaciones?

thumbnailjuanjosemorenoMuy ingenuo el presidente Juan Manuel Santos expresó su confianza en que, después de la ruptura de las relaciones colombo-venezolana impuesta en su oportunidad por su par Hugo Chávez, había que tener cuidado de que “nadie nos descarrile” en el deseo, que suponía plenamente compartido por los gobiernos de ambas naciones, de mantener los tradicionales lazos de hermandad entre los dos pueblos. Pero que pelao estaba –como decimos en este lado de la frontera- el jefe del Estado neogranadino, cuando compartía la euforia de los diversos sectores de allá y aquí  conscientes de la importancia de tratarnos como dos buenos vecinos.

Pero, si en algo le sirve de consuelo a gobierno y pueblo colombiano, le podemos decir que el “descarrilamiento” no fue solo con ellos, sino también con la propia legión de chavistas que seguían ciegamente al “providencial líder” y quienes creyeron el cuento del “país potencia” prometido. Para el resto de la población, que hoy constituye una determinante mayoría, el accidente que hoy sufrimos todos los venezolanos comenzó desde el propio momento cuando el “comandante eterno” irrumpió en la política del país con sus tanques de guerra y metralletas, una fatídica madrugada que cobró decenas de muertes de inocentes.

Y, siguiendo con el descarrilamiento, deben entender los colombianos y los ciudadanos de todos los países del mundo, que Venezuela salió de la vía del progreso desde hace más de 16 años desde la instauración del régimen que hoy padecemos, con su intento de imponer una ideología única; un retroceso en el sistema educativo y de formación de profesionales, en materia tecnológica, en la asistencia a la salud y seguridad pública, en la producción de bienes y servicios y, en general, de todo lo que hoy nos coloca en posición de contravía en relación con los avances que hoy experimenta la mayoría de países del mundo, incluso de los países que se suponen amigos, cuyos gobiernos incluido el de Santos, nos han dejado solos pese a al clamor que trasciende de nuestras fronteras. Por eso, de nación catalogada en desarrollo, nos encontramos hoy la situación de país en vía de subdesarrollo.

También podemos decirle a Su Merced, que los venezolanos repudiamos la brutal arremetida de la fuerza pública contra los hermanos colombianos que experimentaron en carne propia otra de las calamidades que sufre nuestro pueblo, a causa de la violación sistemática y ampliamente denunciada a nivel mundial de los derechos humanos; aun cuando podamos admitir la necesidad de que sean establecidos efectivos controles en esa región donde se desarrollaron los lamentables acontecimientos, así  como en todos los puntos fronterizos del país, para garantizar el ordenamiento legal que debe regir en esos lugares de sumo interés estratégico nacional.

Debe entender igualmente el presidente Santos, como lo han entendido algunos ciudadanos de su país y lo entendemos perfectamente los venezolanos que hemos captado la seña, que todo el show montado en la frontera a costa de sus conciudadanos humillados y deportados. Es que han sido ellos convertidos en los “conejillos de Indias” del experimento relacionado con la intención del régimen de crear escenarios de confrontación que les permitan justificar su Decreto  de Estado de Excepción salvador de la derrota anunciada para el 6 de diciembre.

Aun más allá, con la experiencia que tenemos los venezolanos sobre la estrategia del régimen, en su afán de aferrarse al poder, utilizando las más inverosímiles y sucias maneras de alcanzar su objetivo, visualizamos en el procedimiento que hoy emplea el presidente Nicolás Maduro, las tácticas de Leopoldo Galtieri, en su momento como dictador de Argentina; y la del actual aspirante a la silla presidencial de Estados Unidos, Donald Trump. La primera de obtener el apoyo del pueblo en torno a una causa que se sabía de antemano perdida por medio de la guerra, como fue la de Las Malvinas; y en la segunda, la intención de despertar y capitalizar los sentimientos xenófobos de ciertos sectores de la población a favor de un pretendido líder de una supuesta revolución que ya vemos venir a pique.

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